sábado 17 de octubre de 2020 - 12:00 AM

Sin tapar nuestra realidad, pintemos la vida en positivo

Si analizamos los problemas de una perspectiva distinta a la del miedo, podríamos pintar un mejor escenario para nuestra vida.
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Los que viven haciendo balances, midiendo resultados o comparando cifras, por obvias razones, no han tenido otra opción distinta a la de pintar en sus cuadros estadísticos flechas que apuntan al suelo o que retratan saldos rojos.

No los critico, pues esta no ha sido época fácil para nadie. Además, no podemos tapar el Sol con las manos o hacer como si nada estuviera pasando.

Más allá de esa verdad creo que hoy, más que nunca, deberíamos entender que la vida solo tiene sentido cuando hacemos que valga la pena. Total: la dirección de nuestra cotidianidad no debe apuntarle al desánimo.

Hay dos opciones ante los problemas actuales: ponernos a llorar o enfrentarlos.

Sea como sea, la forma en que asumamos los acontecimientos hace la gran diferencia.

Y no creo que sirva de algo vivir acongojados por lo ‘duro’ que ha resultado este 2020. ¿Qué logramos al quedarnos afligidos por lo que no pudo ser?

Tal vez hemos sentido durante esta larga pandemia que el mundo se nos acaba, pero ¿No creen que nos hemos dedicado más a lamentarnos que a pintar un mejor mañana?

Les reitero que si insistimos en hacerle un ‘monumento’ a la tristeza, nos abatiremos más. Hay que aprender a mirar la adversidad desde una perspectiva constructiva y enfocarla hacia la búsqueda de reales soluciones.

En lugar de anidarnos en la desazón, démosles una vuelta a los problemas y proyectémoslos como retos antes que amenazas. ¡No es una tarea sencilla, pero no hay que decaer!

Esto es un asunto de actitud. Usted, yo y en general todos podemos elegir cómo sentirnos por las cosas que nos están sucediendo. Es esencial recurrir a una buena fuente de motivación, entre otras cosas, porque nos estresaremos menos y veremos todo más diáfano.

Y si tenemos fe será mejor, pues de la Mano de Dios esta misión será más llevadera.

Dirijamos los pensamientos de una forma más entusiasta. Prestémosles atención a las cosas más evidentes y prácticas de esta época que nos correspondió vivir.

Si seguimos convencidos de que nada puede cambiar, dejaremos de intentar cosas y la pandemia nos golpeará más.

Empecemos a creer que cosas buenas nos van a suceder y, por ende, pensemos en que tendremos resultados halagüeños.

Mantengamos siempre el corazón abierto, la cabeza erguida, el espíritu optimista y sobre todo la fe intacta.

Conectémonos con la energía del Señor. Aunque el mundo entero nos dé la espalda, Él nunca nos abandonará.

Dios responde a todas las plegarias, incluso hace milagros en nuestra vida que a veces ni siquiera sabemos valorar.

Eso sí, no le pidamos que nos dé grandes riquezas ni una vida de lujos; solo solicitémosle que nos permita estar con lo necesario para vivir feliz y en paz, con salud y al lado de nuestros seres queridos.

Seamos buenos seres humanos, tengamos misericordia con el prójimo y hagamos las cosas de la forma correcta.

Y cuando no encontremos el trayecto pidámosle al Creador, a través de la oración, que nos dé luces. Si lo hacemos, podremos sentir una tranquilidad absoluta.

Démonos la oportunidad de vivir otra vez todo aquello que nos hace felices y nunca nos demos por vencidos.

¡Ánimo y vamos para adelante!

¡CUÉNTEME SU CASO!

Las inquietudes asaltan a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Hábleme de ellos para reflexionar al respecto en esta columna. Envíeme su pregunta al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Pregunta: “Ha sido un año demasiado lúgubre y lo peor es que no creo que en el 2021 cambie el panorama. Presiento que con el paso de los meses todo estará peor por culpa de la pandemia. No siento que pueda salir de esta mala racha y, por el contrario, mis problemas se multiplicarán día a día. ¿Cuál será la fórmula precisa para liquidar todas estas angustias? Deme un consejo, por favor”.

Respuesta: Si bien este no ha sido un año alentador, no veo la razón para andar en ese plan de ir pronosticando que las cosas empeorarán.

¿Sabe algo? No es la pandemia la que lo tiene mal, son sus pensamientos negativos los que están haciendo que se llene de ansiedades. Ese ‘parloteo’ que le repite en la mente que “todo saldrá mal” es un pésimo consejero.

¿Por qué no pensar que todo saldrá bien?

Lo anterior, más que un juego de palabras o un positivismo ingenuo, es una mirada esperanzadora del año venidero.

Todas las fuerzas del universo responden a los pensamientos que más cultive. Así las cosas, mucho cuidado con lo que piensa. Si se empecina en atraer como un imán a la mala vibra, disparará sus afanes.

¡No se ocupe antes de tiempo! El futuro no tiene porqué ser tan oscuro como se lo ha tatuado.

Sus exagerados pensamientos hacen que se desborden sus temores. Ellos lo único que hacen es ensombrecer su mundo, ya que cualquier cosa amable que le suceda quedará anulada ante tanta negatividad.

Tenga la fortaleza suficiente para enfrentar las vicisitudes. Es hora de cambiar y, por ende, tiene que aprender a dominar esos temores que arruinan sus pensamientos y que lo atosigan con un pronóstico tan equivocado de su futuro.

Si se lo propone, puede liquidar sus angustias y asumir las situaciones que le traiga el mañana con serenidad. Claro está que para salir de las ‘garras’ de la intranquilidad debe tener confianza y, por supuesto, asumir que todo le sonreirá.

Debe tener la capacidad de saber qué hacer en el momento preciso y manejar cualquier situación difícil. De esta forma conservará la cabeza fría, el corazón caliente y la mano lo suficientemente abierta como para actuar y salir adelante.

Una perspectiva equilibrada le dará la oportunidad de ir por la vida con la debida prudencia. Si afina sus oídos, tendrá la capacidad para sintonizarse con cada uno de los momentos bellos que Dios le regale. Puede caerle la tarde, pero si sabe sacarle provecho al bienestar del crepúsculo, las difíciles situaciones que le lleguen se verán como lo que son: aprendizajes.

Tal vez no tenga el control de muchas cosas, pero asumir una sana actitud sí está en sus manos. Diseñe estrategias de acción y pídale a Dios sabiduría para optar por el mejor camino.

REFLEXIONES CORTAS

* Por más que se sepa de memoria todos los capítulos y versículos de las Sagradas Escrituras, nunca logrará ser una buena persona si se la pasa criticando a todo el mundo, juzgando, humillando o discriminando por doquier. Usted se convierte en un ser que expresa espiritualidad cuando vive en este mundo sin quejarse, asumiendo cada circunstancia que deba afrontar y ayudando cuando pueda al más necesitado. ¡El viaje espiritual es hacia adentro, no hacia afuera!

* No es necesario que se arrepienta de nada, ni que pague penitencia por los errados pasos. Sin embargo, sí tenga claro las cosas que no volvería a hacer y siempre borre lo que no sirve. Tras un tropezón, levántese y recomponga el camino.

* Antes de hacerle daño a una persona, tome una hoja y arrúguela. Luego trate de dejarla como estaba y se dará cuenta de que por más la planche no volverá a ser la misma. El corazón de nuestro prójimo es como ese pedazo de papel: una vez que lo haya herido, será difícil volver a dejarlo como lo encontró.

* Consejos para hoy: Suelte lo que le pesa, ame lo que tiene, agradezca lo que llega y no deje de darle gracias a Dios por las bendiciones recibidas.

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