jueves 13 de febrero de 2020 - 12:00 AM

¡Salgamos de esos pensamientos tediosos!

La cotidianidad a veces nos aburre, nos encasilla, nos nubla e incluso nos golpea. Eso hace que experimentemos ráfagas de incertidumbre. ¿Qué debemos hacer?
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Cada cierto tiempo aparece un singular marasmo en nuestro estado de ánimo. Se ve como una arruga en el pensamiento y, como es apenas normal, nos altera la agenda cotidiana.

Es la angustia existencial, dicen algunos jóvenes; es el estrés, sostienen varios médicos; es flojera, replican nuestros padres, en fin...

Todos solemos experimentar eso, ya sea en la casa, en la oficina o en el colegio.

¿Qué es lo que nos ocurre?

Para mí se trata de un inusitado desgano que nos embadurna la mente. Y es tan fuerte que ese inexplicable tedio hace que no deseemos hacer nada.

La verdad es que esa sucesión vertiginosa de emociones sin sentido, que nacen en un hoyo en la barriga y se traducen en bostezos y en malas caras, es más común de lo que imaginamos.

No existe ningún estudio oficial al respecto que haya definido tal condición. Sin embargo, no falta el que asegura que esa condición se la inventaron los jóvenes, dizque para estar siempre aburridos del mundo.

Unos califican tal sensación como ‘dejadez’ y en el lenguaje popular algunos lo llaman así: ‘locha’. Lo grave de lo que hablamos es que esa sensación es una de las cicatrices modernas, de aquellas que estamos en mora de desterrar.

Es preciso señalar que esa clase de hastío, por alguna extraña razón, se ha vuelto una epidemia en estos tiempos. La gente no se encuentra y termina en la desidia.

Pueden existir docenas de explicaciones sobre este asunto y todas serán válidas, dependiendo de las situaciones, de los problemas y de las perspectivas.

Cada vez que experimentamos ese tipo de vacíos nos decimos a nosotros mismos que no estamos satisfechos con nuestra vida en general o con algo en particular.

Si atravesamos por algunos de esos momentos es fundamental hacer una autoreflexión y detectar las razones de tal tedio.

En últimas, es una oportunidad de introspección que nos permitirá conocernos mejor, sacudirnos, reanimarnos y, sobre todo, asumir el control de nuestra vida.

Siempre será mejor dedicarnos a tener pensamientos más trascendentales.

¿Estamos aburridos?

¿De qué?

No sigamos con esos días en los que se mira al cielo para encontrar respuestas, cuando todo lo que buscamos está en nuestro corazón.

No nos disgustemos si afrontamos algún problema, porque cada obstáculo es una prueba para aprender.

Y si hemos cometido algún error, en lugar de aburrirnos, podemos corregir, levantarnos y seguir nuestro camino hacia adelante.

No hay que maldecir por nada de lo ‘malo’ que nos pase; es mejor asumir las consecuencias de lo sucedido y revitalizarnos.

Los estoy invitando a asumir una postura más entusiasta y a mirar esas ‘depres’ con unos lentes más propositivos y enriquecedores.

Si tenemos una sana actitud, la mente empezará por sí misma a crear, a imaginar y a ofrecer alternativas posibles para salir airosa de todo eso que nos parece harto.

CUÉNTEME SU CASO

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de este jueves:

Testimonio:

“Alguien que estimaba mucho me traicionó y las secuelas de tal deslealtad dejaron en mí heridas que todavía hoy, después de cuatro años, no sanan. La conjura me la hizo un compañero al que yo consideraba como ‘mi amigo’: confié en él y después de entregarle mi buena fe me dejó totalmente minimizado. No quisiera darle detalles de lo que me hizo, pero sí me gustaría leer un consejo alentador de parte suya. Acudo a usted porque todavía no supero ese momento y vivo con muchas recriminaciones. Le confieso que me pasa por la mente la idea de vengarme. Le agradezco que atienda mi caso”.

¡Salgamos de esos pensamientos tediosos!

Respuesta:

Comprendo por lo que está pasando. Una traición, por mínima que ella sea, nos hace sentir burlados y decepcionados.

Siempre he creído que la deslealtad es tan dolorosa que deja una cicatriz muy fuerte en la base del corazón.

Y si bien las cicatrices nos recuerdan algo ‘malo’, al final debemos tener presente que cada error deja abierto el camino para no volver a caer en él.

Pase la página. ¡Hombre, de eso ya pasaron cuatro años! ¿No cree que es hora de sepultar ese añejo episodio?

Aunque lo que le hicieron le duela, eso que ocurrió no puede seguir siendo un trauma, ni mucho menos puede permanecer tatuado en su existencia.

Su primera gran tarea es la de recuperar el equilibrio para seguir adelante. No me parece justo que por esa incómoda situación, de la cual usted no tuvo la culpa, tenga que vivir frustrado.

Asuma la responsabilidad emocional de cuidar de usted mismo, especialmente en este momento cuando las heridas del pasado le pesan tanto.

Es obvio que debe ser capaz de perdonar. Si lo hace se sentirá aliviado y podrá salir a la superficie, entre otras cosas, para no ahogarse más en ese ‘mar de decepciones’ en el que anda sumergido. Recuerde que el perdón es un mecanismo a través del cual se reducirán sus comportamientos negativos, los cuales han surgido como consecuencia de aquella traición.

¿Cómo cicatrizar la herida?

Dejando que nuevas cosas fluyan y acudiendo a la serenidad del alma. Eso alivia la memoria y le hace ver la vida más nítida. Si se niega a hacerlo, al final seguirá en el mismo atolladero.

Recuerde lo que pasó, pero sin que le duela. Para qué seguir fustigando el ánimo con eso que le dolió tanto.

Olvidar los malos momentos es extirpar del cerebro un tumor dañino. Libere de su entendimiento aquellas situaciones que le sacan la chispa y ábrale las puertas a la tranquilidad.

Todo lo que lo atormente va en contra de su bienestar. No tenga resentimientos ni haga planes contra los que le hicieron algún daño. Dios tiene antipatía hacia los que juran venganza.

Considere esto que le hizo su amigo como una ‘experiencia valiosa’ para seguir creciendo y para no dejarse asaltar en la buena fe.

Le corresponde entender la enseñanza que la vida le ha dado con esa falta de lealtad de su compañero.

Esa herida puede ser muy dolorosa; sin embargo, es importante sobrellevarla en paz.

Hágame caso y verá que, en un abrir y cerrar de ojos, podrá superar el tema y dejar de amargarse por algo que, a decir verdad, es un asunto del pasado. ¡Dios lo bendiga!

REFLEXIONES SUELTAS

¡Salgamos de esos pensamientos tediosos!

De rodillas:

Más allá de querer desahogarse con alguien, pídale a Dios de rodillas: Él siempre está dispuesto a escucharlo.

Ese trayecto:

El camino que decidamos tomar deberá incluir senderos que nos ayuden a crecer como personas,

¡A volar!

Al principio en su vuelo al éxito lo tildarán de ‘loco’, pero luego dirán que lo conocen y hasta que lo apoyaron.

No espere más:

Nunca anhele recibir más de lo que da; no todos conservan el corazón misericordioso que late en usted.

¡Enfréntelo!

Escapar del miedo solo hace que él aumente. Cuando lo enfrente con dignidad, usted lo vencerá.

Consejos:

Aprenda a alegrarse sin alcohol, a soñar sin drogas, a conversar sin celular y a amar sin condiciones.

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