domingo 23 de enero de 2022 - 12:00 AM

¡Recuperemos la fe, sí podemos levantarnos!

Las adversidades suelen darnos golpes duros, sin embargo ellas nos conminan a responder de un modo u otro. Si somos propositivos, si confiamos en la misericordia de Dios y si nos ponemos manos a la obra, le haremos frente a cualquier circunstancia, por muy difícil que ella sea.

Cuando las adversidades nos derriban solemos preguntarnos el ‘por qué’ nos pasan esas situaciones y, por lo general, no encontramos respuestas o razones por tan ‘mala suerte’. Lo peor es que nuestra cabeza se puebla de pensamientos catastróficos, de miedo y de ansiedad.

Lo cierto del caso es que durante los episodios más dramáticos evidenciamos toda la crudeza de nuestra vulnerabilidad, pero al mismo tiempo podemos detectar el esplendor del amor generoso de Dios.

Y aunque al principio el entorno puede ser oscuridad, Jesús también nos da una buena capacidad de resiliencia, que no es otra cosa que la capacidad de adaptarnos a situaciones difíciles.

Ser resiliente no quiere decir que las angustias se desvanezcan como si nada. De hecho, el camino probablemente siga lleno de obstáculos que afecten nuestro estado emocional; no obstante, el pensar bien nos ayuda a recomponer el camino y a no empeorar el panorama.

Es cierto que en los momentos duros el sufrimiento nos acongoja, pero haciendo acopio de entereza vemos la vida con esperanza y podemos continuar con nuestras vidas de una forma más halagüeña.

Tratemos de mirar más allá del presente y pensemos que en el futuro las cosas mejorarán. Observemos si hay alguna forma sutil en que nos sintamos mejor, mientras nos enfrentamos a las situaciones difíciles.

Aceptemos lo que el destino nos depare, pero desplegando templanza, entereza y dignidad. No estoy diciendo que debamos acostumbrarnos a sufrir; solo es cuestión de entender que las crisis no son obstáculos insuperables.

No se trata de ignorar nuestros problemas; la idea es reflexionar sobre lo que se puede hacer y tomar medidas libres de estrés y ansiedad.

Aunque podría llevarnos un buen tiempo recuperarnos de los sucesos amargos, de un evento traumático o de una pérdida, nuestro panorama puede mejorar si trabajamos en ello.

Le reitero que es una gran ayuda el poner todos nuestras afugias en las manos del Señor, sin que ello implique echarle a Él todas nuestras responsabilidades y compromisos.

La idea es ser responsables y enfrentar cada situación con la mayor serenidad posible, teniendo siempre presente que el Señor custodia nuestros pasos.

Si hoy atraviesa por una dura situación, pídale a Él con la debida fe y haga algo por superar esta crisis. ¡Verá que muy pronto su panorama cambiará para bien!

¡CUÉNTENOS SU CASO!

¡Recuperemos la fe, sí podemos levantarnos!

Las inquietudes asaltan con gran frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en esta época. ¿Cuáles son los temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta columna. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com y él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Mantengo una gran relación de pareja desde hace años con una mujer correcta y valiosa. Ella es madre de dos hijas, de 8 y 17 años. Vivimos juntos, pero la joven mayor sostiene una rebeldía contra su padre, a pesar de que él se preocupa por ella. ¡Doy fe de ello! Incluso él vive en nuestra casa, gracias a la madurez con la que nos llevamos. Sin embargo, el manejo que él tiene con su adolescente hija es insostenible y repercute en nuestra tranquilidad. Yo tengo la posibilidad de retornar a la casa de mis padres, pero no sé si sea lo correcto. No quiero abandonar mi nueva familia, pero tampoco quiero trasladar ese problema a mi hogar paterno. Aunque le pido a Dios ayuda, hoy no sé qué hacer. Deme un consejo”.

Respuesta: Debe definir cómo va a continuar llevando su vida y la de su hogar en general, porque no se puede prolongar ese ambiente de tensión y de zozobra. Y lo primero que debe entender es que no puede tener a todas las personas contentas porque eso es imposible, por lo que es fundamental entablar un diálogo sincero y emprender acciones de una.

Organice sus ideas sobre qué es prioridad para usted en este momento: ¿Su relación de pareja? ¿Su independencia? ¿Su serenidad? ¿Qué tan sano es que el exmarido de su esposa viva en la misma casa y medio de sus hijastras? Una vez tenga las respuestas, enuméralas en orden de importancia y analícelas. Tome decisiones y acepte aquellas cosas que no puede cambiar. Justamente esto le dará las riendas para saber qué estaría dispuesto a asumir de ahora en adelante y a qué estaría dispuesto a renunciar. Esto, a su vez, le permitirá identificar lo que sí es verdaderamente importante y vital para su vida y lo qué no. Muchas veces nos engañamos haciéndonos creer que necesitamos cosas que realmente no necesitamos.

Pregúntese: ¿Es adecuado en este momento en pareja? ¿Sería mejor estar junto a sus padres de nuevo o esta vez solo? ¿Cómo debe hacer para que los conflictos de la joven de 17 años con su padre no golpee la vida de todos? ¿Debería entrometerse o apropiarme de los problemas de los hijos de su pareja? ¿Qué tanto desgaste emocional esto le representa? ¿Será preciso ir a un sicorientador de familia?

No está obligado a cargar con muchas de esas responsabilidades, y debe entender que está bien decir ‘no’ a ciertas cosas, sobre todo en cuanto aquello que perturbe su tranquilidad. Ojo: es usted quién decide qué color ponerle a su vida. ¡Pídale sabiduría y serenidad a Dios para saber cómo actuar!

La vida nos pone a prueba en varias ocasiones y a veces lo hace de manera sorpresiva. Sin embargo, de todas ellas saldremos fortalecidos.

REFLEXIONES CORTAS, CON LA VENIA DEL SEÑOR

¡Recuperemos la fe, sí podemos levantarnos!

* Si hay silencio, déjelo aumentar ya que algo surgirá; y si hay tormenta, déjela rugir porque tarde o temprano escampará. Nada en la vida se debe forzar. Todo se da en su debido tiempo y más allá de la situación en la que se encuentre usted podrá vencer cualquier duro momento.

* No hay mejor medicina que liberar su mente. Recuerde que el pensamiento saludable implica ver más allá, ser propositivo, y esto incluye no angustiarse por todo. Usted puede usar una o más técnicas para lograr esto, tales como: meditación, sano ocio, yoga o relajando sus músculos.

* No tengamos miedo a lo que los otros digan, ya que esto puede hacer que renunciemos a seguir cristalizando nuestros sueños. Es preciso dejarnos llevar por nuestra intuición, la cual puede conducirnos a mejores destinos. Si nos tenemos fe, no necesitamos que los demás nos crean.

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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