jueves 12 de septiembre de 2019 - 12:00 AM

¿Para qué llorar sobre la leche derramada?

Asuma las consecuencias de sus errores en lugar de quedarse sumergido en el ‘mar de los remordimientos’. Si corrige recuperará su matiz y renovará sus esperanzas.

Uno de los dichos más sabios que utilizaban nuestros abuelos cuando ocurría algún accidente casero irreversible, era el de “no llorar sobre la leche derramada”.

Después de recordar ese viejo refrán paso a preguntarle: ¿Se arrepiente de algo?

Tal vez si recapacita sobre este cuestionamiento se sorprenderá de las respuestas que usted mismo se daría: De pronto volvería a hacer lo mismo, a lo mejor diría que redireccionaría los pasos dados o incluso se remordería la conciencia por lo que hizo o por lo que dejó de hacer.

Sea como sea, creo que de nada sirve quedarse evaluando o flagelándose por circunstancias y situaciones pasadas, entre otras cosas, porque todo eso se quedó en el ayer.

Si el libreto de nuestra vida de ayer pudiera corregirse transportándonos a la época en la que ocurrieron los acontecimientos, nuestro entorno sería muy calcado, predecible y hasta aburrido.

Creo que usted, yo y en general todos tomamos decisiones en función de la información que tenemos en el momento preciso, no antes ni después.

Total: Si tomó ‘x’ o ‘y’ decisión, asuma las consecuencias de sus actos. Lo digo porque de nada vale que se recrimine ni mucho menos que viva amargado por el pasado.

Creo que el arrepentimiento, si bien le permite pedir perdón o reflexionar, no puede inundarlo de ese pesar por algo que ha hecho, dicho o dejado de hacer. ¿Qué saca con sentirse mal? ¡Nada! Vivir es decidir, y decidir es tomar unas alternativas y descartar otros.

¡Claro! Cuando algo sale mal lo más fácil es pensar en que si hubiese hecho esto o aquello todo sería distinto.

En lugar de llorar, busque la forma de remediar la situación: trate de no volver a cometer esa falta. Algunos ejemplos cotidianos: Si ha relegado a su familia, pase más tiempo con ella; si le faltó a su pareja, busque la fórmula de recuperar ese amor perdido; mejor dicho, vuelva a empezar.

Utilice su arrepentimiento para sacudirse y para actuar, no para quedarse amargado o lleno de remordimientos.

No se acostumbré a llorar por lo que pasó porque Dios tiene miles de bendiciones que le llegarán en cualquier momento, siempre y cuando pase la página.

Lo mejor que debe hacer es empezar a escribir su historia guiado por acciones concretas, buenas intenciones y, en la medida de lo posible, apuésteles a las cosas que realmente lo hagan crecer.

Ahora bien, para no equivocarse otra vez, ponga los pies sobre la tierra y siga viviendo su vida en paz. Y si es un hombre de fe, déjese guiar por una senda espiritual haciendo buenas obras y logrando un cambio verdadero de mente y actitud respecto al pasado. No se quede en el ayer y no llore sobre la leche derramada. Dios lo bendiga.

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

¿Para qué llorar sobre la leche derramada?

Testimonio:

“Soy un hombre de 37 años y creo que estoy perdiendo el rumbo de mi vida por alguna razón que desconozco. Me cuestiono por muchas cosas que antes hacía y que hoy me parecen absurdas; es decir, mi mundo está 'patas arriba'. Eso es como un ‘desentone del alma’. Le cuento que tengo todo y, a pesar de ello, detecto una especie de vacío inexplicable en mi entorno. No sé esto hasta dónde me llevará; pero lo que sí es claro es que me he dejado llevar por el abatimiento y la desazón. Me estoy desconectando de mi espacio social cada vez más y eso me preocupa. Debo reencontrarme y tener claro qué voy hacer durante el resto de mi vida, pero no sé cómo hacerlo. Quisiera leer uno de sus consejos. Mil gracias por su atención”.

Respuesta:

Eso de sentirse ‘extraviado’, tal y como le ocurre a usted, es una sensación más frecuente de lo que cualquiera podría imaginar. Yo, en más de una ocasión, he vivido ese tipo de episodios.

A través de este ‘buzón espiritual’ e incluso en muchos entornos que he conocido me encuentro con personas que, al menos en algún momento, han afrontado esa especie de ‘crisis existencial’.

Lo primero que le quiero decir es que sentirse así no es el fin del mundo. Incluso, si se lo propone puede aprender mucho de ello.

Muchos de los que han atravesado por los llamados ‘desentones del alma’, tal y como le está pasando a usted, lo han vivido luego de cuestionarse su situación actual. En realidad usted solo quiere reencaminarse y ser mejor.

Yo siento que usted mismo se está dando cuenta de que debe cambiar algo que le está quitando la chispa y su propia energía. Solo debe descubrir qué es eso que lo tiene aburrido.

Me dice que lo tiene todo y, sin embargo, siente ese latoso hueco en su interior. Le reitero que debe tomar medidas.

Y la primera de ellas consiste en no dejarse vencer por este sentimiento; por el contrario, tome las riendas de su destino y luche contra ese vacío que le angustia.

Establezca una comunicación directa con usted mismo para comprender cuáles situaciones ha vivido que lo tienen hoy en ese nivel desánimo.

Es fundamental comprender que las cosas que le hayan ocurrido, sobre todo las que usted tipifica como ‘malas’, solo actúan como agentes externos que le apuntan a desencantarlo.

Lo que le haya pasado le está haciendo perder contacto con usted mismo y ha caído en la trampa del desgano. Lo pasado ya pasó. ¡Nada de recriminaciones!

No puede seguir desconectándose de su entorno, ni mucho menos puede ver pasar su vida actual sin ningún interés.

Debe aprovechar este momento para enmendar, para redefinirse y sobre todo para actuar en pro de su bienestar y de su felicidad.

Empiece a realizar aquello que lo hace sentir a gusto; le hablo de aquello que le hace disfrutar y sentirse vivo. También experimente otras posibilidades. Le sugiero que ore y que le pida a Dios sabiduría para saber cómo actuar.

Su vida tiene un sentido, aunque en estos momentos no pueda verlo con claridad. El mundo está ahí esperando a que decida salir a devorárselo.

¡Hermano, solo tiene 37 años! ¿No le parece que está muy joven como para vivir aburrido y apagado? Espero que me haga caso y que decida disfrutar su vida.

REFLEXIONES CORTAS

Buena vibra: ¡Motívese! Esa es la actitud correcta con usted mismo y con los demás. ¡Con ella realizará cualquier proyecto!

‘Flecha’ de la felicidad: No importa lo que decida. Lo importante es que tome el camino que le haga feliz y que lo deje ser auténtico.

Trascienda: Haga algo que valga el esfuerzo y que le permita crecer; recuerde que el tiempo pasa y debe aprovecharlo.

Dueños de nada: Para vivir una vida desprendida, no debemos considerar nada ni a nadie como de nuestra propiedad.

Por algo se empieza: Las cosas grandes del mundo solo pueden realizarse prestándoles atención a los comienzos pequeños.

Lo que pensamos: Usted es el resultado de lo que piensa. Ojo con lo que ‘alimenta’ su mente; de ello dependerá su destino.

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