martes 15 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Una sencilla sonrisa puede hacer la gran diferencia

Siempre debemos confiar en la fuerza que hay dentro de nosotros. De igual forma, esperemos con fe las Bendiciones de Dios.
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Suelo ver personas que, aún teniéndolo todo en la vida, nunca despliegan una sonrisa en su rostro; y en cambio hay otras que, sin contar con un peso, sonríen a flor de labios.

¿Por qué sucederá eso?

Siempre he considerado que ninguna cantidad de dinero, ningún puesto importante en mi empresa ni mucho menos las comodidades que tenga me harán sentir pleno, si no decido ser feliz conmigo mismo.

En el fondo lo realmente importante no es lo que tengamos, ni la posición que alcancemos o los apellidos que apadrinen nuestra historia, sino lo que pensemos sobre nosotros y la actitud que asumamos frente a la vida.

Conozco personas que sienten que sus vidas no tienen sentido y eso, de manera literal, me sorprende.

Todos buscamos darle sentido a la existencia a través del amor de otros, del servicio, de logros personales, de posesiones materiales, de proyectos que nos permitan crecer en la vida, en fin...

Tal vez lo que sucede es que, de manera desafortunada, algunos le piden a Dios “una vida fácil”, en lugar de solicitarle fuerzas para sobrellevar el tiempo que les corresponda vivir desde cualquier condición en la que se encuentren.

Esa es la diferencia que nos dibuja una sonrisa. Cuando el presente nos parece oscuro, hay unos más que otros que sí pueden desarrollar la capacidad de resiliencia y entienden que siempre hay esperanza.

¡Qué bello que alguien pueda llegar a ser un bálsamo en medio de tantas angustias!

Es tan sencillo como leer algunas frases inspiradoras y mirar el lado positivo que hay en cada mañana al despertar.

De hecho, esta Página de Espiritualidad, sin pretender tapar el sol con las manos, tiene ese propósito en cada uno de nuestros lectores: suministrarles una gota de serenidad.

En esta época de pandemia, por citar nada más la experiencia periodística vivida en estos meses, he conocido a personas que me han alegrado la vida con gestos maravillosos y que, a pesar de no tener mucho en sus bolsillos, les dan la mano a los demás.

Hay quienes recolectan recargas para los celulares de esos niños que no tienen cómo estar ‘on line’ con sus clases; hay gente que cuida a los viejos desprotegidos, sin esperar nada a cambio; hay quienes se levantan temprano para prepararles los desayunos a los indigentes y, además, hay hombres y mujeres abrigando a nuestros labriegos.

Lo mejor es que son personas comunes y corrientes que, sin ánimo de lucro, rescatan a muchos de la adversidad con el único fin de servir.

Lo anterior sin contar los doctores, las enfermeras, los sicólogos, las trabajadoras sociales, los policías, los soldados, los voluntarios, los empleados de las farmacias, los sacerdotes, los barrenderos, los labriegos, los bomberos, los tenderos, los celadores, en fin... Todos ellos son seres que nos regalan un gesto de misericordia, de alegría y de amabilidad.

Cada ser humano puede brindar esa luz que necesitamos en estos momentos difíciles para nutrir nuestras ganas de vivir.

Miremos la vida con ojos esperanzadores, a pesar de la crisis. Disfrutemos de las bendiciones que Dios nos ofrece cada día.

En síntesis, sonreír no está de más. No se trata solo de un reflejo externo, es una actitud amable frente la vida, la cual tendrá un impacto valioso en nuestro bienestar.

REFLEXIONES CORTAS

* Vale esforzarse por lo que se quiere tener. Pero en ese esfuerzo jamás será válido pasar por encima de la gente. El fin no justifica los medios. Sobresalga ‘entre’ y ‘con’ la gente, no por encima de ella.

* Siempre dé gracias, tanto por las bendiciones como por las cosas que usted califica de ‘malas’. Todo lo que llega a su vida le deja una gran lección.

* Si no da, no pida; si no suma, no reste; si no da la mano cuando se lo solicitan, no espere solidaridad de nadie; si no apoya, no critique; si no pregunta, no suponga; no exija respeto si no es capaz de ofrecerlo; y lo más importante, no hable lo que no sabe.

ORACIÓN DEL DÍA

Los abuelos decían que la oración a la Divina Providencia tiene un gran poder en la vida. Lo invito a pronunciar esta bonita plegaria:

Divina Providencia: permita que mis pasos vayan por el camino acertado y deme salud para seguir trabajando por mis sueños. Ayúdeme a enfrentar mis problemas, extienda su Bendición en cada situación y permita que mi intuición me dé luces para hacer las cosas que me correspondan. Que jamás me falte el pan en mi mesa, que haya paz en mi cabeza y que brille el amor en mi corazón. Amén.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo durante este época. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Le manifiesto mi agradecimiento por los textos de sus columnas. No me pierdo ni una de ellas, pues reflejan una línea de acción que está acorde con mi propósito de vida. El pasado domingo me agradó mucho la orientación hacia la ‘vida espiritual’, tal y como lo ha hecho en otras páginas. Hoy le planteo tres inquietudes con varias aristas: ¿Qué es la vida espiritual?, ¿Cómo se consigue? ¿En dónde se busca?”

Atentamente, Rómulo Niño Delgado.

Respuesta: ¡Tiene mucha razón! Tales cuestionamientos poseen varias miradas y, por ende, cada quien puede tener su propia interpretación. Sin embargo, considero que la expresión de “vida espiritual”, por sí sola, nos lleva a una responsabilidad personal y a la necesidad que cada quien tiene de conectarse con su propia esencia para entender el mundo que le rodea.

Es claro que la espiritualidad no tiene nada que ver con los rituales o con los credos. Mejor dicho, la espiritualidad y la religión son cosas distintas.

Ojo: No estoy tratando de desvirtuar el concepto de Dios, ni nada por el estilo. De hecho, encuentro en unos apartes de las Sagradas Escrituras que el mismo Jesús dijo que: “Las personas espirituales son felices y que ellas son las que tienen conciencia de lo que realmente quieren hacer con sus vidas, más allá del simple tema material”.

Por eso insisto en decir que la espiritualidad, en su versión más pura, carece de creencias religiosas. Ella implica habitualmente la intención de experimentar estados de bienestar, de practicar los sentidos de la solidaridad, de ser empáticos y de tener la posibilidad de dialogar desde lo más profundo de nuestro ser.

Cuando vivimos una vida de amor hacia a los demás y en paz con el prójimo, estamos amasando nuestra ‘fortuna espiritual’. ¡Así se consigue la vida espiritual! Y ahí esta mi respuesta a su segundo cuestionamiento, pues debemos apostarle a vivir plenamente, siendo felices mientras podamos. De aquí no nos llevaremos nada de lo que tenemos, solo se irán con nosotros lo que dimos y el legado que construimos.

¿En dónde se busca la espiritualidad? La verdad ella está en la cotidianidad. Si nos observamos y corregimos en nuestro diario vivir las equivocaciones que cometemos al relacionarnos con los demás; y si buscamos siempre la coherencia ética entre nuestros pensamientos y emociones más nobles y nuestro quehacer diario, habremos encontrado la vida espiritual.

El tema es algo extenso y tal vez necesitaría más columnas para explicarlo en detalle. Le envío un abrazo y pronto profundizaremos más al respecto, al calor de una taza de café.

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