jueves 06 de agosto de 2020 - 12:00 AM

Un mensaje alentador en medio de la tristeza

El luto que nos ha dejado todo esto del virus tiene roto nuestro corazón; sin embargo, él aún palpita por un tiempo mejor. A pesar de las difíciles circunstancias, la tormenta amainará. ¡Es preciso tener fe!
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Es relativamente ‘normal’ que esté desconsolado. Como usted, muchos estamos ‘a merced’ de un desalentador estado anímico por culpa de la pandemia.

En mi caso, confieso que he pasado por días en los que me levanto casi sin fuerzas y ‘bajo de nota’. Las noticias desalentadoras que han sacudido mi alma y esos registros de muerte y de dolor se están traduciendo en momentos fuertes e intensos, los cuales suelen ahogarme con un inusitado manto de debilidad.

¡Hay que admitirlo, son días duros! Pero también es una época para abonar en nuestro crecimiento personal y espiritual. Dios está poniendo a prueba nuestra fe.

Por eso, sin pasar de repetitivo, no he ahorrado página alguna para enviarle a usted, como lector, mensajes que permitan reconciliarlo con sus ganas de vivir.

Quiero decirle que aunque todo esto del virus lo puede tener preocupado, debe tener la suficiente entereza para seguir firme y mirando hacia el frente.

No quiero que tape el sol con una mano, pues es obvio que a usted como a mí nos ha golpeado la pandemia. Sin embargo, no siga alimentando ese estado mental y emocional en el que predominan la ansiedad, la amargura, el agotamiento, la impotencia y la desilusión.

Si bien debe vivir el duelo por lo que está afrontando hoy, no puede quedarse viendo el cielo encapotado porque así la ‘lluvia de la tristeza’ jamás amainará.

¡Claro que eso no se logra de un día para otro!

La tristeza se vence poco a poco y con pequeños logros cotidianos; y uno de ellos es el de despertar y comprobar lo bella que es la vida.

Aunque el estado de ánimo le arrugue el corazón, usted tiene el poder de cambiarlo con la fe puesta en Dios. Con su Venia y su Bendición tendrá la potestad de sentir una gota alivio en su convulsionada alma.

Yo sé que hacer eso no es sencillo; pero la verdad es que es un asunto de actitud. Todo depende de las ideas que elija para su entorno.

Le reitero que no se trata de forzar nada, sobre todo en estas circunstancias.

¡Es preciso asumir lo que le está pasando!

En la medida en que afronte las dificultades con un análisis objetivo y decida utilizar estrategias de fe, podrá ver el panorama más claro.

¿Sabe algo?

Todo lo que usted necesita está en su interior. Por eso, si quiere salir de ese abatimiento es fundamental que mire hacia adentro, en vez de mirar afuera.

No busque responsables de lo que le está sucediendo, porque así se la pasará quejándose y resistiéndose a asumir su realidad.

Lo que hoy siente es un ‘grito del alma’, el cual le pide renacer y le ruega que entienda que el enfoque de su vida está en sus manos y en su corazón.

Necesita sacudirse de las energías negativas y le corresponde recobrar la esperanza. ¡No se estanque con el pesimismo!

Las emociones van y vienen. La clave es sanar su mundo interior para poder reflejar otra cara: una más amable y esperanzadora.

Tenga fe y confíe en Dios. Él es el primer interesado en escucharlo y en aliviarlo. Ore y ponga sus cosas en sus manos. Hacer eso de entrada, le permitirá desechar la ansiedad que padece.

Enfóquese en lo que viene para usted.

Recomponga su camino, diseñe pequeñas y grandes terapias para calmar la tristeza y levántese con la certeza de que siempre vendrán tiempos mejores.

Aprenda a disfrutar su vida, piense más en las cosas que le alegran el alma y entienda que saldrá fortalecido de todo esto.

Algo más: cada día eleve una plegaria a Dios, pues con su Misericordia estará protegido.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en esta época. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíeme su testimonio al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Nací y crecí en un hogar muy religioso, pero siempre fui un incrédulo. De joven era rebelde y estaba predispuesto al tema de Dios y hasta cuestionaba a quienes oraban o se refugiaban en la lectura de la Biblia. Sin embargo, ya entrado en años y cuando parezco como ‘una hoja seca por el sol’, he sentido la necesidad de cultivar mi fe. ¿Qué debo hacer? Sé que hay cultos por doquier, pero no me quiero confundir con rezanderos. ¿Qué consejo me daría? Le agradezco su atención”.

Respuesta: Tuve una experiencia similar a la suya, aunque no fui tan incrédulo como usted lo plantea en su testimonio. No obstante, la vida me enseñó que hay incontables maneras de acercarme a Dios, sin que por ello tenga que pertenecer a determinada iglesia o algún credo específico.

Por experiencia propia he descubierto que si simplemente le apuesto a ser una buena persona y no le hago mal a nadie, puedo tener una cercanía directa con el Señor.

Si es correcto en todo lo que usted haga y da buen ejemplo, le cuento que estará en sintonía con Dios. Sin conocerlo, diría que anda en el camino correcto. En muchas circunstancias de la vida, las acciones en verdad dicen más que cualquier palabra. ¡Debe liderar y conducir su entorno en medio de la sencillez!

Percibo que está iniciando un ciclo muy importante y notable de su vida, en el cual las cosas de la espiritualidad ya tienen una gran importancia. Eso renovará su espíritu.

Me gusta que así sea “entrado en años”, -tal y como usted dice en la carta- les dedique un poco más de interés y de tiempo a las cosas de la espiritualidad. Así le verá un sentido más válido y profundo a su mundo.

Estoy de acuerdo con no volverse un fanático religioso. No hace falta que busque o se confiese con algún gurú o que se una a algún culto o corriente religiosa en particular; ni tampoco tiene que convertirse en un devoto de entidades que sólo comercian con la fe. ¡Con su propio deseo de encontrar a Dios será suficiente! Lo que sí puede hacer es indagar sobre aquellos conocimientos y experiencias de quienes ya han trajinado por estos caminos espirituales, los que a su vez han buscado ya y pueden compartir con usted las respuestas básicas y significativas de la vida. ¡Pero ojo, es su fe la que finalmente deberá seguir!

Si fortalece su espiritualidad, más temprano que tarde renacerá y la vida le brindará muchas oportunidades para crecer.

Eso sí, tiene que estar alerta para que convierta cada circunstancia de la vida y cada tropiezo del camino en una oportunidad de aprendizaje y de mejoramiento. La idea es que su fe no se resquebraje. ¡Dios lo bendecirá!

REFLEXIONES CORTAS

* La gente espera que todo le salga bien, pero no hace algo para cristalizar sus proyectos. ¡Póngase pilas y la vida le sonreirá! Sólo usted decide la importancia que les da a sus sueños. No obstante, recuerde que el tiempo vuela y usted es el piloto. Compruebe que puede volar tan alto como lo desee.

* La diferencia entre ser feliz y decir que se “es feliz” se observa en algo básico como su sonrisa. Empiece cada día con una señal de alegría en su rostro y manténgala. Reír es una fuerza vital y ella es capaz de mover su espíritu, sus deseos y la vida misma.

* Lea esta oración con fe: Señor, deme fuerza para comenzar cada día, no sólo porque es una nueva jornada, sino porque es un compromiso de vida conmigo mismo. Ayúdeme a ver cada instante con entusiasmo, con alegría y con ilusión. Sé que está a mi lado: en mi familia, en mis amigos, en mi trabajo, en todas las cosas y en mi propia persona. Gracias por sembrar paz, solidaridad y amor a mi alrededor. Y como sé que muchos hermanos míos están emprendiendo sus proyectos, le pido por ellos y también al lado de todos le digo: ¡Buenos días, Señor! Amén.

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