lunes 31 de agosto de 2020 - 12:00 AM

Recuerde que Dios es bueno todo el tiempo

Los más negativos en estos tiempos se la pasan preguntando “dónde está Dios justo ahora cuando más lo necesitamos”. La verdad es que Él se encuentra en nuestros corazones y en el camino que hayamos diseñado. Hay que tener fe y esperanza, porque nuestro trayecto no seguirá lleno de espinas.
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Algunos, al ver los horrores y la tragedia de la pandemia que nos azota, cuestionan y exclaman: ¿Por qué Dios permite que pasen estas cosas?

Sé que es algo difícil de entender, pero la verdad es que en este mundo cada quien cree en Dios a su manera. Es cierto que varios lo culpan a Él de la cruda realidad que estamos enfrentando; sin embargo, yo considero que solo vivimos las consecuencias de nuestros propios actos.

Y es que vamos por la vida sembrando de espinas nuestro camino, sin pensar que algún día regresaremos y nos encontraremos en el mismo trayecto viviendo el viacrucis de los errores cometidos.

Lo más fácil es culpar al Creador o recurrir a su Santo Nombre para evadir nuestra responsabilidad; lo cual me parece triste y angustiante al mismo tiempo, porque hay muchas personas que viven en una ‘burbuja’ gracias a creencias mal fundamentadas dentro de sus religiones.

No creo que Dios sea responsable de nada de lo que nos suceda; les reitero que somos nosotros mismos quienes determinamos muestra propia realidad. ‘Y para la muestra un botón’: este COVID-19 es un grito desesperado de alerta por parte del planeta.

Contaminamos, matamos, abusamos y no respetamos a la naturaleza ni a los animales. Nos creemos los dueños del mundo y jugamos con los recursos naturales, como si tuviéramos otro lugar a donde ir.

El problema no es que Dios esté o no cuando más lo necesitamos; lo que sucede es que no tenemos la precaución de vivir y de tomar las decisiones acertadas para que las cosas no nos salgan tan mal.

El Señor está aquí para ayudarnos a entender aquellas cosas que no podemos comprender y para darnos consuelo en los momentos difíciles; no para castigar ni para condenar a nadie, pues cada quien sabe qué está haciendo con su vida y si le está aportando algo al mundo. ¡Dependiendo de eso es lo que recogerá en un futuro!

Como sociedad no hemos entendido la importancia del trabajo en equipo y aquí vemos hoy día las consecuencias.

Yo les recomiendo a todos que fortalezcamos nuestra relación con Dios y que procuremos hacer lo mejor que esté al alcance de nuestras manos para seguir adelante y no dejarnos amilanar por esta pandemia.

Si recurrimos a nuestra fortaleza lograremos llegar más lejos una vez esto acabe.

Se necesita talento para ser el apóstol de nuestras propias ideas, de tal forma que si soñamos algo debemos trabajar duro para conseguirlo y, por supuesto, a su debido tiempo.

La fe sin acción no existe; la fe sin amor por lo que se hace se extingue; y obviamente la fe sin una carta de navegación se extravía. Y es ahí, cuando nos distraemos y perdemos la brújula que recriminamos a Jesús e injustamente nos atrevemos a preguntarle dónde está cuando más lo necesitamos.

No podemos desfallecer, porque recuerde: “Dios es bueno todo el tiempo”.

A el Creador hay que darle su crédito de bondadoso, porque Él siempre es sensible al corazón y al menos bajo su Voluntad Divina saldremos airosos.

El milagro o la ‘ayuda’ que le pedimos a Él en este caos llegará y estaremos sanos y salvos. Eso sí, hay que tener fuerza, actuar con ganas y creer que las cosas se nos pueden dar.

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