jueves 10 de enero de 2019 - 12:00 AM

Tomar decisiones difíciles

De manera paradójica son las decisiones difíciles las que más nos permiten ver la vida de otra forma y, en muchas ocasiones, ellas nos hacen crecer.

¿Se enfrenta hoy a alguna de ellas?

Si ante nosotros se abren caminos inciertos y no sabemos cuál de ellos recorrer, no podemos meternos en uno cualquiera al azar. ¡Nos corresponde reflexionar y tener la debida prudencia para saber elegir!

Mi padre decía que ante una decisión difícil era preciso respirar con el mismo ímpetu que lo hicimos cuando llegamos a este mundo, sin permitir que nada nos distraiga.

Incluso él recomendaba guardar silencio y escuchar a nuestro corazón.

“Y cuando el pálpito de la intuición nos hable, debemos levantarnos e ir hacia adelante”, replicaba.

Recordemos que nuestra misión en la tierra consiste en descubrir nuestro propio camino. Nunca seremos felices si no les hacemos frente a las incertidumbres.

Yo sé que no es fácil tomar una decisión, entre otras cosas, porque nos da miedo. Suele suceder que el pavor a fallar nos hace esquivar ese reto y nos deja atónitos.

Pese a ello, la realidad nos enfrenta a alternativas trascendentales y en determinados momentos ‘sí o sí’ nos toca definir los pasos a dar.

De manera desafortunada casi siempre usted, yo y muchas personas preferimos evadir las responsabilidades y optamos por seguir haciendo lo mismo antes que arriesgarnos a cambiar.

Nos resulta menos estresante quedarnos quietos, que arriesgarnos a perder. Por eso es que a muchos los cambios nos toman por sorpresa y luego, casi que a regañadientes, nos toca asumir los ajustes que la vida nos tiene.

Ojo: el mundo nos grita que evolucionemos y no lo escuchamos. ¿Por qué? Porque pensamos en el tremendo esfuerzo que supone cualquier alteración y, así las cosas, nos aterramos.

Ha de saber que todo en la vida es una decisión y cambiar es una de ellas. Además, está comprobado que cuando una persona decide experimentar cosas nuevas demuestra que no solo está más sana mentalmente, sino que además logra ser más feliz que aquella que sigue con sus tediosas agendas.

La variedad, aprovechar las oportunidades y, en general, arriesgarse a ver el mundo con unos lentes menos comunes permiten que disfrutemos más nuestra existencia.

Si hemos recorrido un camino cien días seguidos, puede ser que hasta podamos atravesarlo con los ojos vendados sin siquiera tropezar.

Pero también si tomamos una ruta desconocida, eso nos obligará a estar atentos.

Y estar así, concentrados, fomenta nuestra curiosidad, nos abre la imaginación, nos recrea y nos permite conducirnos por la vida con algo más de aventura.

¡Claro que hay riesgos, pero vale la pena asumirlos!

Cuando nos enfrentamos a una incertidumbre, lo mejor es tomar decisiones para aumentar nuestro poder personal, par ser coherentes y mantener abiertas nuestras posibilidades de crecer.

Ojo: La clave no es cambiar por cambiar. De manera sencilla es intentar buscar un camino diferente para ver las otras posibilidades que tenemos a nuestro alcance.

Una vez que hayamos tomado la primera decisión difícil, sea cual sea su desenlace, se habrá abierto un nuevo camino ante nosotros.

Si tropezamos, no importa, por algo será. Además, de todo se puede sacar la mejor experiencia. En más de una ocasión son las equivocaciones las que nos van puliendo.

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