martes 08 de octubre de 2019 - 12:00 AM

No nos enredemos a la hora de enfrentar los problemas

A veces nos complicamos más de la cuenta con ciertos problemas. Siempre podremos encontrar una solución para cualquier dificultad, un contratiempo o un inconveniente. La clave es tomar las cosas con la mayor serenidad posible.
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De manera errada solemos considerar las dificultades que se nos presentan a diario como ‘calamidades’.

Por eso nos volvemos problemáticos, vivimos de mal genio y, para colmo de males, culpamos a los demás de todo lo que nos sucede.

Nos quejamos de todo, nos sentimos decepcionados del mundo y atravesamos por prolongados episodios de ira, dolor y miedo.

A veces reaccionamos de manera airada y formamos problemas donde no los hay. En otras palabras, armamos una ‘tormenta en un vaso de agua’. Es como si nos acostumbráramos a ser ‘pesimistas ad honorem’.

¿Qué nos pasa?

Básicamente es un asunto de actitud. Nos llenamos de ‘mala vibra’ y siempre vemos la vida de acuerdo con esquemas de pensamientos basados en la negatividad.

Las cosas no deberían ser así. Sentirnos terriblemente intranquilos y entregarnos a pensamientos lúgubres en relación con las consecuencias posibles de un hecho es una bobada, entre otras cosas, porque con preocuparnos no evitaremos que algo suceda.

No podemos permitir que las preocupaciones diarias que afrontemos nos aten o nos llenen de más angustias, porque nos hundiremos en la desesperación.

Los problemas diarios son pasajeros. Así que deberíamos decirle ‘adiós’ a esa fea costumbre de afanarnos tanto por las contrariedades de la vida.

A todos nos corresponde adquirir la madurez suficiente como para hacer de las dificultades verdaderas oportunidades. Es preciso solucionar cada situación de un modo constructivo.

¿Cómo hacerlo?

Primero que todo, dejemos enfriar la situación. Cuando nos demos cuenta de que tenemos un problema, regalémonos cinco o diez minutos para imaginarnos que nada ha ocurrido.

Ojo, no se trata de esquivar la situación sino de dejar que la angustia no aflore de repente. Cuando el minutero haya dado las debidas vueltas en el reloj, empezaremos a ver las cosas menos traumáticas.

Luego hay que diferenciar los problemas de la realidad. La gente que se preocupa por una dificultad no contempla que todo tiene solución, y si tiene una salida ya no es un problema.

¡La ecuación es así de sencilla!

Antes de echarnos a la pena, deberíamos empezar por entender cuáles son las causas que nos han originado tales inconvenientes.

Es fundamental deshacernos de ideas preconcebidas y desterrar las frustraciones de experiencias pasadas.

También será fundamental tomar decisiones: No nos quedemos esperando que las soluciones caigan del cielo.

Conjugar el verbo actuar es más efectivo que quedarnos refunfuñando por cada cosa que nos ocurre.

Siempre podremos recomenzar y desenvolvernos constructivamente en nuestra ajetreada vida.

Es decir, tenemos en nuestra mente la posibilidad de remplazar el caos por la calma, sólo que debemos hacer lo necesario para recuperarnos pronto.

No nos enredemos a la hora de enfrentar los problemas

LA CONSULTA DEL DÍA

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Hábleme de ellos para reflexionar al respecto en esta sección. Envíeme su testimonio al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “He ido por la calle a la deriva, casi que deambulando por la vida. Hoy me enfrento a cambios que, desde mi perspectiva, podrían ser prometedores. Son oportunidades que antes no tenía y que ahora aparecen frente a mí. No obstante, he sido víctima de muchas frustraciones y esas huellas me tienen en un estado de pesimismo enorme. También vivo afectado por los problemas del diario vivir. Siempre me he lamentado porque las cosas no me salen bien y ante estas nuevas opciones, quisiera acelerar las decisiones sobre mi futuro, para que se me den más rápido. Quiero su consejo. Gracias”.

Respuesta: No se anticipe a los acontecimientos, ni quiera ganarle la carrera al tiempo.

Deje que todas las cosas mantengan su curso normal porque lo que tanto espera llegará de una manera natural.

Ahora bien, las decisiones que tengan que ver con el desarrollo y el futuro de su vida deberán ser tomadas con inteligencia y con un corazón atemperado por la luz de la razón. Enfrente su destino de una manera madura, serena e inteligente.

Lo anterior implica aprovechar al máximo todas las oportunidades que se le presenten. Recuerde que algunas de ellas solo se presentan una vez en la vida y si no las sabe canalizar en el momento, puede que no vuelvan jamás.

Es hora de dejar esa vieja costumbre de lamentarse, que nada bueno está aportándole a su vida.

Busque en su interioridad los elementos que le sirvan para reforzar su autoestima y tenga la certeza de sus capacidades, así como la seguridad de que podrá actuar autónomamente.

¡Pilas! Tiene que asumir con seguridad las decisiones que definirán sus cursos de acción. ¡Deje tanta ansiedad! Olvídese de todas sus frustraciones y no permita que esos feos recuerdos lo afecten.

Si quiere que su mundo circundante cambie, cambie primero su actitud mental. Necesita una dosis de calma para asumir las cosas del diario vivir y, sobre todo, para asumir con dignidad las dificultades.

Tome conciencia de la realidad a su alrededor y aclare cuáles de las cosas que le suceden o que ejecuta son importantes para su felicidad y para su éxito futuro. Tome la decisión de erradicar de su vida aquellas cosas, circunstancias o personas que le hacen daño. ¡Dios le bendiga!

REFLEXIONES SUELTAS

En manos de Dios

Si bien hacemos sacrificios, es clave alcanzar la plenitud. Realicemos lo que nos haga felices, amemos tanto como vivamos y dejemos nuestra vida en manos de Dios. Él sabe lo que es mejor para nosotros y nos bendecirá en el tiempo preciso.

Todo se paga

El karma es una interpretación energética de la causa y del efecto de nuestras acciones; es decir, cada uno vive las consecuencias de sus propios actos. Es como una tarjeta de crédito: se disfruta ahora, pero se paga después y con intereses.

Más abrazos

A veces lo que una persona necesita no es una mente brillante que le hable, sino un corazón paciente que le escuche. Por eso a los ojos tristes hay que hacerles menos preguntas y darles más abrazos. ¡Demósles una gota de consideración!

Todo el tiempo

No importa cómo fue su día, lo que vale es que Dios estuvo con usted durante esas 24 horas. Y después de la noche, recuerde que el solo hecho de despertar al otro día es un milagro diario que muchos reciben, pero que pocos agradecen a Dios.

Se puede enmendar

La decepción puede llevarnos a desmoralizarnos a tal punto de pensar erradamente que ‘Dios se ha olvidado de nosotros’. Cualquiera sea la reacción, ésta sólo nos está señalando que hemos cometido una falta. ¡Y un error puede ser corregido!

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