martes 04 de agosto de 2020 - 12:00 AM

Más allá de las angustias, es bueno acercarse a Dios

En los momentos en que necesitamos la ayuda de Dios, Él siempre está ahí para asistirnos. Si estamos enfermos, cansados, con dolencias, desconcertados o incluso cuando nos encontremos en circunstancias pletóricas y felices, debemos acudir a Jesús.
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Un amigo cercano solía decirme que la religión, la espiritualidad y el concepto de Dios eran asuntos ajenos a su entorno y que no le interesaban. Hace unos días me confesó que ha empezado a ver estos temas de otra manera y que hoy contempla que la fe sea algo crucial para el futuro de su vida.

¿La razón de ese cambio? ¡Le diagnosticaron cáncer!

Hoy él ve la posibilidad de encontrar en la oración un bálsamo o una esperanza para su recuperación.

Es un hombre de 54 años y no sabe si el haber sido tan incrédulo antes pueda ser un obstáculo para conectarse con Dios.

Aprovecho este caso para decirle a él y a usted, como lector, que muchas personas pasan por estas dudas frente a su vida espiritual, sobre todo cuando afrontan etapas duras. Por eso, esta es una oportunidad para poner el tema sobre la mesa.

La mayoría de veces la gente cae en el error de echar en un mismo saco conceptos como las ideas de Dios, la religión y la espiritualidad.

Aunque ya lo he mencionado antes, no sobra recordarlo. En el caso de mi amigo, puedo notar que tiende a confundir principalmente los conceptos de Dios y de iglesia, y desafortunadamente por ello se alejó del Creador. Hoy, aunque tras un duro diagnóstico, siembra la semilla de su fe.

Déjeme precisarles algo: La idea de Dios puede ser creer en un ser superior; la religión es un dogma que dicta un estilo y hábito de vida; y la espiritualidad se basa en el manejo de las emociones.

Tal vez el rechazo a la religión de una persona hace que de paso se olvide de Dios, y de su vida espiritual también. ¡Pero nunca es tarde! La dura experiencia de un mal tan fuerte como el cáncer lo hará replantearse muchas cosas de su vida; y eso sí que es positivo.

Creer en un ser superior es casi algo innato en los seres humanos. Desde que el hombre existe hay fe. Siempre hay la esperanza de encontrar algo más allá de la vida y la muerte.

Siempre buscamos algo que dé respuesta a nuestras dudas; esa es una necesidad que responde a las inseguridades y a lo vulnerables que podemos ser por nuestra condición humana.

Por eso no me asombro de que en momentos difíciles se sienta esa sed profunda de orar.

Siempre tendremos la necesidad de aferrarnos a algo que nos dé seguridad; y si creyendo en un Dios lo conseguimos, pues está bien que lo hagamos.

Es diferente si ya desea adaptar su vida a una religión en específico, puesto que esto puede llenar de muchas cargas y culpas a quien no sabe llevar una sana vida religiosa.

Se lo digo porque me duele ver diariamente a muchas personas que sufren debido a que depositan en la religión problemas que podrían solucionar con un buen guía espiritual o con un orientador profesional.

Para mí la espiritualidad es básica porque con ella logramos un buen manejo de las emociones, y además nuestras vidas laborales, sentimentales y familiares mejoran notablemente.

Pero si en ese proceso además contamos con una buena relación con Dios, la tranquilidad que eso nos brinda es innegable.

En el caso de la persona que hoy tiene cáncer, el acercarse a Dios es un proceso maravilloso en el que descubrirá lindas cosas que antes no había visto.

Señor lector: le sugiero acercarse a Dios porque con su Bendición desenredará las inseguridades que tenga.

Estoy seguro de que lo que le quede por vivir será más placentero de lo que pueda imaginar.

¡CUÉNTEME SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Hábleme de ellos para reflexionar al respecto. Envíeme su testimonio al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna espiritual, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Pasan los años y nada me motiva. A mis 33 no entiendo mi situación, pese a que no me falta nada. Tengo suficiente dinero para vivir, gozo de un buen trabajo y un gran cargo en mi empresa; además, no me va mal en el tema de las relaciones afectivas. Aunque estoy relativamente bien, por alguna razón me siento vacío. ¿Qué me puede estar pasando? El tiempo pasa y no sé qué hacer”.

Respuesta: Qué difícil es comprender cuando tenemos todo y aún así no nos hallamos.

Alguna vez sentí lo mismo que usted y me di cuenta de dos cosas: la primera, que quizá quería tener todo al tiempo; y la segunda, que sentía que la vida se me estaba pasando sin hacer algo significativo.

¿Qué hice yo? Puse las cartas sobre la mesa y fui a la raíz del problema. Comprendí que no podía poner en manos de los demás o de las circunstancias algo que me correspondía solo a mí solucionar. Diseñé un plan para saber qué hacer con mi mundo y cambiar esa sensación de vacío.

Comencé por ejercer prioridades frente a lo que quería para mi futuro. Me pregunté si el trabajo que tenía realmente me gustaba, si mi vida amorosa era la que quería, si mis planes a futuro verdaderamente los estaba proyectando, en fin...

Ahí me di cuenta de que muchas cosas las estaba dejando al azar y no estaba tomando decisiones al respecto.

Sabía que lo que me generaba ansiedad era no poder solucionar todo de una y por eso tomé todo con calma para ir resolviendo poco a poco cada duda.

Sabía que entre más me presionara, más me estresaría. Le reitero que recurrí a la serenidad.

Hoy he logrado más de lo que pensé. Nunca me detuve pero jamás fui a prisa. ¡Cero afán!

Quizá su desmotivación nació de algo a consecuencia de que es una persona que espera mucho de sí misma, y al no lograr las cosas como quiere prefiere renunciar a ellas que dedicarle el tiempo que se merecen. De pronto eso lo hace caer al mismo tiempo en el conformismo, y posteriormente en la desolación.

Trate de poner un orden, tomando papel y lápiz, frente a lo que siente y sea lo más honesto posible con usted mismo. Se sorprenderá de lo que encontrará y le despejará la mente.

Cuando lo haga estará preparado para crear un plan para cada cosa que quiera hacer y mejorar en su vida. ¡Hágame caso y me cuenta cómo le va!

REFLEXIONES SUELTAS

* Hoy es un nuevo día: No comience su jornada con las partes rotas del ayer, ni mucho menos pretenda quedarse anquilosado en lo ‘malo’ que le haya ocurrido. Desde el momento en el que amanezca y se levante de la cama, decida emprender una nueva experiencia.

* Juego de palabras: Es sencillo hacer que las cosas sean complicadas, pero es difícil hacer que sean sencillas. No se enrede la vida, sea más práctico y en la medida de lo posible dedíquese a disfrutar la maravilla de estar vivo. ¡No se invente problemas y sea feliz!

* Tres posibilidades: Cuando algo ‘malo’ le sucede tienes tres opciones: 1. Dejar que lo marque; 2. Dejar que lo haga tocar fondo y lo destruya, y 3. Dejar que lo fortalezca. Obvio es mejor la última salida y convertir esa situación difícil en una oportunidad para renacer.

* Debe ser fuerte: No importa por lo que esté pasando ahora, ninguna pena es para siempre. Si se tiene fe, si toma medidas y si mira hacia el frente, su situación mejorará. Llore si con eso se desahoga, pero luego tenga el valor de recomponerse.

* Siempre con Dios: Invoque la presencia de Dios en donde esté, solicítele a Él que lo acompañe a donde quiera que usted vaya y pídale claridad y luz en todo lo que vaya a realizar. El Creador es su mejor compañía, siempre y cuando usted anhele su Bendición.

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