jueves 21 de mayo de 2020 - 12:00 AM

Pregunta del día

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Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en esta época. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Me diagnosticaron una enfermedad que, sin ser terminal, es de sumo cuidado. Nunca he sido religioso, pero ahora que me enfrento a esto me suena el tema espiritual y hasta he ido a Misa. Quisiera preguntarle, desde su perspectiva, si la vida interior o la conexión con Dios podría ser tenida en cuenta en mi tratamiento. Sé que no es médico, pero sí lo leo y me agrada la forma como aconseja a la gente. Con sus palabras me ayudará a mí y a otros enfermos. Gracias”.

Respuesta: Desde mi punto de vista, que obviamente puede tener voces detractoras, considero que es grande la influencia de la espiritualidad en la salud. No me baso en especulaciones, pues esto mismo lo han aseverado reconocidos médicos.

Así las cosas no soy enemigo de asistir a un servicio religioso porque, más allá del credo que se practique, se les brinda a los pacientes la esperanza de vivir.

De hecho, hace algunos años tuve una linda experiencia en la Liga de Lucha Contra el Cáncer. En esa institución, sin ánimo de lucro, hay una sana costumbre de celebrarles con una Sagrada Eucaristía los cumpleaños, tanto a los pacientes como los benefactores de esta entidad. Alguna vez fui un invitado más al lugar y allí el médico que asistía a los enfermos me dijo, en plena Misa, que el solo hecho de participar en este tipo de sacramentos cambia los semblantes de los pacientes.

Aunque también debo decir, sin tapujos, que no creo que todos los cultos sean adecuados para la salud; hablo de aquellos que llevan la idea de culpa y represión a sus fieles. Esto lo digo porque hay mucho fanático religioso por ahí vendiendo la idea de que ‘Dios es sufrimiento’, cuando no es así.

En la práctica médica, algunos enfermos manifiestan la necesidad de que los doctores conozcan sus creencias y sepan algo más de sus aspectos espirituales. En los tratamientos eso ayuda a que los profesionales de la salud y los mismos enfermos entiendan lo que les pasa, entre otras cosas, para aportarle un valor agregado a la restauración anímica y física.

Por eso, en caso de que una persona caiga gravemente enferma, el médico debe estar al tanto de qué tan grande es su fe; es más, ese aspecto debiera ser parte de la historia clínica.

Total: el bienestar espiritual del paciente es un componente fundamental en la recuperación y en el tratamiento. Es obvio que todo eso debe ir acompañado de las medicinas, de las terapias y de los diferentes procesos médicos que deban practicarse para lograr la mejoría de cada persona.

Creo en la espiritualidad y en su relación con la curación, dada su relevancia clínica en la prevención de las enfermedades y en el papel que juega en la eficacia de los diferentes tratamientos. Le deseo éxitos en su recuperación. ¡Tenga fe!

Respuesta: Desde mi punto de vista, que obviamente puede tener voces detractoras, considero que es grande la influencia de la espiritualidad en la salud. No me baso en especulaciones, pues esto mismo lo han aseverado reconocidos médicos.

Así las cosas no soy enemigo de asistir a un servicio religioso porque, más allá del credo que se practique, se les brinda a los pacientes la esperanza de vivir.

De hecho, hace algunos años tuve una linda experiencia en la Liga de Lucha Contra el Cáncer. En esa institución, sin ánimo de lucro, hay una sana costumbre de celebrarles con una Sagrada Eucaristía los cumpleaños, tanto a los pacientes como los benefactores de esta entidad. Alguna vez fui un invitado más al lugar y allí el médico que asistía a los enfermos me dijo, en plena Misa, que el solo hecho de participar en este tipo de sacramentos cambia los semblantes de los pacientes.

Aunque también debo decir, sin tapujos, que no creo que todos los cultos sean adecuados para la salud; hablo de aquellos que llevan la idea de culpa y represión a sus fieles. Esto lo digo porque hay mucho fanático religioso por ahí vendiendo la idea de que ‘Dios es sufrimiento’, cuando no es así.

En la práctica médica, algunos enfermos manifiestan la necesidad de que los doctores conozcan sus creencias y sepan algo más de sus aspectos espirituales. En los tratamientos eso ayuda a que los profesionales de la salud y los mismos enfermos entiendan lo que les pasa, entre otras cosas, para aportarle un valor agregado a la restauración anímica y física.

Por eso, en caso de que una persona caiga gravemente enferma, el médico debe estar al tanto de qué tan grande es su fe; es más, ese aspecto debiera ser parte de la historia clínica.

Total: el bienestar espiritual del paciente es un componente fundamental en la recuperación y en el tratamiento. Es obvio que todo eso debe ir acompañado de las medicinas, de las terapias y de los diferentes procesos médicos que deban practicarse para lograr la mejoría de cada persona.

Creo en la espiritualidad y en su relación con la curación, dada su relevancia clínica en la prevención de las enfermedades y en el papel que juega en la eficacia de los diferentes tratamientos. Le deseo éxitos en su recuperación. ¡Tenga fe!

David García Carreño, un joven comunicador, nos recuerda que “en las tormentas no se navega, porque cuando el mar está bravo hay que protegerse”. Eso es lo que ocurre hoy, estamos resguardándonos en nuestros hogares. Ya vendrán los tiempos de volver a navegar cuando sople la brisa a favor. Si hay tristeza, llore por lo perdido y despídase; y si hay alegría, disfrútela. Quédese en casa”.

Nadie conoce sus propias posibilidades hasta que se somete a pruebas. Piense que esto que hoy le ocurre es un reto que la vida le ha puesto, para saber realmente qué tan fuerte es usted. ¡Ánimo... Dios lo bendecirá!

La oración no puede faltar en estos días. La crisis sanitaria, si bien es delicada, no puede dejarlo en la impotencia.

Cuando más débil se sienta es cuando más debe orar. Eleve una plegaria al cielo y pídale a Dios serenidad, sabiduría y bendición.

Si no encuentra palabras, cierre los ojos y con fe diga lo siguiente:

Señor: No permita que jamás desfallezca mi estado de ánimo. Cuide mi salud y haga que sus bendiciones lleguen cada día a mi vida. Amén.

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