jueves 07 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Tema del día: ¿Qué le está pasando a nuestra sociedad?

Antes el respeto se cultivaba en casa y se ratificaba en la vida diaria; también el decoro y la decencia imperaban. Hoy estamos experimentando un profundo vacío de valores.
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La sociedad de hoy día nos sorprende a muchos y lo hace de manera negativa. Las cosas ya no son como antes: El valor de la palabra se extravió, los hijos no obedecen a sus padres, los jóvenes se prostituyen, los lujos y los excesos son los ‘nuevos activos’, la gente aparenta más y la justicia cada día es más vulnerable y casi que se ve doblegada al mejor postor.

La violencia se volvió costumbre, los ‘torcidos’ ya no nos sorprenden, los abusos se cometen ‘en las narices de todos’ y, para colmo de males, las buenas obras que hacen muchas personas terminan opacadas por los que sacan ventaja de todo.

Con ese panorama yo me pregunto: ¿Qué será de nuestros hogares? Y no lo planteo como una ‘inquietud cliché’, sino como una reflexión por lo que nos espera.

Nuestros entornos se ‘nutren’ de groserías, de envidias y de agresiones que, en últimas, crean un imperio de devastación en donde increíblemente ser una buena persona es sinónimo de debilidad, porque aquí el ‘vivo vive del bobo’.

Atravesamos por una dura etapa que evidencia un franco deterioro de los valores y, sobre todo, que no nos permite vivir en armonía.

Lo que está en riesgo es nuestra familia, la dignidad de nuestra trabajo, la honradez, la educación, la libertad, el respeto a los demás, la solidaridad, la tolerancia, en fin...

Pero tal vez el problema central no reside en los valores propiamente dichos, sino en que cada uno de nosotros no ha sido capaz de enfrentar la realidad y se ha dejado llevar por la desesperanza.

¡Querámoslo o no, ese es el mundo al que nos enfrentamos!

La verdad es que muy poco hacemos si sólo vivimos lamentándonos y además nos quedamos con los brazos cruzados. Debemos levantar la mirada y hacer lo que esté a nuestro alcance.

¿Y cuál es nuestro alcance?

Ser mejores padres, hijos, compañeros de trabajo y amigos. También hay que ser profesionales dignos y comprometidos con nuestra misión.

Las sociedades simplemente son reflejos de la base en la que han sido edificadas, y en los últimos años los problemas económicos y sociales han aumentado debido a tanta desigualdad. Por eso cada día más suceden este tipo de cosas: personas infelices, personas maleducadas, personas incultas, etc... Son los espejos de sociedades fracturadas por tanta falta de oportunidades y por las pocas esperanzas para el futuro.

Lo que cada quien puede hacer para tener una vida mejor es plantearse a qué vino a este mundo.

Aunque para algunos sea difícil, hay que entender que estar vivo y tener la oportunidad de disfrutar de muchas cosas es una posibilidad para actuar.

La verdad, no nacimos con la vida resuelta y debemos buscar ser la mejor versión de nosotros mismos. Sólo radica en nuestra inteligencia y capacidad de análisis saber cómo tener un vida mejor.

Amigo lector: Preocúpese por ser un buen ejemplo, inculque a sus seres queridos eso que siente que le está faltando a la sociedad. Trate de poner su granito de arena a lo que esté a su alcance y busque cómo influir en los demás de manera positiva, no con falsos mensajes de Facebook. En medio de la reflexión y el debate es que se abren las mejores ideas.

¡Ánimo! Aún en la adversidad el mundo y la vida están llenos de cosas bonitas. Enfóquese en lo positivo y deseche lo negativo.

¡Le envío mil bendiciones!

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio:

“Debo tomar decisiones importantes sobre mi futuro, pero no me atrevo. Por un lado está el romper con la mujer con la que he compartido mis últimos 10 años de mi vida, para formalizar mi relación con otra que apareció y que hoy me mueve el piso; y por el otro está la opción de irme a vivir con ese nuevo amor al extranjero, dejando mi empleo actual. Tengo dos hijos de mi primera relación y la verdad en la oficina me va muy bien. Sin embargo, ese amor que surgió es muy fuerte. De todas formas, la incertidumbre arrecia. ¿Qué me aconsejaría?”.

Tema del día: ¿Qué le está pasando a nuestra sociedad?

Respuesta:

Aunque su caso es más difícil de resolver de lo que parece, la realidad es que se hace mucho más práctico cuando utilizamos las herramientas ideales. Con esto que le voy a exponer a continuación créame que encontrará de manera acertada su propia respuesta.

Lo primero que debe hacer es una lista de los ‘pros’ y de los ‘contras’ de cada decisión que tome: lo positivo y lo negativo de quedarse con su hogar y su trabajo; y lo positivo y lo negativo en cuanto a irse con su nueva pareja al exterior.

Después de tener terminadas las listas, identifique en cada una cuál de las cosas negativas podría arruinar su vida. Es decir, cuáles de esas cosas negativas podrían ser tan fuertes que opacarían las cosas buenas de tomar esa decisión.

Si, por ejemplo, se da cuenta de que quedarse en su primera relación o en su oficina tiene algo que pesa más que las cosas positivas que le esperan afuera, absténgase de viajar.

Si analizando las cosas positivas de su nueva relación se da cuenta de que estas están muy por encima de las cosas o personas que deja, pues está más que claro que debe irse con ese nuevo amor.

Ponga bien los pies sobre la tierra para que no tome decisiones por impulso y más bien lo haga con cabeza fría.

Recuerde que como seres humanos somos vulnerables y volátiles, por lo que si hay cosas que nos perturban podríamos caer en la tristeza, la incomodidad, la frustración o la decepción.

Piénselo bien, usted se está jugando no solo su futuro, sino también el de su hogar, el de su trabajo y el de ese nuevo amor que surgió.

Por eso es tan importante identificar qué estamos dispuestos a aceptar y qué no cuando debemos tomar una decisión riesgosa. Debemos conocer muy bien con qué consecuencias nos podremos enfrentar para saber si estamos dispuestos a asumirlas o si, por el contrario, no es así. Si no se hace este trabajo previo llegará la frustración: “Esto no era lo que yo quería”, “Esto no es lo que imaginé”, “Yo pensé que sería así...”

De todos modos recuerde que la intuición es una de las armas más infravaloradas del ser humano, ya que ésta nos brinda la capacidad de saber tomar decisiones basadas en lo que nos dicta nuestra mente, corazón y espíritu, como una triada.

Trate de meditar mucho y pídale a Dios que le envíe señales ante las decisiones que piensa tomar. Las respuestas siempre están en nuestros corazones, solo que no hemos desarrollado la capacidad de reconocerlas como debe ser.

Una última recomendación: Cualquiera sea la decisión que tome no se arrepienta de nada. Cada paso que dé, más allá de los resultados, es importante y tiene su valor. ‘Cero recriminaciones’. Actúe con la mayor serenidad posible. ¡Le envío un abrazo!

REFLEXIONES SUELTAS

* Quédese con la tranquilidad de saber que hizo lo correcto y que actuó bien; respire tranquilo y sonría.

* Nadie tiene la vida comprada, todo se puede acabar en un abrir y cerrar de ojos. Por eso, disfrute el hoy.

* Esté en donde esté, la clave es ser auténtico. Procure que su huella se identifique por su buena siembra.

* No pretenda quedar bien con todos: la gente lo amará por lo que es y otros lo odiarán por la misma razón.

* Lo importante no es saber lo que uno tiene en la vida, sino saber lo que uno vale. ¡Jamás se menosprecie!

* La mejor venganza es la felicidad. Nada vuelve más amargado a su enemigo que verlo feliz todo el tiempo.

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