miércoles 01 de julio de 2020 - 12:00 AM

Tratémonos bien, incluso más allá de las diferencias

A todos nos corresponde tener una ‘gota de tolerancia’ a las opiniones de los demás, sobre todo en lo que respecta a temas delicados sobre los que tengamos posturas firmes o rígidas.
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Un profesor me explicó, en mi época colegial, que todas las cosas tienen un ‘ser’, un ‘parecer’ y un ‘de pronto’. Me lo dijo justo un día en el que sostenía una discusión con un compañero de clases por un punto de vista que yo argumentaba y que, según lo que pensaba en ese entonces, era la verdad de las cosas.

En aquella clase el docente me dijo que debía ‘entender’ o ‘asimilar’ la opinión de ese alumno, sin que por eso tuviera que ‘echar para atrás’ mi tesis.

El maestro me recordó que en toda conversación, más allá de la controversia, hay tres aristas: la mía, la del otro y la repercusión que tenga cada concepto.

La verdad es que yo intentaba convencer a mi compañero de mi planteamiento. ¡Y eso no era del todo errado! El problema radicaba en que no sabía decirle las cosas y tendía inconscientemente a ofenderlo.

Ese día, tras el consejo del académico, comprendí que no debía imponer mis puntos de vista, pues cada persona ve las cosas desde su perspectiva.

Cada uno de nosotros tiene su propia convicción y lo más noble es poner de nuestra parte para comprender los puntos de vista del otro. De ahí la importancia de entendernos en la diferencia.

Lo realmente esencial de aquella ‘lección del ayer’ radicó en que debía aprender a llevarme bien con mi compañero, a pesar de que pensáramos distinto.

Todos somos libres de opinar, obrar y hacer lo que creamos mejor, sin que ello nos dé derecho a perturbar a los demás.

De igual forma, para intercambiar nuestra perspectiva a veces debemos ponernos en los zapatos del otro. De esta forma logramos transformar nuestra actitud ‘criticona’ en ‘empatía’. Lo mejor de ello es que terminamos comprendiendo al dueño de los ‘zapatos ajenos’.

Si lo analizamos, el llevarnos bien es una fórmula válida para entender a los demás y, por qué no, para hablar en el marco de la cordura.

Y el tema no es solo del punto de vista, es también un asunto de actitud: ¡Deberíamos dejar de ver enemigos en todas partes!

Tampoco tenemos que exigir determinadas actitudes: Cada cabeza es un mundo. Nadie piensa siempre como nosotros y no debemos tratar de adaptar a las personas a nuestros gustos.

Tampoco debemos distanciarnos de alguien que vea el mundo con una arista distinta. El no pensar como el otro no es razón suficiente para descartarlo de tajo.

También hay que aprender a ser generosos al elogiar y cautelosos al criticar. Los líderes elogian y saben criticar a los demás, dándoles confianza; no humillándolos.

Seamos considerados con los sentimientos del otro. Es clave comprender lo que sienten los demás.

Nuestras opiniones son los reflejos de nuestra formas de pensar y de ver las cosas, pero no siempre esas verdades nuestras lo son para los demás.

En la vida nos encontramos con reacciones que verdaderamente no nos gustan y que nos desagradan. Sin embargo, no tenemos que irnos ‘lanza en ristre’ contra quien piense diferente.

La idea es entender que las otras personas posiblemente no piensen como nosotros y no por ello las debemos marginar de nuestro en torno. De vez en cuando, todos tenemos que lidiar con personas con las que no estemos de acuerdo.

De ahora en adelante dejemos de juzgar, pongámonos en el lugar de nuestro prójimo y, así no compartamos lo que haga, tratemos de entender sus razones.

EL CASO DE HOY

Tratémonos bien, incluso más allá de las diferencias

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Paso por unos días en los que me percibo naufragando en un extraño ‘mar de descontento’. Esa sensación de malestar me abruma tanto que, de buenas a primeras, siento que todo lo que hago me sale mal. Pienso que la vida me trata ‘a las patadas’, aunque le reconozco que no es que me pase nada grave; es decir, tengo trabajo, estoy bien de salud y no hay mayores situaciones difíciles a mi alrededor. De todas formas, las cosas de la vida me inquietan y no quiero sentirme gris. ¿Qué me aconseja?”

Respuesta: Usted no es el único al que le ocurre eso. Con relativa frecuencia, las

personas se preocupan por cosas que, en más de una ocasión, no son tan graves o que, al parecer, no tendrían porqué desestabilizarlas en su cotidianidad.

A lo mejor usted puede ser víctima de algo que yo defino como las ‘pequeñeces’ que nos amargan la vida. ¿A qué me refiero? A que muchos les dan mayores dimensiones a sus problemas. Usted mismo reconoce que “todo anda bien” en su vida y que no entiende la razón de ese supuesto ‘mar de descontento’.

Sea como sea, analice y verá que nada logrará con desarrollar esa facultad de agrandar los problemas, sin desconocer que de todas formas hay asuntos que le inquietan.

No obstante, debo decirle que hay sombras desconocidas que logran oscurecer su día. Le corresponde sincerarse con usted mismo y descubrir, desde el fondo de su alma, por qué está sintiendo ese ambiente tan gris.

Examine si su forma de pensar hoy es la adecuada. Si hace tal reflexión, podrá llegar a algunas verdades sobre lo que le atormenta.

Son pocos los que tienen el valor de decirse la verdad. Lo mejor de todo, es ser sincero y no decirse mentiras.

También tiene que asumir la tarea de desarrollar declaraciones positivas que se pueda decir a usted mismo, para reemplazar esa idea de que todo está al revés. Recurra a mensajes más esperanzadores y acordes con la realidad que está afrontando.

Poner esa realidad en contexto le ayudará porque le permitirá entender que su vida, al menos por lo que me cuenta, no es tan ‘mala’ como la percibe hoy.

Crear ese giro positivo será motivador y lo preparará para ver su cotidianidad con unos lentes más reales.

Es necesario que se dé cuenta y acepte que el ser positivo es una elección: usted tiene la capacidad de decidir qué pensar, qué sentir y cómo actuar.

Si asume la decisión consciente de que quiere ser positivo, empezará a desarrollar esa consciencia necesaria para ir cambiando poco a poco su forma de pensar y actuar hacia algo más positivo.

Le recalco que usted puede darse cuenta de lo maravillosa que es su vida cambiando el enfoque; es decir, modificando el modo de ver su realidad.

La preocupación crónica es un mal hábito que lo deja sin respaldo alguno. Eso sí, ella tiene un antídoto especial: ¡La fe! No piense que todo le va a salir mal, ni que su vida es un desastre. Mejor dicho: no se atormente con temores innecesarios. Piense que Dios lo rodea y acompaña en cada momento. Así la vida se le convertirá en una agradable plegaria.

Corrija el marco de su realidad con acciones emprendedoras, no con esas ‘cucarachas’ que ‘revolotean’ en su mente.

¡Hágame caso y me cuenta cómo le va!

REFLEXIONES SUELTAS

* Que hoy sea lo que Dios quiera, como quiera y cuando Él lo determine. ¡Los tiempos del Señor son perfectos!

* En nuestra vida hace falta gente que nos comprenda más y que nos critique menos. ¡Bienvenida la empatía!

* No hay carga tan pesada que usted no pueda llevar; solo debe saber cómo cargarla. ¡Siga adelante!

* Deshágase de quien siembra dudas de usted, únase a quien lo valore y aléjese de quien le haga la vida gris.

* Es usted quien cultiva el árbol de su mente. Siembre pensamientos alegres y cosechará felicidad.

* Haga algo que le haga ganar dinero, que le haga estar en forma y que le permita amar de verdad y con libertad.

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