jueves 27 de marzo de 2014 - 12:01 AM

Vitamínicos espirituales

Una voz de aliento, pronunciada en el momento preciso, le puede devolver la vida. No espere que los demás le den ese “empujoncito” en el ánimo, ¡tenga la fortaleza suficiente para salir adelante!

Las vitaminas son reguladoras del organismo que no solo tienen los aportes calóricos sino que, además, son importantes para innumerables procesos biológicos. En nuestra vida diaria, nos conviene una buena ‘cucharada’ de otro tipo de vitamínicos, unos que hoy denominamos como ‘espirituales’, y que nos sirven para ver la vida con más entusiasmo.

De hecho, los médicos sostienen que muchos de sus pacientes no tienen ningún mal físico; las únicas enfermedades que los acompañan son sus sentimientos de tristeza, de decepción y de desaliento.

Por eso, casi siempre estos profesionales los curan a base de buenos pensamientos y de mensajes optimistas, como los que hoy presenta la Página Espiritualidad.

Siempre que se levante, mire la mañana llena de luz y fuerza, y respire el aire puro que viene con el amanecer. Usted es parte de la fuerza de la vida. ¡Despiértese, camine, luche y decídase a actuar! Solo así triunfará.

Es cierto que es más fácil hablar de una cosa que hacerla; pero al mismo tiempo, solo con los ‘vitamínicos espirituales’ encontraremos la fuerza necesaria para no quedarnos ocultos detrás de las palabras.

Reflexión

¡Si es para usted, le guardan!

Y aunque la frase puede parecerle algo simple, si lo analiza bien ella tiene mucho contenido.

Usted debería aprender a esperar el momento exacto para recibir los beneficios que reclama.

Le corresponde hacer como El Sol, que nace cada día sin acordarse de la noche que pasó.

Contemple la meta y no vea qué tan difícil le resulta el alcanzarla.

No se detenga en lo “malo” que ha hecho; camine en lo bueno que puede hacer.

Tampoco se culpe por lo que hizo y no le salió; más bien decídase a cambiar.

No trate que otros actúen a su imagen y semejanza; sea usted la persona responsable de su propia vida y permítales a los demás el libre albedrío.

Aprenda a mirarse con amor y respeto, piense en usted como en algo precioso.

Desparrame en todas partes la alegría que hay dentro de su humanidad.

Haga que su alegría sea contagiosa y viva para expulsar la tristeza de todo lo que le rodea.

No desprecie el oficio que le corresponde realizar en su empresa o, en general, en su vida misma.

Ese puesto que hoy tiene en la empresa lo ennoblece; ¡claro! si lo hace con entusiasmo y amor.

Dios lo creó para realizar un sueño: ¡Viva por él!

Ponga su vida en ello y si se

da cuenta de que no puede, entonces lo que necesita es experimentar un cambio radical en su vida.

Buen empleado

Dicen que la mejor “vitamina” para cualquier empresa consiste en rodearse de buenos empleados.

La verdad es que en nuestras recetas espirituales, que con cierta frecuencia presentamos en estas ediciones, queremos revelarles varios rasgos que identifican a un buen empleado:

1. Trabaja en silencio: No es preciso ‘gritar a todos los vientos’ que uno es el más ‘camellador’ del grupo.

2. Es ordenado: Hace las cosas a su debido tiempo, más allá de que de pronto pueda tener algún retraso.

3. Persevera: Cuando se propone hacer algo productivo, nos descansa hasta lograrlo.

4. No es irresoluto: Toma decisiones, no se queda pensando en “qué dirá el jefe”.

5. Es laborioso: Llega a la oficina a trabajar a tiempo, sin ser un “adicto” en ese tema puntual.

6. No se queja por bobadas: ¡Uf! eso sí que es vitamina. Porque no faltan los que viven maldiciendo el puesto que tienen, ‘rajando’ de los jefes e inventando chismes para desestabilizar la armonía del grupo de trabajo.

7. Es limpio: No se trata solo de su apariencia, sino también de su proceder.

8. Es calmado: No hace nada a las carreras.

9. Es honesto: Jamás le roba un peso a la empresa.

10. ‘Se pone la camiseta’: Tiene clara su misión.

11. Habla bien o, mejor dicho, no es mal hablado.

12. Le dedica el tiempo justo a su oficio, cumpliendo los horarios a cabalidad.

13. El buen empleado sabe que no existen trabajos humildes; solo se distinguen las tareas que pueden ser “bien” o “mal” realizadas.

Poder restaurador de la plegaria

La oración siempre será el mejor vitamínico, tanto para el cuerpo como para el alma. Por eso, lo invitamos a hacer una pausa en la lectura de esta edición para pronunciar una bella plegaria.

Queremos, eso sí, hacerle dos sencillas recomendaciones:

Primera: ¡Léala con seriedad, devoción y fe!

Segunda: Recuerde que con Dios no se trata de ‘pedir y pedir’, sino de merecer. Así que invoque favores, pero trabaje para que las cosas se le den.

Ahora sí, concéntrese en las siguientes palabras:

Señor: Permita que todos los días mi corazón sea un manantial del bien y fuente de bendiciones, entre otras cosas, para que jamás alimente el odio ni fomente el rencor.

Lléneme de sus bendiciones para que, además, pueda amar con serenidad, perdonar con generosidad y afrontar los problemas con sabiduría.

Dios mío: Aleje de mí el miedo y la angustia, para que no me frene ni me hunda con estos sentimientos de inquietud y de ansiedad. Aléjelos para que no me condicione por ellos y puede estar más tranquilo. Ayúdeme a enfrentarlos con fe, para poder aniquilarlos. Amén.

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