martes 13 de octubre de 2020 - 12:00 AM

Nuestros ángeles custodios

Esta página está dedicada a esos seres, ‘de carne y hueso’, que son unos auténticos ángeles en nuestra vida.
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Una de las oraciones más bellas que aprendimos desde niños es la del ángel de mi guarda, aquel que no nos desampara ni de noche ni de día. Él es ese amigo incondicional que Dios nos envía para que, desde la sombra, nos proteja.

Dicen que ese ángel es un espíritu sencillo que nos custodia y nos libra de cualquier peligro. Yo creo en él y siempre repito la célebre plegaria que lo invoca.

Sin embargo, usted, yo y todos en general también hemos tenido otros ángeles de la guarda a lo largo de nuestra vida. Porque los vigías que Dios nos manda para acompañarnos no siempre son celestiales. Hay ángeles ‘de carne y hueso’ que nos dan su abrigo cuando estamos afrontando alguna situación estresante o atravesando por un mal momento.

Aunque solemos ser desagradecidos con esos ángeles, yo sé que todos hemos contado con personas que nos han ayudado a afrontar épocas complicadas, como por ejemplo la que vivimos en la actualidad con esto de la pandemia.

Cuando las personas a las que nosotros les importamos saben por lo que estamos pasando, nos ofrecen su solidaridad y con ella nos hacen sentir aliviados y al mismo tiempo comprendidos.

Ellos siempre conquistan nuestros corazones. Los ángeles, a decir verdad, son todas aquellas personas que, sin otro interés distinto al de darnos una voz de aliento, nos protegen cuando nos sentimos indefensos.

En ese orden de ideas, nuestros padres son ángeles, nuestros hermanos también lo son, al igual que nuestros hijos y aquellas parejas o amigos cercanos que están dispuestos a socorrernos.

También están los llamados benefactores. En nuestra ciudad, por ejemplo, hay docenas de institutos que sin ánimo de lucro trabajan para cubrir necesidades básicas, como la alimentación y el albergue de los menores, de los jóvenes y de los ancianos pobres.

Estos hogares solidarios son ‘timoneados’ por bonitos seres humanos que marcan la diferencia ya que brindan cariño, educación, valores y una visión renovada de la vida.

De igual forma los niños, no importa la edad que tengan, son preciosos ángeles. Son esos pedacitos de seres que nos reconcilian con la existencia y nos permiten ver el horizonte con fe y esperanza.

Los aportes que nos brindan los ángeles no siempre se traducen en cosas materiales. Lo digo porque hay diversas formas de dar y recibir ayuda. A veces solo necesitamos unas palabras de consuelo; en otras ocasiones solo requerimos de alguien que nos oriente o nos dé una nueva perspectiva sobre las cosas.

Si llegó a esta parte del texto, le sugiero que recuerde algún favor recibido por este tipo de ángeles. Probablemente recordará los episodios y el alivio que sintió cuando ese ser apareció en el momento preciso dentro de su cotidianidad. Tal vez sea ese amigo incondicional que lo acompañó o sobrellevó a su lado alguna época triste. Ore por él y dele gracias a Dios por ponerlo en su camino.

Finalmente quiero recomendarle que sea un ángel de la guarda para los demás. Si está en sus manos ser alivio para alguien, ofrezca ese abrigo.

También será fundamental que, sin ser egoísta, usted mismo sea su propio ángel guardián: cuídese, preocúpese por su salud mental y física, cultive su espiritualidad y recuerde que vino a este mundo a ser feliz, no a sufrir. ¡Dios lo bendiga!

REFLEXIONES CORTAS

* Cinco verdades: 1. El poder está en el amor y no en el miedo. 2. El cambio se honra y no se resiste. 3. La transformación viene de adentro y no de afuera. 4. Si la meta está clara, se avanza con firmeza. 5. Si es para usted, le guardan.

* No se vaya al piso por nada, menos por preocupaciones superficiales. ¡Usted vino a este mundo a volar alto!

* El tiempo me enseñó a no discutir y a escuchar sin alteraciones. Ahora solo me acerco a la gente con buena energía. Además, si alguien se quiere ir de mi vida, no lo detengo; y si una persona me falla, soy yo quien me le alejo.

* Si usted deja para después un gusto, un amor o una buena taza de café, aún no ha entendido lo efímera que es la vida. Yo le pregunto: ¿Por qué esperar a disfrutar para cuando esté viejo? Si piensa que debe viajar, hágalo ya; si ama a alguien y sueña con decírselo, decláresele; si quiere lo mejor para su hijo, déselo; si sueña con algún anhelo, hágalo realidad; si siente que hoy puede hacer eso que tanto desea, no espere más. ¿Acaso cree que usted tiene la vida comprada? Mejor dicho, ¿Qué hay para hoy?

¡CUÉNTEME SU CASO!

¿Cuáles son esos temores que le asfixian el alma o alteran su tranquilidad? Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Soy una mujer joven y junto a mi esposo decidimos independizarnos, por ello creamos nuestra propia empresa. Todo estaba saliendo ‘a pedir de boca’, pero la pandemia nos abofeteó dejando nuestras finanzas en la agonía. Hemos sido constantes y optimistas, pero con el pasar del tiempo la situación se ha puesto más pesada; tanto, que a veces solo siento ganas de llorar. Es decepcionante ver que, a pesar del esfuerzo, no se ven los resultados. ¿Acaso el soñar y el querer hacer lo que nos hace feliz no es el camino correcto? ¿Será que hay que trabajar como empleado para ser uno más de aquellos que viven de esa manera, porque así tocó y es lo más ‘seguro’? Estoy en busca de un sano consejo”.

Respuesta: Siempre he creído que un ‘fracaso’ es solo una nueva oportunidad para recomenzar de una forma diferente o más estratégica. ¡No tiene porqué estar tan achantada! Eso sí, comprendo la frustración por la que está pasando e incluso me solidarizo con usted cuando dice que ‘tiene ganas de llorar’.

Sin embargo, le ruego el favor de no quedarse en el plan de la lamentación, pues esa no es la solución ni tampoco es el talante de una empresaria como la que usted quiere ser.

Debe tener presente que esta no ha sido una temporada fácil para nadie. De hecho, casi todos los que se lanzan al mundo del emprendimiento tienen claro que ningún negocio, por muy bien soñado que esté, es inmune a una dura temporada, sobre todo tras una crisis como la que generó el coronavirus.

La emergencia nos está obligando a tener que pensar en todo tipo de situaciones, así sean las más extremas; y a planificar las operaciones con mucho sigilo.

Podría sugerirle de entrada que no se asuste tanto porque, de todas formas, usted ha avanzado en el proyecto de independizarse. Le garantizo que dar ese paso ha sido muy positivo y la sola actitud de querer crecer le ayudará a salir adelante. Las lecciones serán tan grandes, que usted y su marido saldrán fortalecidos.

Reflexione con él sobre las claves para levantar el negocio y sobre cuáles posibilidades hay de ‘mantenerse a flote’. Y dadas las circunstancias, no está de más tener presente la gran máxima de los abuelos, que rezaba así: “Negocio que no da plata, no sirve”, entendiendo esta frase como una advertencia de que si definitivamente las cosas no funcionan, no tienen por qué seguir luchando contra la corriente ni deben perder más dinero en este asunto. ¡Si algo no suma, que al menos no reste!

En situaciones inesperadas es importante ser creativos y poner los ojos donde se abra una oportunidad. Por más fuerte que sea la tormenta, algún día escampará. Y, en este caso, los que estén atentos son los que van a poder salir adelante.

Para atravesar los momentos difíciles y salir más fuertes, usted y su esposo han de estar dispuestos a pensar diferente y a mirar hacia el frente. Las decisiones tomadas, si son coherentes con la realidad, darán frutos que perdurarán en el tiempo.

No desistan de la idea de ser independientes porque, por lo que leo en su carta, eso es lo que ustedes quieren hacer con sus vidas. No pierdan la fe y pídanle a Dios sabiduría para actuar.

No me pregunte por qué sé lo digo, pero mi intuición me dice que ‘más temprano que tarde’ usted me volverá a escribir y me dirá que triunfó. Cuando eso pase, habrá entendido que está haciendo lo correcto. Le envío mis mejores deseos. ¡Muchos éxitos!

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