martes 30 de abril de 2019 - 12:00 AM

Si no nos enfrascáramos, podríamos navegar y conquistar mejores horizontes

Cambiar nuestros necios esquemas mentales, ver la vida desde perspectivas esperanzadoras y tenernos la fe suficiente son estrategias claves para conquistar nuevas metas.

Con relativa frecuencia nos enfrascamos e insistimos en ‘navegar’ en medio de los ‘remolinos’ de nuestra negatividad.

¡Es lamentable que ello ocurra!

Lo menciono porque si nos lo propusiéramos usted, yo y en general todos podríamos alcanzar mucho más de lo que hemos realizado hasta el momento.

No obstante, solemos encontrar en el camino algunos obstáculos que nosotros mismos ‘alimentamos’. Hablo del pesimismo, de la ansiedad, de la poca fe, de la indisciplina, de la no perseverancia y, sobre todo, de la falta de voluntad.

De manera constante nos enfocamos solo en las ‘tragedias’ en las que hemos convertido la vida; y en últimas, así atraemos más circunstancias adversas. Solemos levantar barreras que contribuyen a ‘autointimidarnos’ y, de paso, nos olvidamos de pensar en grande.

También tenemos la falsa idea de que la felicidad es algo que se encuentra por fuera, cuando la paz de todo gran espíritu yace al interior de cada ser.

¡Somos demasiado banales!

No podemos valer solo por lo que aparentamos o por las cuentas bancarias, mucho menos por los apellidos o los lujos. Tampoco la apariencia física es una prueba de garantía; la clave es la esencia.

También es claro que no podemos quedarnos ‘rumiando’ tristezas o fracasos; y no debemos permitir que sean otras personas las que vengan a opinar y a tomar las decisiones que solo nuestros propios corazones deben asumir.

Resolver todos estos obstáculos nos ayudaría a revitalizarnos. Es más, la sola idea de intentar vencerlos podría ser el primer paso para sobreponernos a ellos y salir victoriosos.

Está comprobado que una práctica permanente y sostenida del optimismo es la vía con la que podemos alcanzar metas.

Todas estas palabras le apuestan a apartarnos de pensamientos negativos y a dejar de depender de otros para actuar.

¡Claro! Lo anterior implica ser autónomos e ir tras nuestros sueños, dejando atrás las percepciones de fracasos y callando las voces de las personas que quieren mandar en nuestra vida y que, de alguna forma, intentan manipularnos.

Con seguridad, al leer estas líneas, usted dirá que llevar estas buenas intenciones a la práctica no es del todo fácil.

Si piensa así, le planteo algo: Pregúntele con calma a su corazón qué es lo que anhela, para que desde allí surjan las estrategias que marquen el rumbo exitoso de su vida.

Está en mora de identificar cuáles son los impedimentos que ha venido cultivando, tal vez sin darse cuenta. Solo usted mismo, oyendo cuidadosamente a su corazón, puede intuir qué es lo que más le conviene en cada circunstancia y cuáles son las decisiones que le corresponde tomar.

Sus análisis deben ser claros y lo más objetivos posibles; además deben estar rodeados de la mayor serenidad y el máximo optimismo para que ellos sean válidos y seguros.

Recuerde que sus pensamientos de felicidad son prendas de garantía para acceder a su bienestar y, de paso, contagian a quienes le rodean.

Viva alegre para que estimule su propio optimismo y para que afirme su entusiasmo.

Cada día, al levantarse, agradezca la oportunidad de gozar de un amanecer más y de las bendiciones que Dios le ha dado.

Esta es una invitación a vivir con una sonrisa en el rostro. La alegría atrae salud y ella es equilibrio interno; y si usted tiene paz interior, podrá proyectarla.

Cuide su salud física y mental, cultive su vida espiritual y destierre esa quejadera que suele atacarlo cada vez que tiene un problema.

El amor a sí mismo es un decreto natural que Dios puso en su corazón. En cambio, el desamor que usted se profese causa todo el desajuste mental y emocional que afecta a su vida.

¡Quiérase y quiera al mundo más allá de las angustias!

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