sábado 20 de marzo de 2021 - 12:00 AM

Saber administrar cualquier situación, sea buena o mala

‘Saber cambiar, saber aceptar’. Esa frase encierra una gran verdad que, si la cumplimos al pie de la letra, podría ahorrarnos disgustos, rabias, dolores de cabeza y frustraciones.
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A veces no sabemos administrar las situaciones que nos ocurren, ni las buenas ni las malas.

Cuando sucede un imprevisto que nos afecta, nos desesperamos; algunos incluso se deprimen y no faltan los que simplemente huyen de la tribulación. Muchos llegan a un estado en donde consideran que la vida misma es su peor enemiga y comienzan a odiar al mundo entero.

Y cuando lo sucedido es relativamente positivo también ocurre un desborde inusual, al punto que nos dejamos invadir de un aire de superioridad que termina ‘echando por la borda’ lo bueno que nos ocurrió.

La verdad es que no somos capaces de lidiar con los inesperados momentos.

Para saber asimilar algo debemos conocernos por dentro. Mejor dicho: todo se reduce a eso, a ‘saber cambiar o saber aceptar’.

El asunto es que las emociones afectan la región del cerebro con la que tomamos determinaciones; y si no sabemos asimilar lo que nos ocurre, no podremos pensar bien ni mucho menos conducirnos por el camino acertado.

Lo anterior sin contar que el no saber administrar dichas situaciones hace que se menoscabe nuestra salud y el entusiasmo.

¿Qué debemos hacer?

Primero hay que evaluar qué tan difícil es lo que vivimos y cuáles repercusiones reales tendrá. Lo menciono porque solemos ‘armar una tormenta en un vaso de agua’.

Reitero que todo dependerá de cómo percibamos cada cosa, ya que la dificultad se ve diferente dependiendo del momento por el que estemos pasando.

Lo que sí es fundamental es desarrollar un ‘cambio de enfoque’ en la forma de ver la cotidianidad.

Ello nos permitiría no ser tan susceptibles y pasar del impacto de la situación a la placidez de la aceptación.

Es probable que lo que hoy veamos enredado, bajo determinada perspectiva, quizá no sea tan traumático.

El cambio de enfoque también se describe como ser más prácticos o flexibles, sin resignarnos a quedarnos con los brazos cruzados.

Total: somos nosotros los que decidimos la forma de manejar las circunstancias; podemos optar por ser propositivos o, por el contrario, irnos por la terquedad de ver todo caótico.

Obvio que la recomendación es encontrar siempre la lección que la vida quiere darnos con los hechos que experimentamos.

Puede que la realidad no vaya a cambiar por nosotros mismos, pero sí podemos redireccionarnos para tomarle ventaja a la situación.

Es algo así como aprender a dominar nuestro frenesí y centrarnos en la serenidad, de tal forma que podamos visualizar la realidad con un tono alentador.

La idea es no dejarnos distraer y preparar la mente para estar listos y actuar cuando sea preciso.

En conjunto, estas ‘reglas de orden que les estoy dando nos ayudarán a ver el panorama con una chispa diferente.

En lugar de estar estresados, podríamos mantenernos serenos y abiertos a las sorpresas que nos tenga preparada la vida misma.

Una buena estrategia para no ‘salirnos de casillas’ consiste en ser más tolerantes, lo que implica aprender a entender el punto de vista de los demás y ver lo sucedido desde una óptica conciliadora y esperanzadora.

Otra buena forma de gestionar mejores resultados con las circunstancias a las que nos enfrentamos consiste en aprender a orar. Sin tener que ser rezanderos, encontraremos en las plegarias unas aliadas de nuestros semblantes.

Así nos sentiremos bien con nosotros mismos y y tenderemos más a las emociones positivas que son, en últimas, las que promueven nuestra salud mental.

CORTAS REFLEXIONES

* La vida es como un restaurante, nadie se va sin pagar. Todo lo que haga en este mundo, tendrá que pagarlo antes de irse de él.

* El Santo Padre Francisco afirma que “todos somos ciudadanos del cielo y nuestro pasaporte es el amor a Dios y al prójimo”.

* Siempre sabrá cuánto dinero tiene en sus cuentas bancarias, pero nunca sabrá cuánto tiempo le queda de vida.

* La forma más elevada de la inteligencia humana es la capacidad de observar sin juzgar a nadie por lo que haga.

* Es importante saber mirar hacia adelante y continuar nuestra vida, más allá del momento adverso que afrontemos.

* El día que pueda contarles su historia de dolor a los demás sin derramar lágrima alguna, usted se habrá sanado.

EL CASO DE HOY

Cuéntenos qué es lo que aflige su estado de ánimo en la actualidad. La idea no es solo que se desahogue, sino que pueda compartir con nosotros algunas estrategias para recomponer su espíritu y de paso alentar a otras personas que estén pasando por su misma situación. El objetivo es que pueda mitigar los efectos de esas angustias o afanes que le afectan. Envíe su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna Euclides Kilô Ardila le responderá y publicará sus consejos aquí. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Vivo indeciso por lo que es mi vida: siempre hago lo mismo y a pesar de ello no me despierto del todo. Se diría que mi entorno es tedioso, aunque le aclaro que no estoy mal. Es decir, tengo jornadas laborales iguales a diario, mantengo una relación afectiva desde hace años y vivo con mi familia sin mayores novedades; o sea, todo está fríamente calculado. Será que debo darle un vuelco a este ritmo de vida y ‘mandar todo a la porra’. Deme su consejo”.

Respuesta: Las jornadas ‘tediosas’, como usted las define, no siempre dependen de su entorno sino de la actitud que asuma frente a lo que le esté aconteciendo.

En mi caso, la vida me ha enseñado que no es necesario estar a todas horas haciendo cosas diferentes para ser feliz o para sentirme realizado. Le reitero, eso sí, que todo depende de su manera de ver el entorno y de cómo asume el estilo de vida que decide llevar.

Lo que debe tener claro es que eso de vivir con una agenda calcada, en donde nada puede salirse del cronograma o que tiene que ser ‘milimétrico’, puede hacer que el fastidio termine devorando. Ojo: la vida requiere de una buena dosis de sorpresa.

El hastío suele ser más evidente cuando usted se queda estancado en ciclos sin fin. ¿Acaso está en mora de ponerle un punto final a algo que está viviendo?

Pienso que en su caso debería evaluar, desde su perspectiva, qué tan a gusto está con su agenda laboral, qué tan bien ha mantenido su relación de pareja y sobre todo evaluar qué de su agenda debe tener algún giro.

La cuestión es sencilla: liberarse de la presión y vivir de la forma más espontánea posible, sin que por ello tenga que ‘mandar todo a la porra’, como lo referencia en su carta.

Hay cosas que se le pueden salir del control, pero no debe vivir afanado por esa posibilidad.

Tal vez deba ser precavido para que posibles cambios o ciertas situaciones que usted decida hacer, ya sea en el marco de una agenda específica o de un riesgo que tome, no supongan traumas.

En conclusión: sea consciente de que la comodidad no es eterna y también que usted puede rehacerse, sin que ello implique un efecto demasiado problemático. ¡Dios lo bendiga!

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