domingo 26 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

Nuestra mente no puede ser una ‘cesta de basura’

Sin sospecharlo, acumulamos en nuestra mente mucha ‘basura’. Hoy les propongo separar todo aquello que nos produzca malestar, incomodidad o ansiedad con solo pensarlo. La idea es vaciar la cabeza de tanta ‘mugre’.
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¿Por qué será que vamos por ahí recogiendo tantos ‘desechos tóxicos’ que enrarecen la mente y debilitan el estado de ánimo?

Hablo de manera específica de ese muladar de chismes, amargos recuerdos, rabias, rencores y superficialidades que nos contagian y que terminan anidándose en nuestras cabezas.

Lo peor es que, casi sin notarlo, vamos convirtiendo nuestra mente en una ‘cesta de la basura’ en donde caen y se recopilan cosas inoficiosas.

Casi siempre esa ‘basura’ se enreda más con las concepciones erróneas que tenemos sobre nosotros mismos y sobre lo que nos pasa.

Lo más grave es que todo eso va creciendo con la ‘suciedad’ que nos lanzan otras personas, algunas de las cuales se creen con el derecho de embadurnarnos de todas sus toxicidades.

Ese compañero de trabajo estresado, esa novia o ese novio intenso, ese amigo malhumorado, ese jefe prepotente o incluso esos ‘profes’ amargados terminan arruinándonos el día.

Mucho cuidado porque esas malas vibras represadas, además de los malos pensamientos y de las creencias limitantes, no solo nos estancan sino que además nos afectan la salud mental de una forma insospechada.

Nuestra mente no puede ser una ‘cesta de basura’

¿Qué hacer?

¡Pues no recoger esas basuras o al menos no permitirles que entren a nuestras cabezas! Es cuestión de llevar la vida de una manera más tranquila sacándoles el quite a las malas energías.

Las cosas que no nos sirven se dejan a un lado, se botan o simplemente se entierran. La indiferencia es la mejor arma.

Yo sé que la tarea propuesta no es tan fácil, sobre todo en ese mundo estresado en el que vivimos inmersos. Sin embargo, debemos tener presente que un alma fuerte logra maravillas en un cuerpo débil, un pensamiento agradable destruye un momento triste y una sonrisa oportuna es un remedio preciso para una situación difícil.

Sintamos el palpitar la vida en lo que veamos y aprovechemos lo que realmente sirva; lo otro, lo que nos contamina, dejémoslo pasar.

Hagamos el ejercicio y veremos los resultados. Empecemos por acercar la cesta de la oficina y sigamos este lema: basura que pretenda entrar a nuestra vida, basura que se va para la caneca.

Dicho de una manera más directa: desechemos lo que es inútil y, por ende, no llenemos nuestra mente de necedades.

Nuestra mente no puede ser una ‘cesta de basura’

Somos los gestores de lo que nos pasa y, por supuesto, nos podemos dar el lujo de botar lo que no sea indispensable en el momento que así lo consideremos.

La clave está en no dejarnos llevar por las actitudes feas de los demás y, mejor aún, tratar de no contaminarnos de cualquier cosa que afecte nuestra tranquilidad.

Dicen que una de las características de las personas que tienen dominio de sí mismas radica en que no se dejan amilanar por los malos ratos que pasan.

Es cierto que en la vida tenemos días terribles y que en más de una ocasión la frustración llega porque no sabemos a quién acudir y nos invade una sensación de amargura. Pese a ello, no acumulemos tanta ‘mugre’. Nos corresponde hacer un buen ejercicio de limpieza mental.

BREVES REFLEXIONES

Nuestra mente no puede ser una ‘cesta de basura’

* Dios siempre lo auxilia, pero usted tiene que dejarse ayudar. Siempre que lo invoque con fe, el Señor lo fortalecerá, de manera especial, cuando esté cansado o cuando se sienta muy débil. Pero para recibir su bendición, debe pedirle su mano.

* Nuestra vida no siempre es un camino de rosas; en ella aparecen de vez en cuando tormentas. Pese a ello, debemos ver cada circunstancia con una mirada esperanzadora para soportar y sortear los fuertes temporales.

* ¡Siga adelante, siempre y cuando sus acciones no le hagan daño a nadie! Mientras el camino que transite sea el adecuado y mientras sea feliz recorriéndolo, debe insistir en sus metas. ¡Levante la mirada y avance lo que más pueda!

* Irradiamos lo que llevamos en el corazón. Nuestros comportamientos, nuestros pensamientos, nuestras palabras, los criterios que tenemos y nuestras formas de vivir son los que demuestran de qué pasta estamos hechos.

* Muchas veces tenemos la realidad, sea buena o mala, justo delante de nuestros ojos, pero no sabemos verla. Una mente abierta y dispuesta a aceptar lo que venga, más allá de lo dura que sea, nos ayuda a percibir el mundo tal y como él es.

* Es normal que nos falte motivación de vez en cuando; solo hay que saber cómo retomamos el camino cuando nos perdemos. Cuando a mí me sucede algo que me baja de nota recurro a la oración y así mi corazón empieza a ver todo ‘color esperanza’.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las angustias asaltan con relativa frecuencia a nuestro estado de ánimo y nos despiertan muchas inquietudes. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos la posibilidad de razonar y aplicar sanas estrategias para curar el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto. Cuéntele su caso a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá su inquietud. Veamos el caso de hoy:

Nuestra mente no puede ser una ‘cesta de basura’

Testimonio: “Vivo achantado por un error que cometí hace dos años. Fue algo tonto y por mi culpa fracasé en un proyecto que había diseñado con esmero. Vivo con ese recuerdo y no logro sobreponerme de esa frustración en la que se encuentra mi mente. ¿Qué puedo hacer? ¡Ayúdeme, por favor!”

Respuesta: Nadie está exento de cometer un error. Usted se equivocó, debe asumirlo y obvio tiene que enmendar la falta.

No permita que la huella sicológica y emocional que le ha dejado ese traspié lo haga vivir ‘achantado’, como usted mismo lo referencia en su carta.

Le recalco que no puede quedarse anclado en el pasado por ese yerro, ni mucho menos debe pasarse el resto de su vida recriminándose. La corresponde, sí o sí, aprender a pasar la página y entender que esa falta le dejó una valiosa lección.

Más allá de que ese desacierto lo llevó al fracaso, deje de refundirse en la culpa. Ya han pasado dos años de eso y considero que es tiempo de superar lo vivido para darse una segunda, una tercera y cuantas oportunidades requiera.

El no perdonarse es un desatino mayor que el propio error, porque le quita la posibilidad de redención. Si se sabe perdonar, si ve lo sucedido como un aprendizaje y si se enfoca en el futuro, podrá salir victorioso en todo aquello que se proponga. Hay que mirar hacia el frente con optimismo y, en ese orden de ideas, será clave una buena actitud.

También está en mora de diseñar otro plan de acción. Es el momento de planificar la nueva situación hasta llegar al objetivo que desee alcanzar. Esto le hará tener una visión más clara de lo que ha de realizar y le servirá de motivación a medida que vaya avanzando en el camino.

¡Pídale a Dios fortaleza y que lo acompañe en este proceso!

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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