martes 24 de noviembre de 2020 - 12:00 AM

Siga remando, pronto llegará a tierra firme

En tiempos difíciles, no tiene de otra que seguir remando. ¡Y si tiene fe, Dios lo orientará!
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Tal vez usted sienta que va de espaldas en un bote que está a la deriva y en medio de un afluente extraño, el cual parece no calmar sus aguas.

Comprendo que esté asustado y que se vea algo perdido. Es probable incluso que se perciba hoy como una persona demasiado frágil.

No dudo que esta complicada situación que llegó a su vida lo haya hecho cuestionarse sobre qué ha hecho mal o por qué le ha correspondido sufrir de esta forma.

¿Sabe algo? Todos en algún momento de esta crisis nos hemos formulado las mismas preguntas.

Conozco a varios ‘navegantes’ en la vida que, a pesar de ir con la brújula correcta, han librado batallas y al mismo tiempo han sido lo suficientemente resilientes como para seguir remando con estoicismo.

Reflexione si la pandemia desenmascaró su vulnerabilidad y dejó al descubierto esos falsos orgullos con los que venía ‘navegando’ su propia vida.

Más allá de esa gran verdad y de la tribulación misma, tenga presente que en su embarcación usted va con Dios.

Y a pesar de que el tiempo parezca estar empeorando, no debe dejar de remar. Es más, en la medida de lo posible le corresponde apreciar el paisaje que el viaje le depare.

No importa que piense que va a un ritmo que no es el más apropiado, lo importante es no salirse del cauce y pedirle a Dios que le ayude a enderezar el bote.

Jesús remará con usted. Él solo le pide que sea constante, que tenga confianza en usted mismo y, sobre todo, que no pierda su voluntad para remar a pesar de que sienta que ya no tiene fuerzas.

En medio de esta situación tan difícil, como nunca antes, Él será ese faro de luz que llevará esperanza a su corazón.

Más allá de las olas bravas que le han sacudido este 2020, siga navegando incansablemente y no descanse hasta llegar a tierra firme.

Yo sé que los problemas abundan y que se siente cansado de trasegar por estos duros temporales, pero no se vale desfallecer.

En medio de esta situación tan complicada por la que pasa usted y en general todos nosotros, no pierda la fe.

Es importante hacer un discernimiento permanente sobre lo que le acontece y, por supuesto, debe pedir la Luz de Dios para que ilumine su barca.

El Creador, a través de este proceso, solo quiere desvanecer su orgullo, probar su corazón y hacerle ver la importancia de la vida misma. De hecho, así lo hizo con los apóstoles en aquel pasaje de la Biblia, en el que Él los libró del naufragio.

No hay duda de que el Señor quiere que usted termine la travesía y se demuestre que será capaz de capotear la corriente.

Le garantizo que cuando todo esto termine, que será muy pronto, sentirá que habrá renacido a una especie de ‘nueva normalidad’ y con un mejor porvenir.

Quizás sea una realidad un poco distinta a la que tenía antes de la pandemia. No obstante, sentirá que habrá valido la pena remar y, sobre todo, podrá disfrutar la vida plenamente con la certeza de que habrá renacido. ¡Dios lo bendiga!

¡CUÉNTEME SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en esta época. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Hábleme de ellos para reflexionar al respecto en esta columna. Envíeme su testimonio al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Este año, con la tragedia que llegó con esta prolongada pandemia, me llené de ansiedades. Vivo con tensiones por los cambios que se avecinan en mi entorno; además me asaltan las angustias y todo en mí es incertidumbre. Ha sido un tiempo de zozobra; también los problemas económicos me han afligido. Tengo miedo y paso por serios momentos de desgano. ¿Qué me puede aconsejar?”

Respuesta: Comprendo la situación por la que atraviesa. Le podría decir, de entrada, que me parece relativamente ‘normal’ lo que siente, pues esta pandemia ha desencadenado grandes preocupaciones por doquier.

Sé que tiene una gran carga de tensión, pero en este momento será preciso suministrarse una dosis de serenidad.

¿Se avecinan cambios para usted? ¡Asúmalos! Este año crítico lo ha puesto de cara a nuevos retos y será fundamental adaptarse a cada uno de ellos con dignidad y entereza.

Más allá de la incertidumbre que pueda sentir, quiero decirle que los cambios son importantes y necesarios. Si lo reflexiona bien, todos serán para su provecho y beneficio; incluso le ayudarán a su desarrollo personal.

Si su mente está abierta, será más fácil descubrir lo que la vida misma le quiere enseñar. Aproveche al máximo lo que su intuición le indique, pues ella lo orientará y le ayudará a encontrar alternativas de solución a los problemas que se le han presentado durante estos últimos meses.

Siempre y cuando sea valiente y se decida a actuar con disciplina y fortaleza, saldrá adelante.

Le recalco que no puede dejarse llevar por el desgano ni por los desmayos. Aleje de usted la tristeza y el pesimismo que, por lo que veo, han sido sus ‘grises compañeros’ durante este tiempo difícil de pandemia.

Pese a que ha tenido quebrantos en los asuntos de su economía, ellos no le pueden quitar la alegría, ni la paciencia ni mucho menos el entusiasmo de vivir.

Puede estar plenamente seguro de sus capacidades, lo que significa que podrá recomponer sus finanzas y tener la certeza de que saldrá siempre triunfante.

Para que las cosas fluyan con facilidad, deberá nutrir su fuerza interior con esperanza. Tenga claro que debe poner los pies sobre la tierra, ser resiliente y refugiarse en su propia fe.

Este será un tiempo apropiado para intensificar el brillo y la calidad de su espíritu, de tal forma que pueda orientar sus decisiones y rediseñar su futuro cercano. Ore y pídale a Dios sabiduría para actuar. Si lo hace con fe, Él le despejará el camino y lo bendecirá.

REFLEXIONES BREVES

* Todo en la vida es perfecto y sucede en el tiempo de Dios. No pierda la capacidad de maravillarse por el día a día; deje ir cuando alguien deba partir; suéltese cuando lo que agarra lo frene o lo maltrate; confíe en la Divina Providencia; agradezca por la vida y siempre mire hacia lo más alto. No intente controlar nada ni a nadie; lo que sucede es ‘para algo’. Entienda que debe ser feliz y le corresponde tener dominio propio para subir cada escalón.

* Abrir nuestros corazones a Dios no tiene nada que ver con usar palabras rebuscadas. Mientras abramos nuestros corazones y le hablemos con fe y busquemos su guía, Él nos escuchará y nos abrirá sus manos.

* Viaje, explore e indague entre sus sueños cuáles son sus objetivos. Vuele hacia ellos y sepa que, así estén lejos, usted se acercará a ellos a medida que les dedique sus esfuerzos. ¿Qué le estoy proponiendo? Que se tome su tiempo para soñar cosas bonitas que despierten su felicidad, pero que lo haga con los ojos abiertos. Se lo digo porque al soñar, tendrá la libertad absoluta de imaginar para después despertar y crear todo lo que quiera hacer con su mundo.

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