domingo 28 de febrero de 2010 - 10:00 AM

¡Pregrado Wayuu!

La escena no es nada común. Y es que resulta bien extraño ver en los pasillos de una universidad privada a estudiantes vestidos con coloridas túnicas, faldas largas, penachos, sombreros y batas bordadas con tintes, plumas y piedras.

Y aunque cualquiera podría pensar que hacen parte del grupo de danzas folclóricas de la ‘U’; la verdad es que se trata de un grupo de aborígenes, procedentes de La Alta Guajira, quienes se matricularon para cursar estudios profesionales.

Llegaron de la árida península del norte colombiano, en límites con Venezuela y el Mar Caribe, con la meta de salir en cinco años portando sus ‘togas’ y ‘birretes’; para luego ir a aplicar en su región, Siapana, los conocimientos adquiridos.

Ellos, con sus atuendos y la cultura indígena ‘a flor de piel’, desde hace un mes asisten a clases de pregrado en la Universidad Pontificia Bolivariana, UPB, y en la Universidad Santo Tomás de Aquino, USTA.

Todo hace parte de una interesante experiencia, pionera en este tipo de instituciones privadas, que les abre las puertas de sus aulas a los jóvenes de la Tribu Wayuu, para formarlos en carreras como: Derecho, Optometría, Odontología, Psicología, Comunicación Social, Informática, Cultura Física e Ingeniería Civil.

Los alumnos elegidos fueron seleccionados por los líderes de sus comunidades, regidas por los clanes ‘eiruku’, los cuales representan la autoridad en el mundo Wayuu.


¡De la tribu a las aulas!

Adaptarse a la vida universitaria no ha sido fácil para ellos. Por ejemplo, las indumentarias de los aborígenes se resisten a confundirse entre los blue jean, los pantalones descaderados y las demás faldas y accesorios modernos que acostumbran a usar sus compañeros de aula.

Tampoco se le han medido del todo a la cafetería. Mientras los otros alumnos pasan los descansos con empanadas y gaseosas, ellos prefieren llevar su propio avío; que no es otra cosa que el ‘sawa’, un alimento hecho con maíz tostado.

Pese a la diferencia en los refrigerios, a los alumnos Wayuu sí les ha tocado cogerle el ritmo a la academia. Tanto que ya están metidos en el cumplimiento de los horarios, la elaboración de ensayos, los ‘paper’, las tareas y hasta los parciales, los cuales tienen a más de uno de ellos ‘rascándose’ la cabeza, como cualquiera de sus compañeros santandereanos.

Los previos no son las únicas pruebas. Otra de ellas es hablar en público, que no ha sido de manera precisa el fuerte de ellos; sobre todo si se tiene en cuenta que los aborígenes tienen muy arraigado su idioma nativo: el wayuunaiky.

Y aunque para esta comunidad el español es su segunda lengua, los ‘primíparos’ Wayuu’ argumentan que los conceptos teóricos de la civilización no les es del todo fácil de asimilar.

No obstante, se defienden con su propio estilo. Tanto que Alcliber Castillo Ipuana, uno de los indígenas que cursa el primer semestre de Ingeniería Informática, ya hizo una exposición en clase sobre las Tecnologías de la Información y la Comunicación, TIC.

Pese del avance que por fortuna Alcliber demuestra en el manejo del mundo virtual, él admite que le ha costado trabajo acostumbrarse al mundo real de la universidad e incluso a su nuevo hogar.

Según cuenta, él viene de una región muy pobre, que no tiene ni agua ni vías: 'mientras las escuelas de mi tribu están hechas de barro y yotojoro, que son plantas y maderas secas, aquí me enfrento a modernos centros educativos, con sofisticados campus, que incluso hacen que me pierda de un salón a otro'.

De hecho, Alcliber y sus demás compañeros viven bien retirados del área, por los lados de Guatiguará; en un sencillo rancho, enclavado en el monte. Es tan lejos, que a él y a los demás estudiantes Wayuu les toca caminar hora y media para tomar el bus en la autopista.

Ellos aman la naturaleza, antes que a las moles de cemento o los apartamentos; duermen en chinchorros, antes que en camas; y consumen alimentos de la tierra, cocinados por sus propias manos.


Compromiso con su pueblo

Para Cira Elena Navas, estudiante indígena de Derecho, el paso por la ‘U’ de esta comunidad va más que la simple realización profesional.

'Aquí el compromiso será con nuestro pueblo, con nuestra gente. Quiero saber de leyes para poderle cantarles la tabla a los políticos que van a nuestra tierra a pedir votos, pero que jamás hacen algo por nuestra tierra', afirma.

Ella explica, por citar sólo un ejemplo, '¡cómo la expansión de las políticas de Venezuela y Colombia sobre nuestra tierra indígena, hace que los Wayuu nos veamos obligados a defender nuestro territorio!'.

Por eso, se podría decir hoy que, nuestros estudiantes indígenas le apuestan a hablar el mismo idioma profesional de los prestigiosos centros educativos del área metropolitana; sin desconocer sus raíces, ni tampoco ignorar las nuestras.

Es cierto que el ‘Malewa’ de ellos, es el Dios de nosotros; y que el ‘shein’ que lucen, es el equivalente al traje típico santandereano. Sin embargo, la educación, así sea en el idioma español o en el dialecto wayuunaiky, al final nos hace crecer y progresar.


Les toca estudiar con ‘totuma en mano’

Los estudiantes Wayuu están preocupados por su futuro en la ciudad. Una de las profesoras de esa comunidad, Fanny Yineth Zamudio aprovecha esta publicación de Séptimo Día para hacer un angustioso llamado.

Ella dice que los alumnos Wayuu, de manera literal, 'estudian con las uñas: no tienen dinero para el bus, ni para las fotocopias de las clases; mucho menos para comprar los equipos necesarios en su formación académica'.

Quiere aclarar, eso sí, 'la invaluable colaboración que han prestado las directivas de la UPB y de la USTA: aquí no se paga ni un peso por las matrículas'.

Sin embargo, la docente sí les lanza duras críticas al Instituto Colombiano de Crédito Educativo y Estudios Técnicos en el Exterior, Icetex, y a la Gobernación de La Guajira.

¿Por qué? Según su denuncia, 'ni el Icetex, ni mucho menos la Administración Seccional han hecho efectivos los créditos que les prometió a los jóvenes Wayuu desde el año pasado. Y como no llegan esos recursos, aquí se pasan las duras y las maduras'.

La profesora toca hoy las puertas de los santandereanos y los invita a unirse a esta causa haciendo sus aportes. Los interesados en ayudar pueden comunicarse con la línea: 312 3458681.

 

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