lunes 31 de agosto de 2020 - 12:01 AM

¿Su corazón es de piedra?

A veces las personas lloran no porque sean sensibles, sino porque llevan mucho tiempo haciéndose los fuertes. Hay otras que, alejadas de cualquier toque espiritual, se vuelven incrédulos, orgullosos, soberbios o arrogantes. ¡Es tiempo de ablandar nuestros corazones!
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A lo largo de la historia, el palpitar de nuestro corazón ha ido más allá de hacer correr la sangre por nuestras venas y darnos la vida.

Evoquemos, por ejemplo, la sencillez de corazón que siempre acompañó al Rey Abimelec, quien sobresalió por expresar honestidad e impartir justicia en cada una de sus actuaciones. Contrario a él, también recordemos el endurecimiento del corazón del faraón de Egipto, quien siempre indicó una actitud de soberbia contra el pueblo de Moisés.

Claro está que ningún corazón puede llegar a ser más frío como un ‘corazón de piedra’, ese que acompaña a muchos durante estos tiempos. Tal crudeza solo deja ver un estado de insensibilidad espiritual y de indiferencia moral.

¡Alejémonos de esas piedras! No debemos discutir, sino dialogar con el corazón sano. Junto a él podemos encontrar y promover la verdad, la bondad, la justicia y el perdón.

Nuestros latidos son los que nos enseñan a disfrutar los regalos que cada día se nos dan como gracia de Dios.

De hecho, si supiéramos que nuestras horas están contadas, seguramente nada nos haría perder la paz.

No intentemos detener o guardar nada que agregaría risa y alegría a nuestro mundo. Cada día, hora o minuto es clave. ¡Todo es don de Dios!

Todo en la creación y en la vida entera nos habla de Él y de su misericordia.

Debemos usar bien el tiempo para trabajar con responsabilidad, para aprender a ser mejores personas y, sobre todo, para ser agradecidos.

Nos corresponde trascender a través de la oración, principalmente en su modalidad contemplativa y desde un agradecimiento nacido del corazón.

De niños aprendimos a orar con los labios y fue un valioso aprendizaje, pues era el más apropiado para nuestra tierna infancia. Luego aprendimos a orar con la mente a través de la meditación. Más tarde, en nuestra mayoría de edad, aprendimos y comprobamos sin la menor duda que la verdadera y más válida forma de oración y de actuación es la que se hace desde lo más profundo de nuestro ser.

Y descubrimos esa forma de orar porque se hace a través del amor. Este sentimiento es una de las formas más eficientes y actuantes de la energía, que fluye desde tan noble órgano y llega a las personas amadas, ¡estén donde estén!

Hoy se sabe que la forma más fácil y rápida de lograr el pleno desarrollo espiritual consiste en la práctica de la gratitud, porque ella nace y se desarrolla en el corazón, que es precisamente el lugar en donde más tiene su asiento y su asidero la espiritualidad, y en donde reside aquella parte de nosotros que participa de la misma naturaleza de la Divinidad.

El mensaje de hoy es muy sencillo: es una clara invitación a moldear con nuestro corazón lo que a otros se les hace difícil construir con sus manos.

¡Dios los bendiga!

DOY GRACIAS A DIOS

* Aunque me tapo los oídos con la almohada y gruño de rabia cuando suena el despertador... doy gracias a Dios porque puedo oír, pues hay muchos que son sordos.

* Aunque cierro los ojos cuando al despertar el sol se mete en mi habitación... doy gracias a Dios porque puedo ver, pues hay muchos invidentes a mi alrededor.

* Aunque a veces me pesa levemente pararme de la cama... doy gracias a

Dios porque tengo fuerzas para hacerlo, ya que hay muchos seres postrados que no pueden moverse solos.

* Aunque regaño cuando no encuentro mis cosas en su lugar porque los niños hicieron un desorden... doy gracias a Dios porque tengo y disfruto de una familia, ya que en este mundo hay muchos seres hombres que viven en una profunda y triste soledad.

* Aunque la comida de hoy no estuvo ‘buena’ y el desayuno de esta mañana fue algo desabrido... doy gracias a Dios porque tengo alimentos, y hay muchos

seres humanos que hoy se van a acostar con hambre.

* Aunque mi trabajo es a veces rutinario... doy gracias a Dios porque tengo ocupación digna, ya que hay muchos desempleados en este país.

* Aunque a veces no estoy muy conforme con la vida, peleo conmigo mismo y tengo o me busco muchos motivos para quejarme... doy gracias doy a Dios por el precioso regalo de conservarme la vida.

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