sábado 11 de enero de 2020 - 12:00 AM

Si tenemos fe, nos podremos sanar

Las enfermedades llegan con sus dolores y nos generan angustias, impaciencia, intranquilidad y ansiedad. Sin embargo, si tenemos fe Dios nos dará la oportunidad de sanarnos.
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Muchas personas, incluso profesionales de la medicina, creen que los milagros ocurren. Ellos dicen que la sanación, a través de la fe, es posible.

¡Claro! Para que esto ocurra el implicado debe creer en algo y ser capaz de llenar, a través de ‘ese algo’, el vacío que tiene y, de paso, recuperar su estabilidad.

Algunos médicos me han contado que, tras severos diagnósticos y luego de estar en contacto con diferentes pacientes que están en las penumbras de sus vidas, incluso cuando ni siquiera ellos dan nada por sus recuperaciones, de pronto ellos mismos se reaniman en contra de los dictámenes clínicos.

Quienes estamos convencidos de que tenemos un Ser Superior sabemos que podremos sanarnos. A Él debemos invocarlo en estas situaciones, porque con sus Bendiciones obtendremos su Misericordia.

En algunos momentos de nuestra vida, a todos nos une la necesidad de sanar nuestro cuerpo.

¿Qué hacemos cuando eso nos pasa?

Obviamente muchos consultan los médicos y eso es lo más correcto. ¡Por favor, siempre será clave el concepto profesional! Pero no está de más aferrarse a la oración como un camino seguro y efectivo para lograrlo, entre otras cosas, porque en ocasiones la medicina moderna no nos da más allá que paliativos para las dolencias que nos aquejan.

He sido testigo, en distintas casas de curación, que muchas de las enfermedades diagnosticadas en personas y que han sido declaradas como “incurables” o “irreversibles”, se han podido derrotar.

Hay dolencias que ni siquiera pueden ser controladas por la medicina, pero que con fe han tenido la oportunidad de ser tratadas.

No piense que soy un fanático de este tema, ni mucho menos. Respeto mucho el concepto de la medicina y siempre acudo a él. Pero al hablar con enfermos he percibido que con sus palabras se siente en el ambiente una experiencia única de fe.

Insisto, son muchos los testimonios que comprueban la recuperación de quienes alguna vez sintieron morir tras una penosa enfermedad.

A veces andamos en busca de salud y por el mismo trayecto nos sanamos espiritualmente.

Quienes andan en busca de alguna curación, antes que cualquier cosa tienen que tener el firme deseo de cambiar su forma de ser y de aliviar su alma, teniendo como base el perdón para que a su vez ese cambio se refleje en su entorno.

La base de todo se cultiva, además del perdón para consigo mismo y para con los demás, en tener la convicción de que se puede recuperar.

Le reitero que no se trata de ‘tragar entero’ ni tampoco de rechazar los tratamientos médicos; pero sí de creer en que las sanaciones son posibles.

Personas de los más variados credos se han sorprendido con los resultados obtenidos con la oración. Para quienes practican esta filosofía de vida, sanarse es un don que todos poseemos pero que no todos lo hemos descubierto.

El milagro se hace a través de la canalización de la energía y en ella entra a formar parte el desarrollo espiritual.

Lo recalco: Para que exista sanación la persona tiene que tener voluntad de cambio y sobre todo apartarse de espacios grises, de personas tóxicas y de ideas lastimeras.

¡Ah! Y en este proceso debe existir un diálogo directo con Dios. Para mí, ese es el criterio clave: La paz interior, que es fundamentalmente el fruto del Espíritu.

EL CASO DE HOY

Si tenemos fe, nos podremos sanar

Las inquietudes asaltan con relativa frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma y para el espíritu. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Mi amada esposa era mi complemento, mi vida y mi razón de ser. Fue una gran mujer y me amó siempre. Inspiró y tocó muchas vidas, entre ellas la mía. Este 2020 falleció a los 64 años, yo tengo 67. Está muy reciente su cristiana sepultura y ha sido difícil para mí. Me siento vacío. ¿Qué debo hacer? Ayúdeme con sus consejos”.

Si tenemos fe, nos podremos sanar

Respuesta: Comprendo lo que siente y, a decir verdad, debe hacer el duelo respectivo sin que por ello tenga que ‘echarse a morir’.

Entiendo que aceptar la partida de su compañera de viaje requiere de un minucioso proceso de reconstrucción del corazón.

¡Es apenas natural! Con ella la realidad era mucho más intensa, enriquecedora y completa.

El duelo es la salida más normal a la pérdida de su esposa y naturalmente tiene derecho a sentirse solo y triste.

¡Pero, cuidado...!

Esta situación puede afectarle en todos los niveles: el físico, el emocional, el social y el espiritual. Sepa mantener su propio equilibrio y piense que ella, desde el cielo, quiere su bienestar.

¿Sabe algo?

La vida se asemeja a un árbol: sus raíces son las bases que se siembran en nuestros hogares; las ramas son nuestros retoños; y el verano, el invierno, la primavera y el otoño son las cuatro grandes estaciones que acompañan nuestro ciclo.

Dios cada año sacude el árbol de la vida, solo para que de él caigan todas las hojas secas. Se cree que esas ramas que se

van al piso, son las personas que mueren.

Y todos somos viajeros que algún día debemos partir hacia la eternidad, dejando una semilla especial en la tierra. Después del duelo, intente transformar sus días oscuros en algo positivo. ¡Quédese con la bendición que fue ella para usted!

Mantenga los recuerdos de sus buenas acciones. Es decir, conserve de ella lo mejor, entre otras cosas, para recapturar la alegría y la confianza que alguna vez tuvo a su lado.

No se sumerja en el mar del dolor. Dele un “sí” a la vida que tiene por delante y reconozca que la muerte, de manera paradójica, existe en nuestro mundo.

Lo esencial de la muerte radica en estar preparado, para no partir sin haber hecho lo suficiente.

Sí, la muerte forma parte de lo establecido por la naturaleza. Es como el árbol de la vida misma, que en cualquier momento se desprende de sus hojas secas. ¡Dios le aliviará su corazón!

FRASES SUELTAS

* Procure siempre ponerse algo que lo conecte bien. Por ejemplo, la cabeza que haga juego con el corazón; y las palabras que vayan de la mano con la educación. Que cada paso que dé esté acorde con su proyecto de vida.

Si tenemos fe, nos podremos sanar

* Preguntas y respuestas: ¿Extraña a alguien...? ¡Llámelo! ¿Tiene duda...? ¡Pues, pregunte! ¿Le gusta algo...? ¡Disfrútelo! ¿Ama alguien...? ¡Dígaselo ya! ¿Quiere algo...? ¡Vaya por ello! ¿No le gusta algo...? ¡Dígalo! ¿Quiere viajar...? ¡Váyase! ¿Está agotado...? ¡Descanse!

* Lo que ha perdido, le será devuelto y multiplicado; lo que le ha dolido, le será sanado; lo que le han robado, le será compensado más adelante; lo que no ha encontrado, tarde o temprano aparecerá en su camino. ¡Solo es cuestión de ser paciente!

* Ojalá no se le olvide de sacar la basura todos los días; sobre todo la que se le acumula en la cabeza y en el corazón. La mugre hay que erradicarla de su ser; si la deja, es probable que su mundo se llene de ‘cucarachas’.

* Tanta cosa antigua se pone de moda que sería bueno que volvieran los valores, la ética, la honestidad, la vergüenza, la sencillez, el respeto y la capacidad de asombro. Esas sanas ‘costumbres’ deberían volver a estar en boga.

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