sábado 25 de enero de 2020 - 12:00 AM

¡Sobrepongámonos a las dificultades con fortaleza!

Cuando nos aparecen los problemas debemos tomarnos el tiempo que sea necesario para reflexionar sincera y objetivamente sobre lo que nos está ocurriendo. Si no lo hacemos y seguimos postergando los pasos decisivos que debemos dar, terminaremos sumergidos en nuevos atolladeros.
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Las adversidades, si bien nos mueven el piso, también aparecen de manera precisa para que reaccionemos y les demos la cara a la vida.

Cuando esos sucesos difíciles alteran nuestra tranquilidad, debemos sobreponernos a ellos con altura. En últimas, ellos nos evidencian ciertas realidades cotidianas, emocionales y espirituales que no hemos querido tener en cuenta.

Los ‘golpes en el estado ánimo’, esos que surgen con cada problema, nos avisan que debemos sacar las fuerzas suficientes para no amilanarnos.

También nos corresponde desterrar esas ‘taras’ que guardamos en el interior y que obviamente afectan el quehacer diario.

En lugar de huir de las duras situaciones o de escondernos como el avestruz, es fundamental sacar el máximo provecho y aprendizaje de las lecciones que esas situaciones plantean.

No permitamos que la inseguridad o el temor ‘reinen’ en el entorno. Solo si enfrentamos de manera valiente las dificultades, sentiremos que nos estamos liberando de esas cadenas que nos aprisionan.

También nos demostraremos a nosotros mismos cuáles son nuestras capacidades y potencialidades. ¡Sabremos de qué pasta estamos hechos!

Los problemas se resuelven favorablemente cuando existe el coraje de verlos ‘cara a cara’ con mentalidad adulta, con espíritu guerrero y con un corazón noble y generoso.

Pensemos que todas las cosas que nos suceden retan nuestra capacidad de acción, para descubrir otras formas armoniosas y positivas de asumir el diario transcurrir.

¿Tenemos problemas por resolver? Pues enfrentémoslos con dignidad. Asumámoslos como lo que realmente son: oportunidades de aprendizaje que la vida nos brinda para actuar con maestría.

Si a pesar de estas recomendaciones sentimos que las vicisitudes se nos están saliendo de las manos y creemos que ya no podemos controlar todo lo que ellas generan a nuestro alrededor, valdría pena que hiciéramos un alto en el camino para analizar de manera juiciosa lo que nos pasa.

A veces hay que aprender a ceder un poco y a comprender que la vida no siempre es ‘color de rosa’. La verdad, no todo sale como lo tenemos escriturado.

Si asimilamos que ciertas cosas no nos salen como anhelamos, podremos tener más claridad para actuar.

En medio de la aceptación, entenderemos cuáles serán las acciones que realmente nos corresponde ejecutar.

Y tal vez sea clave que cambiemos de estrategias y abordemos desde otras perspectivas los problemas que nos aquejan.

El renovarnos nos permitirá ver distintas alternativas de acción, más acertadas y eficientes, para ganar la batalla final, que es lo que en últimas importa.

A veces nuestro inexplicable temor a los cambios, a las formas diferentes de asumir la vida y de cumplir con nuestras agendas suelen dejarnos en un limbo de indecisión o de duda.

La incertidumbre, en lugar de favorecer nuestro verdadero desarrollo, nos frena el crecimiento y nos llena de estrés y de sensaciones de fracaso y de impotencia.

Suele suceder que estamos atorados y no nos damos cuenta de que nos encontramos de pie, -pero sin movernos-, precisamente frente a la puerta que podría conducirnos a la transformación.

Podremos salir del atolladero en el que nos ‘sumergimos’, siempre y cuando tengamos voluntad de cambio y de adaptación a las nuevas condiciones.

Descubriremos que por estas vías renovadoras tendremos mejor disposición y capacidad para sacar adelante toda la fortaleza que tenemos y que aún no hemos explorado.

Cambiemos para bien y todo se transformará.

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

¡Sobrepongámonos a las dificultades con fortaleza!

Testimonio: “Soy muy responsable. He trabajado mucho para lograr lo que tengo: laboro de día y de noche. Y le confieso que me ha ido bien. Pese a ello he comenzado a sentir que no tengo tiempo ni para tomar un respiro. Mi familia me reclama por eso. Pese a ello, sigo empecinado en trabajar cada día más, diseñando metas más altas. No le niego que a veces me siento cansado y vacío en medio de tanto estrés. Pero también le cuento que hacer otra cosa me aburre muchísimo. Soy un hombre de 38 años y no sé cómo proceder. ¿Qué opina de mi caso? Muchas gracias por su atención”.

Respuesta: Me encanta la idea de que sea responsable y en condiciones normales no tendría por qué preocuparse ante lo que siente. Sin embargo, ¿No cree que se está ‘pasando de la raya’?

Yo sé que en la actualidad casi que es obligatorio ser competitivo y eso significa trabajar más, capacitarse y estar más concentrado. Sin embargo, todo tiene su equilibrio y no hay que olvidarse de la vida misma. Creo que ha estado obsesionado con la idea de cumplir metas y en el fondo la conciencia le está pasando la cuenta de cobro.

Es increíble que por trabajar de una forma descontrolada y compulsiva hoy considere que los demás aspectos de su existencia sean aburridos. ¡Tiene 38 años... por favor! Debe sacarle jugo a esa edad y gozarse la vida, dejando atrás esa adicción al trabajo.

¡Ya quisiera yo tener esa edad!

¿Qué le quiero decir? Que debe darle la misma importancia a cada una de las diferentes facetas que integran su existencia. Si ser responsable lo niega como ser humano y no le permite disfrutar de la vida, es evidente que algo anda mal.

Disciplinas como la sociología y la sicología consideran que la mayoría de la gente está convencida de que hay que ser súper estricto. ¡Calma...! La tranquilidad también alimenta y debería ser otra de sus metas.

Ese afán por demostrarse a sí mismo que se es capaz, ha influido para que cada vez disponga de menos tiempo para su familia y, lo que es más lamentable, se ha olvidado de usted mismo.

La recalco que es importante que asuma su trabajo con seriedad, siempre y cuando esto signifique tener claro que la diversión, el esparcimiento y hasta el disfrute de uno que otro error también hacen parte de la existencia.

El denominado ‘relax’ se requiere para mantener su salud mental.

Hay tiempo para trabajar y para descansar, para estar triste y para estar alegre, para estar serio y para ser divertido, en fin....

Ojo: si dedica las veinticuatro horas del día únicamente a trabajar, someterá su vida a una continua tensión.

Ponerse metas, esforzarse por alcanzarlas y obtener resultados satisfactorios son características de una persona responsable... ¡Lo aplaudo por eso!

Pero dejar que las responsabilidades le impidan disfrutar el resto de las áreas de la vida es un rasgo de perfeccionismo que sencillamente lo encasilla y le puede generar enfermedades.

Debe aprender a disfrutar cada instante a pesar de saber que tiene algo pendiente por hacer o resolver, ya que de esta forma podrá de una manera más relajada darles soluciones creativas a sus problemas, sin privarse de descansar.

Espero que mis palabras le sirvan y encuentre alivio en su agenda. Le deseo mil bendiciones y no olvide que la vida es bella.

REFLEXIONES SUELTAS

Nublado: Todo irá bien, más allá de que el camino esté nublado o gris. ¡Claro! Eso será posible si va de la mano de Dios.

Riqueza: Usted es ‘millonario’ en la vida si tiene en sus manos algo que el dinero jamás podrá comprar: el amor.

Soltar: Para vivir una vida desprendida, no debe considerar nada como de su propiedad. ¡Todo es prestado!

Él comprende: Dios entiende nuestras oraciones, a pesar de que no podamos encontrar las palabras precisas para decirlas.

Mensaje: Deje que la mente se calme y que el corazón se abra. Entonces todo será evidente y podrá seguir.

Bendiga cada día: Agradezca a Dios aunque su día haya sido pesado o estresante. ¡Mañana vendrán grandes bendiciones!

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