martes 07 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

Si lastimamos a alguien debemos pedirle perdón

Fallarle a alguien, sin lugar a dudas, es grave. Sin embargo, ayuda mucho el pedir perdón, enmendar y, por supuesto, no volver a cometer ese error.
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Todos, casi que sin excepción alguna, hemos fallado. Y en muchos de esos traspiés probablemente le hemos causado desilusiones a alguien, nos hemos equivocado con nuestras parejas y, de pronto, hemos cometido ciertos actos de deslealtad o de indelicadeza con nuestros semejantes.

Hay que reconocer los desaciertos y asumir las consecuencias; de igual forma, es necesario sanar las heridas que tales equivocaciones hayan podido causarles a otros seres.

Respeto y valoro a quienes son capaces de poner la cara ante sus errores, que asumen sus responsabilidades y, mejor aún, que entienden que deben resarcir sus faltas con los demás.

Reconocer nuestras ‘salidas en falso’ nos sanará la memoria y nos permitirá obtener una visión más alentadora de nuestro futuro. Hacer eso es como extirpar del cerebro un tumor dañino que nos hace mucho mal.

Después de ello, debemos pasar al plano de la acción o de la enmienda.

Tanto si les hicimos daño a otros como si nos lo hicimos a nosotros mismos, siempre hay alguna manera de reparar los perjuicios causados. Debemos hacer algo que disipe la lesión que provocamos y eso va desde pedir perdón hasta compensar a los demás por lo sucedido.

Para ello serán claves herramientas claves para actuar tales como el arrepentimiento, la prudencia y el decoro para aceptar que se ha fallado.

Tratándose de nuestros errores, los expertos sostienen que cuando cometemos alguno de ellos, nos conviene reflexionar antes de seguir adelante. De la forma como asumamos el siguiente paso, podremos reivindicarnos con nuestra gente.

Nos corresponde hacer lo que sea necesario para obtener la misericordia de aquellas personas que herimos.

En ese sentido, nos conviene sincerarnos y limpiar nuestro corazón. También debemos tener compasión de nosotros mismos y perdonarnos.

Es mejor sembrar nuevas semillas y hacer aquello que nos podrá redimir. Incluso se debe extraer el mejor aprendizaje a partir de cada una de nuestras equivocaciones o desatinos.

También dejemos todo en las manos de Dios y confiemos en que Él nos renovará las fuerzas para continuar.

Todos los días son oportunidades para recomponer el camino y en cada amanecer florecen más esperanzas.

Demos lo mejor para corregir y avanzar; si lo hacemos, Dios mismo nos respaldará.

CUÉNTENOS SU CASO!

Las angustias asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo y nos despiertan muchas inquietudes. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos la posibilidad de razonar y aplicar sanas estrategias para curar el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo electrónico: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Mantenía un ritmo de vida sin preocupaciones. Hasta hace poco, la posibilidad de morir era algo que no me pasaba por la mente. Tenía claro que me quedaban muchísimos años para seguir disfrutando y los planes o los proyectos del futuro se tejían a cada rato. Hace dos semanas me diagnosticaron cáncer y, aunque no es algo terminal, sí me tiene muy angustiada y con rabia, prácticamente experimento la incredulidad que todo esto implica. Desde su perspectiva, ¿Qué debo hacer para sobrellevar esta enfermedad? Espero que me dé uno de sus sabios consejos. Gracias”.

Si lastimamos a alguien debemos pedirle perdón

Respuesta: Es obvio que debe tener el tiempo propicio para asimilar la situación. Del mismo modo como el cáncer la tomó por sorpresa, también él le puede ocasionar una amplia variedad de sentimientos que usted no estaba acostumbrada a enfrentar. Es decir, es normal sentir incredulidad, consternación y hasta enojo.

Así las cosas, requiere de un momento de ajuste para entender lo que implica la enfermedad y sobre todo las opciones de tratamiento médico que hoy tiene.

Respire profundo y organice sus pensamientos. Más allá de ese diagnóstico, no puede renunciar a tener el control de su vida. Infórmese tanto como pueda acerca de su cáncer, procurando que esa información que consiga no la angustie más. Pregunte a su médico y no tema decirle cuando no entienda algo. Algunos estudios incluso indican que las personas que conocen bien su enfermedad y su tratamiento tienen más probabilidades de seguir sus planes de tratamiento y de recuperarse con más rapidez que quienes no indagan sobre el tema.

Además, usted misma dice que el cáncer no es terminal y, por lo tanto, debe seguir todas las instrucciones médicas que le planteen los profesionales.

Es obvio que debe aceptar lo que le pasa y hacerlo con la mayor responsabilidad posible.

Hay muchas razones para sentir esperanza. Conozco centenares de personas que han tenido cáncer y que están vivas hoy en día e incluso dan testimonio de cómo pudieron superar este mal. Es decir, sus posibilidades de vivir con el cáncer y sobre todo de derrotarlo son mejores ahora que nunca antes. Además, las personas con cáncer pueden llevar vidas activas, aun durante el tratamiento.

A la par con las acciones médicas será preciso mantener la fe intacta y pedirle a Dios que le dé fortaleza y serenidad para pasar este duro momento de su vida.

¿Sabe algo? No vea el mal como una tragedia, sino como una llamado de atención de la vida misma. Tal vez el destino le está pidiendo que se dé cuenta de la importancia de disfrutar las cosas pequeñas de la vida. Vaya a lugares donde nunca ha estado, termine proyectos que habían empezado pero que dejó de lado, pase más tiempo con los amigos y la familia o reanude amistades rotas.

Cuando la vida nos mueve el piso con una noticia de este tipo, aprendemos a ver cosas que antes aparecían invisibles, pues aquello que ayer era insignificante y minúsculo se convierte en grande y poderoso. ¡Hágame caso y me cuenta cómo le va!

REFLEXIONES CORTAS

Si lastimamos a alguien debemos pedirle perdón

* “El éxito no llega por casualidad: él es trabajo duro, perseverancia, aprendizaje, sacrificio y sobre todo amor lo que hace”. Eso lo dijo el más grande del fútbol: Pelé.

* Suele suceder que le pedimos al Creador que cambie nuestra situación, sin saber que Él nos puso en esa circunstancia para cambiarnos y enseñarnos algo importante.

* Nos enseñan a contar los minutos, las horas, los días y los años; sin embargo, nadie nos explica el valor de un momento y todo lo que podemos lograr con él.

* La vida es simple, no la complique. Siga disfrutando de lo que los días le ofrecen. Nos pasamos a toda hora esperando que algo pase y lo único que pasa es la vida.

* La paciencia es un árbol de raíz amarga, pero de frutos muy dulces. Yo ya entendí que la vida es un proceso que implica el tránsito por diversos ritmos y momentos.

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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