martes 12 de marzo de 2019 - 12:00 AM

Perdone y libérese

Perdonar no significa reconocer que quien nos ultrajó tiene razón; ese verbo enseña que hay otra manera de mirar el mundo o de interpretar las ofensas, sin que tengamos que ‘beber el veneno’ de la rabia.

Muchos de nosotros somos incapaces de perdonar. A veces nos acostamos llenos de rencores que, en lugar de aliviarnos, nos sumergen en un profundo pozo de ansiedades y de recriminaciones.

Cuando nos sentimos ofendidos por alguien, un deseo de venganza se apodera de nuestro ser y nos arruina algo más que el sueño.

El ‘no perdón’ es, de manera literal, un ladrón peligroso que, sin siquiera imaginarlo, logra anidarse en un rincón de nuestra alma y nos arrebata la poca tranquilidad que nos queda cuando alguien se burla de nosotros.

Y el asunto incluso es un tema de salud. Los médicos sostienen que la rabia que nos produce alguien que nos ultraja ataca al hígado; además, la piel se ve afectada por la ansiedad que sentimos; la vejiga se lesiona con el rencor; las amarguras y los resentimientos suelen influir en el reumatismo; y obviamente los nervios son lesionados por choques emocionales.

No podemos darle tanto poder al odio, entre otras cosas, porque ese es un sentimiento que afecta al cuerpo y a la mente; y también paraliza, desgasta y nos autodestruye.

Resumido en una sola frase el ‘no perdonar’ es la principal causa de la infelicidad. Y si es así, es claro que el perdón es el antídoto. ¿No lo cree?

Claro está que perdonar no es una práctica que se asume de un día para otro. La verdad, no nos resulta cómodo olvidar la ofensa ‘así no más’.

Sería fabuloso olvidar por completo tanto el agravio, como el sufrimiento que produjo; pero hasta cierto punto eso es imposible y, aquí entre nos, no siempre es recomendable.

La clave es que podamos recordar lo que nos hicieron, pero que no nos duela.

Aunque no lo crea, sí es posible lograr esto.

Perdonar es una decisión y al mismo tiempo es un bálsamo que nos sirve más a nosotros, que a los que nos agreden.

Ojo, no estoy diciendo que perdonar signifique que aprobemos o defendamos la conducta que ha causado nuestros sufrimiento, ni tampoco que no tomemos medidas para cambiar la situación o proteger nuestros derechos. El maltrato, la violencia, la agresión, la traición y la deshonestidad siempre serán comportamientos inaceptables.

Se trata de la decisión de ir a la esencia de la persona que nos trató mal, de llegar a su interior, más allá de sus vacíos, sus traumas, sus miedos, sus inseguridades y sus errores, con miras a entender que todo lo que ese ser nos haga no nos tiene por qué afectar; al menos no más de la cuenta.

Recuerdo que en uno de esos ataques de rabia que me dio por algo que alguien me hizo y que yo tildaba de ‘malo’, un amigo me regaló estas cinco palabras que aún recuerdo: “Tranquilo, mañana será otro día”.

¡Nada más cierto que esa frase!

Entendí que en lugar de dejarme caer en el abismo de las pasiones negativas, esas que traen las pócimas de la cólera, la desilusión, el dolor y la venganza, era mejor suministrarme una dosis de serenidad.

Hoy planteo una actitud positiva frente a los ultrajes, no olvidándolos, pero sí controlando los sentimientos que se experimentaron en ese momento.

No avivemos el fuego de las heridas causadas, empecemos por no alimentarlas para lograr extinguirlas en un tiempo prudencial, mientras las rabias se enfrían.

Y, por último, es recomendable tener presente que tenemos tanto que perdonar como circunstancias en las cuales conviene pedir perdón.

En síntesis, el perdón es algo gradual, es un proceso y un regalo que nos hacemos a nosotros mismos. Él nos sana integralmente, es un acto de humildad y es una experiencia de liberación.

En síntesis, es una actitud.

La carta de hoy

Las inquietudes asaltan a nuestro estado de ánimo. Rodean los pensamientos, los atosigan y logran intoxicarnos; tanto que no encontramos respuestas satisfactorias. Pero con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o empleando terapias de saneamiento mental. ¿Cuáles son esos temores que le atacan el alma? Escríbame a través del correo: eardila@vanguardia.com ¡Y en esta misma columna le responderé! Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Me considero un hombre creativo pero, al mismo tiempo, me afecta lo que me dicen las personas cuando les planteo algo. Cada vez que se me ocurre un proyecto caen sobre mí las opiniones de los demás, las cuales me dicen ‘qué debo hacer’ y ‘qué no’. He llegado a enfrentarme a la gente, pero he descubierto que después de alegar termino más confundido y desanimado. Eso también me amarga y no entiendo por qué me siento así. Le pido el favor de que, en la medida de sus posibilidades, tenga en cuenta mi caso y me ofrezca uno de sus acertados consejos. Muchas gracias”.

Respuesta: Antes que nada permítame darle un sencillo consejo que me ofreció hace algunos años un gran profesor, quien me dijo lo siguiente: “La gente dice cosas y usted decide qué hacer con esas palabras”.

No vale la pena sumergirse en discusiones sin sentido, entre otras cosas, porque eso no lo va a conducir a nada bueno.

¿Para qué se amarga por lo que no se puede cambiar? Se trata de algo tan sencillo como “ser y dejar ser”. ¡Por lo tanto, no gaste su energía!

No le estoy diciendo con esto que margine a los demás o que los trate mal solo porque emiten sus juicios; es solo cuestión de entender que son las opiniones de otros y no más.

Escuchar a una persona no implica estar de acuerdo con lo que dice, ni mucho menos debe amargarse; esto solo supone dejar de pelear con ella y debe verla como alguien diferente a usted.

Aceptar, por tanto, en este caso es renunciar a más peleas y sobre todo no invertir más tiempo, esfuerzo o sufrimiento en lo que no vale la pena.

¿Qué hacer entonces?

Sencillamente prescinda de prestarles atención a todas aquellas personas que estorban sus propósitos, y siga adelante. El ser creativo debe ser su principal herramienta de trabajo y de relación con la vida. Y tiene que estar permanentemente en la búsqueda de nuevas opciones y metodologías.

Además, cuando le dé rienda suelta a su creatividad, no se olvide de considerar, en primer lugar, aquellas acciones que permitan su desarrollo humano y espiritual acercándose más a la fuente de inteligencia y de vida, que es la Divinidad.

Tal vez en este consejo que le doy debe decirles adiós a muchas costumbres que le han impedido seguir adelante en su crecimiento personal y laboral.

Así le duela un poco, hacer esto es absolutamente necesario para su desarrollo y madurez. Esto le permitirá sentirse más libre e independiente.

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