sábado 19 de octubre de 2019 - 12:00 AM

Ser buena gente nos da mucha fuerza

Más allá de las injusticias, ser una buena persona no tiene discusión alguna. Elija hacer cosas honestas y verá que Dios le enviará bendiciones.
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Hay gente que se comporta bien y le va mal, que es honesta y la tumba un corrupto, que entrega su amor a alguien y esa misma pareja la traiciona, que cree en los demás y recibe como pago una cachetada, y que es limpia con su vida y aún así el entorno le juega sucio.

¿Por qué le ocurren estas cosas malas si la gente es sencilla, seria y trabajadora?

¿Acaso puede ser la vida tan injusta? ¿Cierto que todo esto desinfla?

Lamentablemente hay seres humanos que no aprecian lo que otras personas hacen por ellos. Lo peor es que se acostumbran tanto a eso que caen en la ingratitud, la falta de bondad y la poca generosidad.

No podemos olvidar que todos estamos para apoyarnos. Sin embargo, por ese egoísmo reinante hoy vemos una sociedad triste y llena de problemas.

¿Qué podemos hacer?

¡Nunca debemos arrepentirnos de lo bueno que hagamos por los demás! Aunque en determinados momentos no les encontremos sentido a los ‘malas pagas’, no podemos cambiar más allá de estas ingratitudes.

Nada que nos acerque a pensamientos negativos o destructivos podrá traernos cosas buenas.

Total: Es un error dejar de ser una buena persona porque los demás no lo sean.

Gandhi dijo de manera sabia: “Ojo por ojo... Y todos terminaremos ciegos”.

Es importante ir a la raíz del problema y ver la verdadera razón por la que los otros se burlan de nosotros.

Muchas veces ‘tenemos la culpa’ de que eso nos pase. ¿Por qué? Por no poner ciertos límites o confiar ciegamente en los demás.

En mi caso -y lo digo sin prepotencia- me considero buena gente, pero con la diferencia de que he tenido una experiencia distinta en este tema.

Es decir, no es producto de la casualidad que tenga relaciones sanas y prósperas; lo que me sucede es que aunque me agrada hacer el bien, también analizo a quién depositarle mi confianza y a quién no.

Hay que tener cuidado con las personas a las que decidimos confiarles algo en específico. Eso aplica para las relaciones laborales, de amistad y sentimentales.

Quizás el problema sea pensar que todo mundo va a respondernos al mismo nivel de nuestras expectativas.

Deberíamos contemplar que no necesariamente los otros van a apreciar lo que estamos haciendo por ellos. El desagradecimiento existe.

La clave es descifrar quién merece tener nuestra confianza y quién no. Sí, no todos van a respondernos igual y es algo que no podemos cambiar.

¡La vida es así!

Una vez tengamos identificadas a las personas en las que podemos confiar, debemos estar pendientes de sus actitudes y de la forma en que se comportan ante nosotros.

De nada vale que nos durmamos de nuevo en los laureles y depositemos nuestra confianza de manera ciega, pues podríamos llevarnos sorpresas. Lo que hoy es verdad, mañana podría ser mentira.

Todo depende de lo asertivos que seamos para saber a quién dejar o no entrar a nuestras vidas. En últimas, hay muchas personas maravillosas que nos falta conocer.

Así que mi gente buena: no se preocupe y más bien ocúpese de hacer lo necesario para sentirse bien con todo lo que haga. ¡Mil bendiciones!

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Hábleme de ellos para reflexionar al respecto. Envíeme su testimonio al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Ser buena gente nos da mucha fuerza

Testimonio: “Qué piensa usted de la angustia existencial, entendida como no saber qué va a pasar con el futuro. Lo digo porque veo mi panorama incierto y no sé si vendrán cosas buenas o malas. Tengo 22 años, voy a mitad de mis estudios y a veces me asaltan dudas sobre lo que será mi vida mañana. Aconséjeme”.

Respuesta: Es inevitable sentir en algún momento ese tipo de inseguridades. De hecho esa sensación ni siquiera depende de la edad, pues estando jóvenes o viejos esas dudas siempre pueden salir a flote.

Entiendo su sentir y sé que puede verse confundido ante su futuro; pero déjeme decirle que eso muchas veces solo pasa en nuestra cabeza. Por otro lado, hay situaciones que no podemos controlar.

Por lo tanto, es absurdo dedicarles tiempo y energía a algunas cosas que no podemos cambiar.

Puedo notar que en su caso usted tiene demasiadas expectativas sobre su mundo y eso le genera estrés debido a que no puede tener el control sobre ello y siente que las cosas no saldrán como quiere.

Así que lo primero que tengo que decirle es que debe tomarse las cosas con calma y entender que habrá muchos tropiezos en el camino, por lo que depende de usted qué actitud tomará ante estos si quiere salir bien librado.

Desde mi punto de vista le recomendaría que no presione las cosas.

Yo antes quería hacer mil proyectos a la vez y lo único que eso trajo a mi vida fue decepción, ya que nada salió como yo quería.

Cuando decidí que no me volvería a obsesionar con nada (y esto lo apliqué para todo) me di cuenta de que las cosas fluían más fácilmente. Dejé de preocuparme por tonterías y me enfoqué en disfrutar el presente, y la vida me cambió para siempre.

Entendí que lo realmente valía era el hoy. El pasado ya pasó y el futuro no sabemos qué nos deparará.

Empecé a tomarme las cosas con serenidad, dejando que todo fluyera y sin meterme muy de cabeza en mis proyectos a corto, mediano y largo plazo. Todo cambió porque ahora si algo no sale como quiero, simplemente sigo adelante haciendo lo debido y sin mucho drama. Eso me quitó pesos de encima porque entendí que primero debo estar bien conmigo mismo. En ese punto no importa el qué dirán, ni el pasado, ni el futuro. Solo lo que tenemos ahora.

Está muy joven y aún le faltan muchas cosas por vivir.

REFLEXIONES SUELTAS

Ser buena gente nos da mucha fuerza

* El corazón es el único órgano al que no le da cáncer, entre otras cosas, porque no puede parar, recibe y siempre da. Eso deberíamos hacer todos los seres humanos: vivir y generar vida, recibir y dar, no apegarnos y jamás guardar rencores.

* Un saludo sincero es una caricia que llega al corazón y cautiva a las almas nobles. Ya sea en la escuela, con amigos o en los negocios, el tener un gesto amable debe ser un hecho cotidiano y nos corresponde multiplicar en nuestro entorno.

* Muchos problemas son causados por actuar sin pensar o por pensar demasiado en vez de actuar. ¡Reflexionemos sobre ello! Pensemos antes de hablar en un momento de ira, en donde muchas veces decimos cosas que no sentimos en realidad.

* Un momento de alegría puede ser un mar de esperanza, entre otras cosas, porque con una sonrisa se calman las tristezas del alma. No olvidemos que la sonrisa es una sensación de gran placer y ella nos invade desde nuestro interior.

* Con paciencia las abejas crean una colmena, con constancia las hormigas hacen casas de arena, con fuerza las águilas mueven sus alas mientras vuelan y con plena confianza encontramos la llave que nos abre mil puertas.

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