domingo 31 de marzo de 2019 - 12:00 AM

¿Por qué se da tan duro y se subestima?

Este es un llamado de atención a quienes no creen en sus capacidades y asumen sus vidas de una forma derrotista.
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Si usted piensa y vive diciendo que es ‘un bueno para nada’, que ‘no cree que alcanzará sus sueños’ o que ‘vino a este mundo a sufrir’ y, peor aún, se vive repitiendo estas nefastas programaciones una y otra vez, no será difícil adivinar cómo le irá en la vida.

¿Acaso cree que esas son expresiones motivadoras?

¡Por favor! No se refiera a sí mismo como un ‘inútil’, ni como un ‘fracasado’ o un ser ‘frustrado’. Qué saca con pronunciar frases tan desalentadoras como ¡Qué bruto soy! ¿Por qué soy tan tonto? ¡Yo qué voy a ser capaz con esto!

De manera desafortunada hay quienes son ‘expertos’ en echarse la culpa de todo lo que pasa y se autoflagelan de una manera muy dura.

¿Es uno de ellos?

Le sugiero que no se hable de esa fea forma. Si insiste en castigarse así jamás avanzará y además hará su vida miserable. No me parece acertado ni mucho menos se justifica que cargue con esa ‘maleta de recriminaciones’.

Ojo: ¡Lo que acostumbra a hablar dice mucho de usted!

El punto es que se convierte en un reflejo de la forma en la que se dirige a sí mismo. La razón es obvia: eso que pronuncia es en esencia en lo que se está focalizando.

Y lo anterior no lo digo yo, lo señalan los estudios de los expertos. Todos ellos coinciden en argumentar que hay una estrecha conexión entre el lenguaje y la personalidad de cada individuo.

Cada vez que usted abre la boca para expresar algo, sin duda alguna, proyecta lo que viene en camino. Y además, la gente que lo escucha saca sus propias conclusiones; tanto por las palabras que utiliza como por la forma como las pronuncia.

Así las cosas, cuide tanto sus palabras como sus pensamientos porque más temprano que tarde se convertirán en su realidad. Todo empieza en la mente y las palabras refuerzan esa creación.

Por eso, si usted dice que no será capaz de hacer algo, así será. ¿No cree mejor que se debe convencer de que sí podrá hacerlo?

Es importante que procure siempre impregnarse de ideas positivas, sin caer en el plano de la falsa motivación.

Usted me refutará y me dirá: “Pero si me va mal, no puedo tapar el sol con las manos”.

Pues tal vez no lo tapará con sus manos, pero sí con su voz. Porque todo lo ‘malo’ que le ocurra será simplemente una experiencia más; y si no le gustó, deje de darle valor y no se autocritique; solo haga lo que le corresponda para cambiar esa situación y listo.

Es claro que esa reprogramación positiva debe ir acompañada con ciertos cambios de hábitos y, por ende, de una gota de entusiasmo.

Si tiene una buena actitud, las cosas fluirán; si no, nada bueno logrará. Un ejemplo: No puede decir que va a echarle ganas a algo si está bostezando y no se pone manos a la obra.

El simple hecho de que cambie su idea por algo más positivo y le imprima la actitud del caso, le abrirá opciones para embadurnarse de esa energía que necesita.

O sea que si de entrada ‘se cree el cuento’ estará dando un gran paso para lograr lo mejor, lo que a su vez se traducirá en prosperidad y felicidad.

Su espíritu es creativo y además tiene la capacidad de autoorientarse y guiarse en sus propósitos de realización, asegurando su éxito personal.

Además, por físico sentido común, sus dificultades aparecen menos desagradables o más soportables cuando usted mismo se expresa que puede transformarlas para bien.

Si no piensa correctamente no podrá actuar de una manera propositiva y entonces le será muy difícil encontrarle sentido a la vida, porque aparecerán los grandes niveles de insatisfacción, nuevos errores, más desesperación y más depresión.

Al pensar y hablar de una manera correcta todo fluirá y logrará una perspectiva de su vida más alentadora. ¡Es cuestión de actitud, es cuestión de buena vibra!

Si desea vivir en paz y ser feliz, piense positivamente y hable de una manera constructiva. Es una tema de atracción de la prosperidad y de la felicidad.

Le planteo hoy el ejercicio de establecer una comunicación sincera y responsable con usted mismo para lograr una apreciación lo más exacta de lo que realmente es. Es decir, no se convierta en lo que teme, transfórmese justo en aquello que sueña.

¡Cuéntenos su caso!

Testimonio: “Me considero una persona introvertida. Siempre me alejo de quienes me rodean por miedo a enfrentar problemas. Esto me pasa porque he sufrido heridas emocionales a lo largo de mi vida. Me acostumbré a no controvertirle a nadie, incluso cuando sé que tengo la razón”.

“Le confieso que hoy me veo inmerso en problemas con mi familia y también con mis relaciones afectivas. Todos los que están junto a mí me despiertan dudas que, si bien a veces son infundadas, me tienen muy aburrido porque no sé cómo abordarlas, ni mucho menos cómo desahogarme. No sé qué hacer porque siento que voy a estallar. Me gustaría leer en este espacio algunos de sus valiosos consejos. Le agradezco que tenga en cuenta mi caso”.

Respuesta: El problema para una persona introvertida se manifiesta cuando, debido a una historia personal cargada de heridas emocionales, tal y como me parece que es su caso, termina arruinando su tranquilidad.

Ojo, porque ante las diferencias con la gente usted puede llegar a encerrarse en sí mismo para alejarse del mundo exterior de manera definitiva. Creo que el tema es delicado porque, según me cuenta, ha llegado al punto de no transmitir su inconformidad cuando hay algo que le molesta o cuando alguien está abusando de usted.

No es sana su actitud y le cuento que es preciso que se desahogue de la manera más sana posible. Sacúdase de eso que lo está asfixiando y se aliviará de los problemas o de esas preocupaciones que lo atosigan.

¿Cómo hacerlo? Con una mayor comprensión y con diálogos más abiertos y sinceros podrá lograr un acercamiento y no se alejará tanto de las personas que son importantes para su vida.

Ya es hora de ponerles fin a esos silencios torturantes, alimentados absurdamente por la incomprensión consentida y por las dudas infundadas que tiene.

Son infinitas las oportunidades de alegría y de felicidad que le esperan, pero si no las aprovecha se quedará en esos momentos de inquietud y de conflicto en los que anda inmerso. El silencio y la falta de diálogo alargan de manera innecesaria las diferencias.

Le recomiendo que, desde ya, enfrente los desacuerdos y las dificultades con la palabra abierta y franca, en un diálogo permanente que nunca deberá interrumpirse. Si lo analiza bien, no dialogar es cobardía y es la peor estrategia para manejar los asuntos de la vida.

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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