sábado 12 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Nosotros mismos nos dejamos atrapar por lo ‘malo’

Las ideas negativas, esa fea costumbre de quejarnos por todo y en general las frustraciones se la pasan saboteando lo mejor de nosotros mismos. Si no les ponemos freno a esos ‘fantasmas’, jamás podremos avanzar en la vida.
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Solemos fijarnos en lo ‘malo’ que nos pasa y se nos olvida lo bueno que siempre nos acompaña.

¿Por qué nos ocurre eso?

Porque creemos ingenuamente que para ser felices debemos tener una ‘vida perfecta’, lo cual es imposible. Esto tiende a ilusionarnos y nos quedamos pensando en lo que no tenemos y, peor aún, dejamos de disfrutar lo que sí está a nuestro alcance.

¡Ni modo! La vida no siempre coincide con lo que esperamos de ella.

En lugar de estar quejándonos por lo que no nos salió bien, busquemos otras perspectivas; al menos una distinta a la de lamentarnos.

¡Por favor no vivamos quejándonos porque sí o porque no! Les propongo mejor llevar una vida más llevadera con el arte del agradecimiento. Si nos centramos más en darle gracias a Dios por lo que hoy poseemos, no nos aburriremos.

Para ello será preciso conectarnos con nosotros mismos. Hay que ratificar, desde lo más profundo del alma, las bendiciones que Dios nos da con cada amanecer.

Más allá de buscar una vida religiosa o no, hay que recuperar la fe. Lo digo, no porque haya que ir a culto alguno sino porque las respuestas están en nuestro corazón.

Si dedicamos un poco de tiempo a escudriñar nuestra interioridad podremos desentrañar toda esa ‘madeja de conflictos y de problemas’ que, a veces, nos inventamos.

Si no soltamos los nudos que tenemos con nuestra alma y si siempre ‘le sacamos el quite’ a un diálogo sincero y honesto con la realidad, difícilmente encontraremos las respuestas que necesitamos.

Lastimosamente nadie más puede hacerlo por nosotros. La clave para sentirnos satisfechos consiste en evaluar, con total responsabilidad, cada situación que vivamos.

Ojo: Lo peor que podemos hacer es posponer decisiones. Dejémonos guiar por lo que indique la intuición y mantengamos la mayor serenidad al actuar.

Necesitamos, hoy más que nunca, lograr la paz interior y la tranquilidad en cualquier circunstancia.

Por eso, este tiempo de pandemia debe ser un período en el cual no podemos pretender pelear ni discutir con nadie; y más bien debemos intentar comprender el momento actual.

También es una etapa muy propicia para dedicarnos un poco más de tiempo e interés al desarrollo personal, logrando por esta vía fundamentos más sólidos para la resolución de todas las limitaciones y conflictos por los que hoy atravesamos.

Es el momento para compartir más tiempo y vivencias con los miembros de nuestra familia e inclusive para diseñar estrategias válidas para enfrentar los grandes retos, abandonando los viejos vicios de la quejadera, la dependencia y la mediocridad.

Somos muy valiosos, no solo para nuestra familia sino también para la comunidad en la que habitamos.

Si incursionamos con seriedad en los caminos del desarrollo espiritual, comprobaremos que somos partes muy importantes en los planes de la Divinidad y que existen en nosotros todas las fuerzas y las energías necesarias para triunfar.

También regalémosle a Dios al menos un minuto de oración cada día.

Tomemos de nuevo las riendas de nuestra vida con optimismo. Por esta vía, los sinsabores desaparecerán y llegarán días de gloria y prosperidad. ¡Pasémosla bien!

REFLEXIONES CORTAS

* Dios nos está enseñando que las mejores cosas vienen en el tiempo de Él, no en el nuestro. ¡Paciencia!

* Pasamos mucho tiempo ganándonos la vida trabajando, pero no el suficiente tiempo viviéndola.

* La humildad consiste en callar nuestras virtudes y, sobre todo, permitirles a los demás descubrirlas.

* Parece una frase egoísta, pero no lo es. Recuerde que el amor más importante es el amor a uno mismo.

* Todos hemos recibido dones y talentos grandiosos de Dios, pero hay quienes nunca han abierto sus regalos.

* En cada flor hay algo que admirar y en cada problema, por muy duro que él sea, hay una gran lección.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Por culpa de mi destino, que es cruel e injusto, estoy a la deriva. Lo peor es que siento que no podré escaparme de él. La pandemia cambió mi estilo de vida, trastocó todo y me llenó de más problemas. Es como si mi mundo se me estuviera acabando; además, mi ánimo se fue al piso. ¿Por qué estaré marcado con designios que me traen males? Por favor, respóndame”.

Respuesta: No vuelva a culpar al destino de los contratiempos, esos que usted denomina como ‘males’. Ellos son precisamente oportunidades que la vida quiere darle para que aprenda otros saberes y obtenga valiosas experiencias.

¿Qué saca con pensar que sobre usted pesa un ‘destino cruel e injusto’, del cual supuestamente no podrá escaparse?

Si bien el Coronavirus fue inesperado y dicho virus ha causado gran devastación, no puede atribuirle solo a él sus dificultades, ni tampoco pretenda quedarse ‘cargando con esa cruz’ por el resto de su vida.

Probablemente la pandemia sí cambió por completo su estilo de vida, pero no por eso tiene que pensar que el mundo se le acabó.

La situación por la que pasa es, de manera precisa, un momento particularmente importante para que se reconstruya como persona y analice qué ha hecho hasta ahora con su vida y cuáles son las mejores opciones que tiene para seguir.

Es un tiempo privilegiado que no puede dejar pasar. Junto con la desgracia, viene una oportunidad; y después de cada crisis llegan mejores posibilidades para sobresalir.

Recuerde que dispone de un libre albedrío que le permite escoger lo que más le conviene y lograr lo que más desea.

No solo usted, sino todos nosotros estamos condicionados por nuestras propias elecciones. Son sus pensamientos y sus acciones las que le permitirán inclinarse por una determinada senda u otra. Reconozca sus errores, confíe en usted mismo y asuma los retos de hoy.

William Shakespeare decía: “El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que las jugamos”.

¡Nada más cierto que ese pensamiento!

Si reflexiona bien, se dará cuenta de que está en plena libertad para tomar decisiones y lograr todo lo que quiere, dejando atrás sus supuestos ‘designios’ grises. Los resultados positivos estarán de su lado si aprende a distinguir los sueños de las realidades.

Haga un análisis objetivo de sus proyectos actuales y decida luchar ‘a brazo partido’ para lograr aquello que anhela. Si aprovecha las energías y recupera su fe, no solo logrará lo que se proponga sino que descubrirá que valió la pena pensar detenidamente y trabajar.

La vida premia la fe y siempre la generosidad de la Divina Providencia lo abrigará.

Descubra que cada mañana es grande, nutra su deseo de vivir, disfrute de las múltiples cosas que le regala la existencia y deje de asumir el rol de la víctima.

Hágame caso y verá que no estoy equivocado con mi consejo.

¿Qué le va a ocurrir después? La verdad, no lo sé. Pero estoy seguro de que la culpa de lo que venga no será ni de la pandemia ni del destino.

Obvio que una reflexión profunda sobre su vida lo tiene que hacer cambiar para bien y lo hará plantearse la decisión de mirar hacia el frente con dignidad.

En conclusión: tome con entereza y decisión el timón de su vida; sea más responsable y asuma lo que deba enfrentar de ahora en adelante.

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