jueves 26 de noviembre de 2020 - 12:00 AM

Pese a la adversa situación, tomemos la vida con calma

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A medida que avanza la pandemia aumenta la zozobra y, de manera desafortunada, seguimos con el estado de ánimo en el piso. La desesperanza cunde por el clima de incertidumbre que impera en el ambiente y, sobre todo, por lo que pueda pasar.

Muchos, en general, se afanan porque ven que pasan los meses y no se les define nada a favor. El tema se ha venido agudizando con la proximidad de la Navidad y en general con el fin del año.

El asunto es relativamente ‘normal’, si se tiene en cuenta que el sufrimiento nos ha logrado robar a muchos la tranquilidad y la alegría de otros tiempos.

Sin embargo, no podemos seguir en esa ‘desidia’. Es claro que, así sea juro, necesitamos cambiar de estrategia y reprogramar la forma de ver esta situación.

No hablo de buscar nuevas emociones, sino de tratar de dominar las incertidumbres actuales para adoptar una perspectiva revitalizadora.

Si bien la actual situación es para reflexionar sobre lo que pueda venir, ¿no creen que estamos pensando más en el futuro que en el presente?

No olvidemos que el mañana de cada quien está fundamentalmente condicionado por las cosas que se hagan hoy.

No empleemos demasiado tiempo preocupándonos por lo que pueda ocurrir, entre otras cosas, porque nadie sabe qué pasará; solo Dios tiene esa potestad.

Es mejor llenarnos de confianza para resolver nuestros propios problemas, sin dejarnos acobardar por las dificultades que hemos experimentado durante este 2020.

Un estado de ánimo alentador puede ayudar a mantenernos equilibrados, y eso es clave durante las decisiones importantes que debemos tomar de ahora en adelante. Si aprendemos a mirar la vida sin tanto escepticismo, las cosas nos fluirán.

Dejemos ya de pensar en lo que ‘pudo ser’ o lo que ‘no fue’ en este año. Es tiempo de llenarnos de ideas halagüeñas y de sanos pensamientos.

Vivamos el presente reforzando bien las energías para que mañana, cuando llegue lo que nos corresponda vivir, sepamos asumir las situaciones de una manera menos traumática.

La idea no es pasar el ‘día a día’ a la merced a un régimen de sonrisas e ignorando el drama en el que estamos.

Estar alerta y pendientes de lo que nos pasa es clave; pero no le dediquemos tanto tiempo a la negatividad.

De lo que se trata es de cambiar el semblante porque, en últimas, nuestros rostros son los fiscales y los jueces. Por ende, sentirnos más aburridos nos llevará al ‘cadalso’ de nuestra propia cotidianidad.

A medida que aumente la seguridad en nosotros mismos comenzaremos a ver el mañana con una visión esperanzadora.

Transformémonos en lo que realmente queremos ser, ¡pero comencemos desde ya!

No nos podemos quedar con las manos cruzadas esperando que las oportunidades ‘nos caigan del cielo’.

Es mejor dejar de autocompadecernos y sonreírle a la vida, aún en medio de tanta adversidad.

Los momentos de angustia y de crisis hoy nos obligan a todos a mirar hacia arriba y a refugiarnos en nuestra fe.

BREVES REFLEXIONES

* Una persona que se quebró en pedazos puede hablar de Dios, ese que es capaz de convertir las ruinas en obras de arte.

* Juntarse con gente buena, comer sin culpa, bailar sin vergüenza, amar sin restricciones de ningún tipo, reír hasta que le duela el estómago y mirar al frente sin temor a que alguien lo señale son situaciones claves para disfrutar la vida.

* Nadie lo va a recordar por su currículo o por la cantidad de ‘likes’ en sus redes sociales, sino por su forma de ser.

* De la vida recibirá golpes; del amor, episodios de sufrimiento; y de los amigos, una que otra traición; pero de Dios siempre recibirá bendiciones.

* Dé gracias por lo que tiene y Jesús le multiplicará. Mire a su alrededor y comprobará que hoy tiene mucho por agradecer.

* Por más difícil que parezca la vida, siempre hay algo que puede hacer y en lo que puede tener éxito.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos la posibilidad de afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian hoy? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Me desempeño en un cargo de oficina y creo ser un buen empleado; pero a veces me pregunto si valdrá la pena trabajar tanto, si al final no vislumbro un ascenso laboral. Aunque el puesto que ocupo es agradable, me levanto sin ganas de hacer cosas porque no sé si veré resultados mañana. Espero su opinión”.

Respuesta: Si su trabajo ‘es agradable’, jamás dude en desempeñarlo con entusiasmo.

Aunque es cierto que vivimos en un contexto económico difícil, sobre todo por la pandemia, me hubiese conocido saber en qué condiciones laborales está y cuáles son sus perspectivas. Reflexione sobre lo anterior para que pueda entender qué es lo que le ocurre en su entorno laboral y, sobre todo, en su estado de ánimo. Es bueno que desee ascender, pero todo se da en el tiempo de Dios.

Pese a ello debo decirle que si recurre a la fuerza que hay en su interior, ella será más poderosa que cualquier situación por la que atraviese en la oficina.

Es decir, si usted trabaja, se esfuerza por alcanzar lo que quiere, persevera y da lo mejor, el Creador lo recompensará.

Muchos tienen fósforos en su interior, pero pocos saben encenderlos. Aunque no lo crea, su vida es como varios cerillos juntos, los cuales tienen la capacidad de volverse fosforescentes con solo rasparlos.

Esa luz es la que en realidad debe mantener viva para emprender alguna cosa o cualquier trabajo.

El alma es un vaso que tiene que llenar y consumir. Cuando se le pone el alma a lo que se hace, de inmediato se produce una fiesta en el cielo que irradia una luz en todo su entorno.

Así que encienda su entusiasmo, no se deje amilanar y póngase manos a la obra.

Ojo, no se trata solo de ‘hacer por hacer’ sino de sentir gusto por su oficio.

Lo que le planteo tiene que ver con el esmero y el cariño que le ponga a su proyecto de vida. Así sea usted el empleado más humilde, en algún momento Dios le despejará el camino y lo hará crecer profesionalmente.

Sea bueno en lo que haga; sea el mejor, si es posible. Tenga claro además que usted es mucho más de lo que cree ser.

Debe seguir con la frente en alto rumbo a ese ascenso que tanto anhela; y si definitivamente no se encuentra con él, debe pensarlo bien antes de tomar un rumbo distinto.

Recuerde que en esta vida nada le van a regalar y es preciso medir las consecuencias de sus actos. No deje las cosas al azar; Dios no juega nuestra vida a los dados; Él reconoce al que da todo de sí para salir adelante. ¡Tranquilo, la vida le dará lo que le corresponde!

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