jueves 11 de julio de 2019 - 12:00 AM

El absurdo miedo a todo

No podemos vivir con un miedo constante a todo, entre otras cosas, porque buena parte de ese temor no es real. Además, no hay nada más frustrante que llevar sobre la espalda un ‘saco de angustias indescifrables’.

Solemos exagerar las angustias. A veces nos llenamos de pensamientos negativos y al final, por fortuna, nada malo nos ocurre.

Es decir nos afanamos por nada, entre otras cosas, porque solemos ‘inventarnos’ los problemas.

La verdad es que muchos de los miedos que padecemos solo existen en nuestra imaginación.

¿Por qué nos dejamos atrapar por esa red de temores infundados?

¡Porque nos dejamos llevar por la ansiedad!

Ojo, porque eso de creerse el ‘más de malas’ despierta emociones y comportamientos erráticos que nos quitan energías y nos arrojan a episodios más graves.

Además, por los falsos temores terminamos atrayendo cosas negativas y nos quedamos fríos, atados o sin ganas de avanzar.

Algunos miedos tienen sus puntos de incubación desde la infancia. Se ha comprobado que en el subconsciente del niño quedan marcadas ‘amenazas’ de hechos pasados.

También en el entorno y en nuestra cotidianidad solemos desarrollar estados de angustia, generados por ese pesimismo que suele contagiarnos.

Así las cosas nos acostumbramos a pensar que situaciones desagradables nos van a ocurrir y, desde ahí, nos acostumbramos a programar y a sentir afanes.

El miedo es un mecanismo que desarrolla el organismo para protegerse de un peligro o amenaza. Infortunadamente se ha vuelto común que ante temores irreales, los seres humanos también desarrollamos de manera errónea estos mecanismos de protección que finalmente nos frustran más de la cuenta.

Hay muchos miedos: a la muerte, a la oscuridad, a la vejez, a la pobreza, a hablar en público, a no tener reconocimiento, en fin...

Sin embargo, el miedo que más se ha viralizado, de manera paradójica, es el miedo a todo.

Sí, así como lo lee.

Este es uno de los temores que está de moda, especialmente en nuestro país. Debido a la violencia, a la inseguridad y a la crisis económica que afrontamos, las personas sumamos a nuestros temores comunes las ideas de fracasos o de días grises.

¿Cómo controlar los temores?

Los miedos tienen fuerza hasta que empezamos a actuar; es decir, hasta cuando los enfrentamos.

O sea que todos los miedos son susceptibles de ser eliminados de tajo.

La cura consiste en cambiar la forma como estamos pensando sobre las cosas de nuestro entorno.

En ese orden de ideas hay que aprender a manejar las reacciones y no permitir que las emociones nos dominen. No se trata de reprimirlas, sino de permitir que todo fluya en el momento real e indicado.

Cuando la persona es hábil puede hacer su propio proceso y aceptar que el temor solo existe en su mente, si no logra manejar esto debe acudir a un especialista.

También son recomendables las técnicas de relajación profesional y, en especial, aprender a respirar.

¡En efecto!

Realizar siete respiraciones profundas, lentas y silenciosas, mínimo tres veces al día, es unas de las sugerencias que más nos hacen los especialistas.

Claro está que profundizar en la parte espiritual es muy importante para eliminar los temores; de ahí que haya escogido este tema para la página de hoy.

Sin ser fanático ni tener que estar matriculado en ninguna religión, pues cada forma de pensar es respetable, es claro que las angustias se ven más alarmantes cuando hay un alejamiento de nuestro mundo interior.

En la medida en que descubrimos que existe un Dios o un Ser Supremo, nos vamos liberando de nuestros temores. Esto nos permite recuperar la fe y la confianza en nosotros mismos.

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. Pese a ello siempre tenemos la posibilidad de ser propositivos y afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian? Háblenos de ellos para reflexionar en esta sección. Envíeme su testimonio al correo: eardila@vanguardia.com Aquí mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Me dan rabia las cosas duras que me pasan. Eso me ha vuelto negativo y hace que vea mi entorno con gran decepción. A veces me dan ganas de tirar la toalla. Mi planteamiento tiene que ver con la forma de alternar estos problemas con la dimensión espiritual, de esa que siempre le leo en sus escritos. ¿Acaso puedo conectar mi cotidianidad con esa relación con Dios que tanto identifica a sus páginas? Me agradaría que pudiera responderme ese interrogante. Le agradezco su amable atención”.

Respuesta: ¡Vamos por partes! En lo que tiene que ver con la rabia por las cosas negativas que le pasan, debe ser consciente de que siempre tendrá días grises. Sin embargo, el mal tiempo pasa. ¿Qué le quiero decir?

Que no mire con resentimiento las cosas ‘duras’ que le suceden; tómelas como lecciones que le da la vida para mejorar, pues ellas son oportunidades de crecimiento. Observe los hechos con una lente más propositiva.

Y como los líos de todas formas se le pueden seguir presentando, aprenda a asumirlos con calma y sin desesperación.

No es por la vía de la decepción por donde podrá encontrar las soluciones a los conflictos que se le presenten.

No se deje vencer por las adversas circunstancias; fije su mente en aquello que desea lograr, concentre su acción y siga avanzando, pues pronto recibirá las recompensas.

Sobre la pregunta que me formula de su conexión con Dios debo decirle que la espiritualidad es experimentada de manera diferente por cada persona: Hay quienes la ven como la devoción a una determinada doctrina religiosa y otros buscan una relación más personal con su propio ser participando en actividades como yoga, meditación, contacto con la naturaleza o simplemente recurren a un diálogo íntimo con Él.

No podría saber cómo sería la conexión suya con Dios, pues es algo muy personal y vivencial.

Lo que sí le digo es que le corresponde revisar con detenimiento los aspectos de su dimensión espiritual.

El día que incursione en ese campo encontrará unas fuentes de energía y de sabiduría que podrá aprovechar en beneficio de su propio desarrollo integral.

Elija su propio estilo de acercamiento con Dios. La clave es conectarse con su interior y mirar su vida de una forma esperanzadora. Sea como sea, le aseguro que el Creador lo bendecirá.

REFLEXIONES CORTAS

La verdadera riqueza

No espere a ser millonario para ser feliz; la felicidad es gratis y está dentro de su corazón. La fórmula para estar a gusto con usted mismo se encuentra en esas cosas sencillas que, al mezclarse con su entorno, llenan el alma. ¡Identifíquelas!

Esas vacilaciones

Basta de cosas a medias: Es o no es, quiere o no quiere, le interesa o no le interesa, se queda o se va... Ojo, porque la vida se paraliza con esas indecisiones que, en últimas, son las que hacen que su vida se frustre. Decida actuar de una vez por todas.

Gafas de la realidad

Los ojos no sirven de nada si la mente no quiere ver. No sé por qué, pero a más de uno le hace falta un par de gafas de la realidad. Recuerde que es usted quien cultiva en el huerto de su mente. ¡Siembre pensamientos alegres y cosechará felicidad!

Descanso

El ave descansa en el aire, la piedra en el suelo, el pez en el agua y usted en las manos de Dios. Sin embargo, cuando usted es el descanso de los demás entiende que las manos que ayudan son más nobles que los labios que rezan.

Manos de Dios

Llegará el día en el que dirá que algo que hizo valió la pena. Cada lágrima, cada oración, cada espera y cada gota de paciencia serán reconocidas por Dios.

Él le dará más de lo que haya pedido y con su Bendición logrará todas sus metas.

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