martes 28 de enero de 2020 - 12:00 AM

Todo tiene su curso normal

Dejar que la vida fluya es entender que cada cosa que nos ocurre, ‘mala’ o ‘buena’, llega para algo y supone siempre una oportunidad para conocernos mejor a nosotros mismos y a los demás.
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No por mucho madrugar amanece más temprano, dice un viejo proverbio. ¡Y es cierto! Por más que nos precipitemos para apresurar el logro de algo, lo que ha de ocurrir se dará solo en el momento preciso.

Todos los acontecimientos de la vida deben seguir sus cursos naturales.

Así pretendamos vivir con afanes y siguiendo las letras de nuestros propios libretos, no podemos olvidar que todo tiene su hora.

En muchas ocasiones nos empeñamos en ‘nadar contra la corriente’ y al final descubrimos que el agua de un río siempre nos llevará hacia adelante, so pena de ahogarnos.

Si intentamos tener absolutamente todo bajo control, tarde o temprano nos vamos a estrellar.

Es absurdo pretender que todo se haga a nuestra manera o querer dominar el mundo al ritmo de caprichos.

A veces queremos forzar relaciones que ni siquiera nos convienen, aspiramos a puestos laborales que no son para nosotros y muchas veces insistimos en formas necias de actuar, solo para que la vida se dé de acuerdo con nuestros antojos.

Si insistimos en que todo se nos dé a juro, estaremos propensos a las frustraciones.

Si somos tercos, cuando nos surja algún imprevisto o algo inesperado nos dará tanta rabia que hasta nos rebelaremos con la vida misma. Así las cosas, nos llenaremos de quejas en vez de ponernos en marcha. Lo peor es que nos decepcionaremos y nos consideraremos como víctimas, cuando no es así.

¿Es su caso? ¿Por qué no empieza a fluir con la vida? En lugar de dedicarse a resistir o a esquivar las cosas del diario vivir, relájese y permita que la cotidianidad siga su curso y que las experiencias vengan a su debido tiempo, sin intentar detener o adelantarse a los acontecimientos.

¡No corra... La vida tiene su ritmo! Acepte, no luche; disfrute, no se amargue; y aproveche las circunstancias en lugar de negarlas o hacerse el de la vista ciega.

Lo anterior implica dejarse sorprender por lo que pasa en cada momento. ¿Qué saca con planificar las 24 horas del día, si en un abrir y cerrar de ojos todo puede cambiar?

¿Cómo hacerlo? Confíe más en su intuición, a pesar de los signos adversos que le presente la realidad.

Practique la misma paciencia del que siembre la semilla de un árbol y sabe que no brotará hasta que tanto haya fortalecido sus raíces.

También es fundamental que se libere de esos miedos que le impiden seguir creciendo. Aceptar lo que sucede a su alrededor, sin que por ello tenga que resignarse a sufrir, también le ayudará.

Comprenda que algo puede suceder o no. Por ello, no hay nada que esperar. Analice la situación que vive y luego decida qué hacer.

Conéctese con el presente. Viva en el aquí y en el ahora, en conexión con cada instante, de tal forma que la vida misma le ofrezca las debidas señales.

Eso no quiere decir que se quede con los brazos cruzados. Tiene que levantarse y ponerse manos a la obra para ir en pro de sus anhelos.

Siguiendo su propia naturaleza, creciendo desde el interior y desarrollando así su mayor potencial, la vida lo premiará.

Si tiene claro que su intuición no le va a fallar y que ella siempre le indicará el mejor camino a seguir, podrá mirar hacia el frente.

Manténgase optimista y positivo, aún en medio de ese ‘mar de situaciones’ oscuras y negativas que suelen ocurrirle de vez en cuando.

Eso sí, deberá actuar de una manera equilibrada en todo cuanto haga, dándole a cada situación la atención que de verdad se merece.

Mire su alrededor con optimismo, deje anidar en su corazón esperanzas, sueñe con nuevas cosas y recupere sus anhelos, porque ellos son los motores que dinamizan la existencia y lo llevarán al éxito.

La vida es bella, solo hay que dejar que ella se dé en el tiempo de Dios.

Todo tiene su curso normal

CUÉNTENOS SU CASO

Las inquietudes asaltan a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “No le encuentro sentido a mi vida. No siempre fue así, antes era muy exitoso; sin embargo, el mundo me giró bruscamente y fracasé. Me reprocho una y otra vez por lo tonto que fui. Me siento frustrado y le recrimino a Dios por no ayudarme o por no detener mi caída libre. Espero que atienda mi caso”.

Todo tiene su curso normal

Respuesta: Hay momentos en los que las situaciones cambian el rumbo esperado, dando giros insospechados.

Eso, a decir verdad, nos ocurre a todos. Lo que pasa es que en más de una ocasión no estamos preparados para enfrentar esos inesperados movimientos.

Parece que ese fue su caso y de ahí que se sienta defraudado, decepcionado y frustrado.

Yo viví algo similar: tropecé y sentí que mi vida se me venía abajo, lo que hizo que mi estado de ánimo se debilitara. Pero me levanté y véame ahora aquí aconsejándole.

De entrada quiero darle un sano consejo: no culpe a Dios por lo que le pasa; mejor tenga fe en que Él le dará una mano.

Además, usted no está en el piso del todo. Tiene salud y mucha vida por delante.

Tal vez el experimentar la derrota y afrontar resultados inesperados lo hacen sentir que ‘ha tocado fondo’, pero es obvio que hay tela por cortar.

Le advierto, eso sí, que si sigue con esa actitud pesimista, en cualquier momento su estado de ánimo se terminará de hundir, y esa fea sensación lo podrá llevar a peores instancias.

Usted tienes dos opciones: quedarse amargado, padeciendo por lo que pudo ser y no fue; o levantarse y decidir vivir.

¡Es su elección!

Sin embargo, me parece que es preciso encontrar razones para vivir y, para ello, debe empezar por deshacerse de las ideas distorsionadas que se anidan en su mente y que le están perturbando su entorno.

Las palabras negativas que se repite a diario tienen una pesada carga emocional y, sobre todo, ostentan el poder para ‘solidificar’ sus ideas erróneas y su abatimiento.

¡Recompóngase!

Revise bien y encontrará que el solo hecho de gozar de buena salud es un motivo valioso para disfrutar de la existencia.

Cuánta gente ha salido adelante aún estando enferma o en la pobreza más absoluta.

Me parece que lo más fácil es rendirse, quejarse y llorar. Eso lo hace cualquiera.

Salir a devorarse al mundo y trabajar con entusiasmo por lo que se quiere es más alentador que quedarse quieto o con los brazos cruzados. Le falta tener más confianza y recuperar la fe en usted mismo.

Pídale a Dios sabiduría para salir de ese vacío que siente. ¡Levántese y actúe!

REFLEXIONES SUELTAS

* Debemos ser como el Santo Job: aunque perdamos todo, siempre mantengamos la fe y la confianza en Dios, porque Él siempre devuelve el doble. Por muy dura que sea la prueba, resistamos.

* Nunca luche por ser como los demás, trabaje mucho para ser la mejor versión de usted mismo.

* No hay forma para regresar al tiempo atrás y corregir los errores cometidos, pero sí hay tiempo para poner su vida en las manos de Dios y evitar más tropiezos.

* La angustia desalienta el corazón del hombre, pero una palabra alentadora en el momento preciso lo anima.

* Gran verdad: Cada día su tiempo vale más porque le queda menos.

* El corazón que no perdona guarda muchos dolores innecesarios.

* Ejercicio: Póngase frente al Sol y las sombras quedarán atrás. ¡Siempre mire hacia el frente!

* Lo valioso para mí es aquello que me hace feliz, sin dañar a nadie. ¡Es eso lo fundamental!

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