jueves 02 de enero de 2020 - 12:15 AM

Recomience, pero no lo haga con el ‘lastre’ de su pasado

Muchas personas no tienen la capacidad para renovarse por sí mismas. De manera errada buscan cambios afuera, cuando lo importante es permitirse comenzar desde adentro y desde cero.
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Son nuevos tiempos y es hora de dejar atrás las frustraciones y las decepciones. Sobre todo, hay que pasar la página por lo vivido en un año que, como el 2019, se nos fue casi sin darnos cuenta.

Usted nunca será realmente ‘nuevo’ si insiste en vivir recordando lo ‘malo’. Si mira hacia atrás debe hacerlo, de manera precisa, para cerrar los ciclos. ¡Y eso incluye finiquitar los asuntos pendientes!

Lo menciono porque, de alguna manera, todos lidiamos con nuestros problemas sin darnos cuenta de que lo único que tenemos que hacer es mirar hacia arriba y contemplar mejores horizontes.

Insistir en evocar lo que muchos denominan como ‘sinsabores’ no es precisamente la mejor opción para iniciar este nuevo año.

Si persiste en refundirse en su frustración; si no perdona a los que le hicieron daño; y si usted mismo no se tiene consideración y pretende ‘hurgar’ sus heridas, no podrá divisar un mejor porvenir.

Quedarse en el ayer hará que se mantenga estático. Los feos recuerdos le impedirán movilizar su energía para ejecutar nuevos proyectos o, simplemente, jamás disfrutará del día a día.

Los recuerdos sobre aquello que ‘fue’ o ‘no fue’ no pueden revolotear en su cabeza una y otra vez porque eso interferirá en su momento presente, impidiéndole disfrutar del instante que vive.

No puede dejar que lo ‘malo’ siga gravitando sobre su vida.

Para superar el pasado, asuma de fondo su situación y enfréntela. Identifique realmente en qué falló; también analice la forma como esos errores lo han modelado y aprenda de ellos.

Le corresponde dejar ir lo que ya no es. Cuando entienda que lo que no le conviene ya partió, además de sanar las heridas, comenzará a abrir espacios para las nuevas bendiciones que Dios le tiene preparadas.

Recomenzar es darse una nueva oportunidad , es renovar las esperanzas en la vida y, lo más importante, es creer en usted mismo.

La vida es el arte del reencuentro. Yo lo invito a que más que un año nuevo, celebre cada día como un recomienzo y sea intensamente feliz.

Permítase volver a empezar desde cero. No importa lo que haya pasado, debe reflexionar y entender que nada de lo que lo perturbó en el 2019 puede seguir moviéndole el piso.

Con el bolígrafo de sus anhelos puede escribir su destino, siempre y cuando lo haga con dedicación, constancia, esfuerzo y tesón.

Préstele atención a este nuevo día y sea el libretista o el artífice de lo que de ahora en adelante será su mundo. Tome las riendas de su vida, diseñe objetivos a corto, a mediano y a largo plazo.

¡No se estanque más, tiene todo por vivir!

Y si bien puede recomenzar este año con mil propósitos, no permita que ellos se vayan desvaneciendo por su falta de fe.

Si no tiene motivos claros, pronto desaparecerán las ganas, las ilusiones y, por ende, las oportunidades se le escaparán.

Tampoco se fije metas inalcanzables ni se compare con otros: la competencia es con usted mismo, no con los demás.

Si deja de presionarse y va introduciendo pequeñas metas, al menos que estén a su alcance, podrá salir del círculo vicioso de las decepciones.

Además, si tiene la suficiente fe y aprende a reconocer a Dios en todas las pequeñas cosas que ocurrirán este 2020 en su vida, comprobará que los milagros ocurren a toda hora.

En este recomienzo regálese momentos de oración, de alabanza y de agradecimiento al Creador. El 2020 lo invita a una nueva aventura, a viajar, a cumplir nuevos desafíos, pero sobre todo, a vivir cada segundo. Propóngase en este año a usted mismo que hará todo lo posible para alcanzar sus sueños, de la mano de Dios.

Una última precisión: Independiente de sus creencias, usted está hecho para transitar en el camino de la felicidad.

EL CASO DE HOY

Recomience, pero no lo haga con el ‘lastre’ de su pasado

Testimonio: “Me torno melancólico, sobre todo en cada comienzo de año. Antes no era así. Tuve dinero, lujos y una gran compañera de vida. Pero un día cualquiera lo perdí todo: entré en quiebra y mi mujer falleció de repente. He querido dejar caer el pasado como un cuerpo muerto y renacer a una más grande plenitud, pero me cuesta trabajo y en cada intento me desanimo. Tengo 55 años de edad. ¿Usted qué haría en mi caso? Me gustaría que me respondiera esa pregunta. Gracias”.

Respuesta: Ojo con ese estado melancólico, pues no lo conducirá a nada bueno.

La melancolía le recuerda que le falta algo que en algún momento existió, pero que ya no puede recuperar. Lo que vivió ya pasó y tiene derecho a rehacerse.

Cada mañana siempre será un nuevo comienzo. Dele gracias a Dios por ello y elija vivir desde ya. No base su melancolía en el cambio de calendario, porque tener una actitud propositiva no tiene nada qué ver con el paso del tiempo.

En mi caso, cada vez que despierto bajo el manto del cielo, siento que es un año nuevo y que tendré 24 horas más para ser feliz.

Usted tiene dos opciones:

1. Echarse a llorar.

2. Ponerle ganas al futuro.

¿Sabe algo? Todos hemos sentido en alguna ocasión que

el mundo se nos acaba cuando enfrentamos muchas vicisitudes y una vez allí no hacemos

sino lamentarnos.

Yo pienso que quien se queda solo en lamentos, en últimas, sólo aprende a ejercitar el absurdo rol de la víctima.

Llorar, en el fondo, le sirve para desahogarse. Pero si insiste en hacerle un monumento a su tristeza se hundirá cada vez más en el mar del abatimiento.

¿Qué le impide empezar una nueva vida y hacer lo que lo hace feliz? La edad y las ganas están en la mente y no en el registro civil.

Piense en lo que quiere para usted y no le importe lo que piensen los demás. Dese la oportunidad de vivir otra vez todo aquello que lo hizo feliz y nunca se dé por vencido. Sólo usted puede otorgarse esa felicidad que alguna vez consiguió.

Haga lo que haga, no permita que el pasado se interponga en este nuevo amanecer. Es absurdo vivir anquilosado en la ‘memoria’ o en la ‘imaginación’ de un tiempo que fue y que se arruinó.

Le corresponde crear y atravesar su nueva ruta. Si quiere sanar sus heridas, evite recordar las tragedias. Es mejor mirar el horizonte con optimismo. Nada es para siempre. Nada es permanente en este mundo, ni siquiera nuestros problemas. ¡Ánimo!

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