domingo 26 de julio de 2009 - 10:00 AM

‘No odio a los gays’

Mientras la comunidad LGTB gana batallas en el mundo entero para que se respete el derecho a la diversidad sexual, en Bucaramanga, un joven cristiano de 28 años recorre las calles en una camioneta cubierta de textos bíblicos, que juzgan fuertemente a los homosexuales. Los agredidos y la comunidad en general lo consideran un acto discriminatorio y homofóbico. Esta es la historia.

Es inevitable dejar de leer el letrero que John Álvaro Gómez estampó en la parte trasera de su camioneta desde hace año y medio y en la cual recorre las calles de Bucaramanga. Hasta hace unos días decía lo siguiente: 'el homosexualismo es una inmundicia, una deshonra, una vergüenza y hace a la persona digna de muerte'. El texto finalizaba con esta referencia: Romanos 1,24–32, una cita bíblica que no es textual, pero que según John, resume lo que Pablo escribió en su epístola a los Romanos hace casi 2 mil años, cuando describió a la Roma de la época.

Ahora, el texto cambió, –sólo un poco–, luego de que una queja de un ciudadano fuera publicada en este diario.

El lector escribió indignado afirmando que John, a través de su mensaje, 'claramente invita a asesinar homosexuales en la ciudad'.

John acepta que su mensaje puede malinterpretarse y por eso cambió la frase que decía que los homosexuales eran dignos de muerte por esta afirmación: 'y siendo (el homosexualismo) contra  la naturaleza, produce muerte, más el que se arrepienta alcanzará la gloria'.

John se justifica: 'algo que tengo claro como cristiano es que ninguna persona puede ni debe quitarle la vida a otra, de eso se encarga sólo Dios'.
Él no considera que su mensaje sea homofóbico, incluso afirma que no está en contra de esa comunidad. 'Mi intención, antes de estar en contra, es a favor', dice.

Este joven, miembro de una iglesia cristiana de la ciudad desde hace ocho años, afirma que su deber como cristiano es predicar el Evangelio, y según su interpretación de los textos bíblicos con relación a los homosexuales, su mensaje en la camioneta resume el pensamiento divino.

'Yo no rechazo a los homosexuales, antes me da tristeza de aquellos que no pueden salir, porque sé que no es fácil. Yo conozco muchos drogadictos, hoy libres de la droga, que están en el camino de Dios, pero el homosexualismo es un hueco muy hondo', afirma.

Y aunque la Policía también lo buscó para conocer el motivo de su comportamiento, el asunto quedó resumido a una infracción, ya que el decreto 022 de tránsito prohíbe conducir vehículos con publicidad en sus vidrios que obstaculicen la visibilidad.

John no se rinde. 'Me hicieron un comparendo, pero los avisos los pienso pasar a las puertas. Ya estoy sacando un permiso en la Secretaría de Gobierno, para que me autoricen a ponerlos como publicidad cristiana y no tener problemas en mi movilidad', dice.

Aduce que él está en todo su derecho de ejercer la libertad de expresión. Pero, ¿hasta qué punto esta libertad de expresión permite actos que pueden considerarse intolerantes, o que como decía el ciudadano que se quejó, atentan contra la vida de otras personas?
Marcela Sánchez, directora de Colombia Diversa, una organización no gubernamental que trabaja en favor de los derechos de lesbianas, gays, bisexuales y transgeneristas (personas LGBT) en Colombia, y que se desempeñó recientemente como coordinadora de la Oficina de Género de Profamilia, afirma que cuando se busca condenar a la gente por su orientación sexual, es claramente una invitación al odio.

'Las opiniones no caen en vacíos, las opiniones no son simples opiniones personales sino que hay que leerlas dentro de un contexto social y cultural. Ese contexto en Colombia ha estado caracterizado por ideas y estereotipos negativos contra la población LGBT, que tienen consecuencias tan grandes como la muerte, por ejemplo, de travestis en ejercicio de la prostitución'.

Para esta activista, John puede pensar lo que quiera, pero lo peligroso es el contexto en que está difundiendo su mensaje. 'Es violencia psicológica, violencia sexual, pero además, es una incitación al odio porque él no sabe en quién pueda repercutir el mensaje, provocando que una persona con un arma en sus manos condene lo que le parece anormal', afirma.

La historia de John

A las 2 de la tarde, el restaurante, propiedad de John Álvaro Gómez, está inundado de música cristiana.

Se sienta en una de las mesas del lugar y pone sobre ella una Biblia, que guarda en un gran estuche de piel.

La abre y lee despacio los versículos de la Carta a los Romanos, que hacen referencia al homosexualismo en el Nuevo Testamento. La interpretación de estas referencias bíblicas a la orientación sexual, ha sido ampliamente discutida desde hace décadas en todo el mundo, y John es de los que piensa que hay que apegarse a las escrituras.

Las razones para divulgar su pensamiento censurando el homosexualismo, están apoyadas en un discurso netamente religioso, que para él, no tiene la probabilidad de error.

Por ejemplo, afirma que en el relato sobre Sodoma y Gomorra, el homosexualismo es el que rebosa la copa de Dios. 'El homosexualismo lo que hace es destruir. Lo que dice Dios en la Biblia es para evitarnos problemas', afirma.

Pero los mensajes de este joven cristiano, no sólo se refieren a los homosexuales. Su camioneta, de color azul oscuro casi negro y vidrios polarizados, también tiene textos contra el adulterio, la fornicación, los borrachos, la mentira y hasta la forma de vestir de las mujeres.

El texto del homosexualismo lleva en su camioneta casi un año y medio y los demás, cerca de 4 años. Incluso, hace un mes recorrió parte de Colombia hasta Perú, donde dice que este tipo de mensajes en carros de cristianos son comunes.

John no niega que la presencia en las calles de su camioneta llena de este tipo de mensajes agresivos, intimida a los transeúntes.

Él mismo afirma que en el Norte de la ciudad, los muchachos salen corriendo cuando ven la camioneta porque la asocian con la mal llamada ‘limpieza social’.
'Sí, azul oscuro… vidrios oscuros, pero no por el letrero'. Agrega que algunos jóvenes se le han acercado a decirle que el letrero es ofensivo y su respuesta es la siguiente: 'necesito decirles la verdad, porque ustedes están creciendo pensando que el homosexualismo es normal'.

John, que creció vendiendo melcochas en la calle y que a los 15 años de edad empezó una vida de excesos, entre esos el alcohol, afirma que desde hace 8 años está en el Evangelio y que esa fue su salvación. Y ha tomado decisiones drásticas.

Hoy, las prostitutas sólo pueden entrar a su negocio siempre y cuando su forma de vestir 'no sea descarada'. Igual pasa con los homosexuales, 'si no causan escándalos, son tratados como clientes normales'. Tampoco vende licor.

Para él, el asunto puede resumirse a la siguiente comparación: 'es como un letrero en el mar que dice: cuidado con los tiburones. Usted decide si pelea con el que puso el letrero o tiene cuidado con los tiburones'.

John acepta que el lenguaje que utiliza es fuerte, pero que de alguna manera, según sus creencias religiosas, 'el que quiere cambiar, reacciona'. Cosa muy diferente piensan quienes trabajan en defensa de los derechos de la comunidad LGBT, partiendo del hecho que la homosexualidad no es una enfermedad o está 'contra la naturaleza', como lo sugiere John.

Libertad de expresión

Mauricio Albarracín, abogado del proyecto de Derechos Humanos de Colombia Diversa, explica que en la Constitución colombiana están amparadas muchas manifestaciones dentro de la libertad de expresión. Una de esas podría ser el desacuerdo de John frente a la homosexualidad.

'En este caso, el problema es que él hace una invitación directa a cometer un delito (cuando su mensaje se refería a que el homosexualismo es digno de muerte) y eso deja de estar amparado por el derecho', explica.

Para Albarracín es claro que si el mensaje incita a la violencia, no está amparado por la libertad de expresión. Pero, ¿un juez puede prohibir, o no, este tipo de publicidad en un carro particular?

'En la medida en que se expresen las opiniones sin afectar los derechos de los demás, que no sea, por ejemplo, una injuria contra alguien en particular, aunque son opiniones que me parecen molestas, yo no vería la forma de prohibirlas', explica el abogado.

La discusión sobre cómo regular la libertad de expresión no es un asunto nuevo. Se habla de si lo que hay que hacer es restringir las opiniones en contra de la democracia, o maximizar opiniones democráticas.

Para Albarracín, la Alcaldía de Bucaramanga, frente a opiniones como la de John, debería  promover otro tipo de acciones. 'Lo que preocupa es que se expresen cosas en contra del homosexualismo, y no haya quien equilibre la balanza, no mediante la prohibición sino mediante la difusión de mensajes positivos'.

Para este analista, más que una discusión desde lo legal, manifestaciones como la de John causan dolor, ya que no se trata solamente de diferencia de opiniones, sino que tienen impacto en la vida y en las emociones de las personas discriminadas.

Para Ivonne Calderón, representante del grupo de Estudios de Género y Sexualidad de la UIS, el mensaje de John no está afectando individualidades, y desde ese punto de vista es difícil registrarlo como un hecho homofóbico. 'Incluso, las personas que de alguna manera pudieran ser afectadas, tienen el temor de denunciar, o de reconocer el hecho como discriminatorio'.

Por ahora, este grupo de género está apelando a acciones de visibilización de la comunidad LGTB, para sensibilizar a la población frente a sus derechos.

'Es evidente que estas acciones como la de la camioneta generan mucho temor, y más porque se enmarcan en un contexto nacional crítico para la comunidad.
Para aquellos que somos más visibles, por nuestro activismo, no sabemos en qué momento la discriminación va a pasar de los mensajes a hechos violentos graves', dice Ivonne.

Muy seguramente, John no sabe que sus mensajes han provocado que los miembros más visibles de la comunidad LGBT en Bucaramanga, teman por su seguridad personal.

Por lo pronto, John, insistirá en divulgar su mensaje ‘evangelizador’.

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