martes 23 de febrero de 2021 - 12:00 AM

¡Nuestras propias ataduras!

¿Cuáles son las cadenas que nos atan? Debemos liberarnos de todo aquello que nos inmoviliza. Hay que crecer, madurar y trascender en nuestra vida.
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El miedo a fracasar, la incertidumbre que nos produce cambiar, los apegos, la pereza, la poca decisión y la fea costumbre de siempre querer hacer lo mismo nos van atando de manos.

A veces somos prisioneros de ambiciones profundas o de angustias prolongadas. Conozco a muchos que están atrapados en sus grises oficinas; sé de gente que es capaz de ceder a sus principios con tal de conseguir más dinero; y hay otros que caen a los abismos de sus adicciones, a pesar de que ellas resquebrajan la salud.

A pesar de que estas cadenas se podrían desatar con fuerza de voluntad, de alguna forma permitimos que nuestra vida se convierta en un singular ‘nudo ciego’.

Nos acostumbramos tanto a vivir así, que desaprovechamos las ‘mil y una oportunidades’ que se nos presentan para soltarnos.

Por alguna razón optamos por no correr riesgos e inexplicablemente decidimos vivir bostezando o limitándonos a sobrellevar una cotidianidad cada vez más rutinaria, que se engancha a nuestro estado de ánimo y en general al entorno.

Lo más absurdo es que, a pesar de que nos la pasamos con las manos atadas, nos creemos el cuento de que somos ‘libres’.

Es por eso que seguimos afrontando relaciones tóxicas, trabajos insoportables, proyectos fallidos, malos hábitos y personas que no nos permiten salir adelante.

Claro está que las peores ataduras son las del alma, las cuales se van formando por no aprender a controlar nuestras emociones y por vivir de apariencias y en un mundo bastante ajeno a nuestra realidad.

A pesar de que nos preguntamos qué está pasando con nosotros, preferimos seguir en absurdos estados de resignación.

Estas ataduras son las causantes de que nuestra vida no se transforme de una forma halagüeña y que nos llenemos de dudas.

Si insistimos en seguir alimentando los engaños, si usamos a las personas para mezquinos beneficios y si insistimos en llenarnos de orgullos y soberbias, seguiremos presos de muchas taras.

Ojo: entre más fastidiados nos encontremos con nuestra vida o más incomodidad experimentes con alguna situación, más nos costará salir de ella.

¡Debemos desatar todas las cadenas y ver la vida con ojos alentadores!

Reaccionemos si sentimos que algo nos frena o si evidenciamos que ciertas cosas definitivamente ya no funcionan en nuestra vida.

Cuestionémonos sobre cuáles circunstancias son las que nos inmovilizan y emprendamos el vuelo.

Es hora de desapegarnos, de derrotar al miedo y de evitar que la inseguridad siga bloqueándonos.

También hay que ganarle el pulso al negativismo, que suele ser una de las principales ataduras de nuestro tiempo actual. Si no buscamos una lectura optimista de las cosas, el abatimiento nos acompañará todos los días.

No podemos seguir viviendo de acuerdo con las expectativas de los demás, ni aferrándonos a etiquetas; ni mucho menos viviendo del pasado.

Es preciso ponerles freno a los pretextos y a las excusas. Hay que hacer lo que nos corresponda para ser felices.

Solo las almas sin cadenas pueden respirar aires limpios. Y hablo de esa libertad interior para poder hacer lo que realmente anhelamos ser.

Y si creamos nuestra propia realidad a partir de nuestros pensamientos, es hora de ser más propositivos y de apostarle a una vida esperanzadora.

Debemos arriesgarnos a cambiar, a experimentar distintas realidades y, sobre todo, hay que volar.

Ese paso no es tan sencillo porque nos acostumbramos y nos acomodamos a lo que ya conocemos; pero es preciso sacudirnos y entender que somos libres para actuar y tomar nuestras propias decisiones.

REFLEXIONES CORTAS

* No deje de orar a causa de la tormenta. Recuerde que la borrasca amainará y Dios escuchará su plegaria.

* La vida misma es su gran maestra. Todos los días usted está en un proceso de constante aprendizaje.

* Su destino no es un asunto del azar, usted mismo lo camina con cada decisión y con cada actitud que asume.

* Jamás posponga su felicidad para otro día; ser feliz es un asunto prioritario y debe serlo siempre.

* Le corresponde dejar huella en cada paso que dé. Así las cosas, procure caminar con sus zapatos favoritos.

* El tiempo que se disfruta es el más valioso de todos. No malgaste sus horas viviendo apesadumbrado.

EL CASO DE HOY

Cuéntenos qué es lo que aflige su estado de ánimo en la actualidad. La idea no es solo que se desahogue, sino que pueda compartir con nosotros unas sanas estrategias para recomponer su espíritu y de paso alentar a otras personas que estén pasando por su misma situación. El objetivo es claro: que pueda mitigar los efectos de esas solitarias angustias por las que pasa. Envíe su testimonio al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna Euclides Kilô Ardila le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Aunque tengo 25 años, no sé qué hacer con mi vida. Vivo muy desganado y sin saber qué rumbo tomar. ¡Estoy a la deriva! Nunca me había sentido así, pero en el último año me ha invadido la tristeza, el desasosiego, el sentimiento de inutilidad y la frustración. Se podría decir que mi vida hoy no es plena. No sé si haya sido por la pandemia, pero en cierta medida las cosas han comenzado a carecer de sentido a mi alrededor. A veces creo que debo darlo todo por perdido. No comprendo el por qué de esa sensación. ¿Qué puedo hacer? Espero su consejo. Se lo agradecería de todo corazón”.

Respuesta: A muchos les ocurre lo que le sucede hoy. En ciertas etapas de la vida, todas las personas se encuentran cara a cara y comienzan a sentir ese desasosiego del que habla.

Es relativamente ‘normal’ que con la pandemia mantenga constantemente metida esa idea de caos. Comprendo que el atípico año que ha vivido puede haber incidido mucho en lo que le pasa, pero es preciso que indague un poco más allá para no quedarse solo en lo duro que ha sido la actual época de zozobra.

Se lo digo porque la pandemia podría ser solo la gota que hizo que el vaso se llenara, tras una seguidilla de angustias existenciales que le pueden haber desencadenado ese desgano que siente.

Es evidente que lo que está viviendo lo conmina a replantearse muchas cosas sobre usted mismo y en general sobre su vida, sus expectativas y su estabilidad emocional. De hecho, no descartaría una consulta médica.

No creo que tenga sentido darlo todo por perdido a los 25 años y, en ese sentido, debe salir de ese agujero en el que se encuentra, tratando de conocerse a usted mismo.

Es importante tratar de detectar de dónde surgió esa sensación de vacío, por qué ha aparecido de repente esa incertidumbre y por qué usted viene nutriendo pensamientos tan pesimistas. ¡Urgen esas respuestas!

Le puedo plantear cosas tan básicas como romper con sus rutinas, iniciar actividades nuevas, cambiar de entorno y de gente y plantearse intereses diferentes. Sin embargo, ninguna de esas estrategias le serán de ayuda si no consigue primero cambiar su forma de pensar y visualizar su futuro.

Por favor, no se quede atrapado en esta situación y, por el contrario, sacúdase y reconéctese. Recuerde que la vida es cuestión de actitud y si su forma de entender lo que le pasa juega a su favor es probable que supere pronto esta etapa en la que se encuentra.

Siendo tan joven, le sugiero tomar otra actitud e intentar vivir al máximo. Espero que me haga caso y le envío buena vibra. ¡Dios lo bendiga!

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