domingo 28 de marzo de 2010 - 10:00 AM

Un hombre llamado ‘Cerebro’

Antes del rodaje de la película ‘El Vuelco del Cangrejo’, se hicieron talleres en La Barra, un caserío del litoral pacífico con alrededor de 500 habitantes, sobre el lenguaje cinematográfico. Los actores aprendieron los diálogos sobre la marcha y hubo espacio para la improvisación. Esta es la historia de su protagonista ‘Cerebro’.

‘Cerebro’ se acostó siendo un habitante más de La Barra y se despertó convertido en estrella.

Un hermoso mar de color azul verdoso, extraño para quien está acostumbrado al gris que se matiza entre la arena negra y el nublado cielo del Pacífico, recibe a ‘Cerebro’. Tal vez esa sea su manera de acoger a una estrella nacida en su misma playa.

El actor natural de la película ‘El Vuelco del Cangrejo’, premiada en el Festival de Cine de Berlín (Alemania), elogiada en La Habana (Cuba), Miami (EU), Toronto (Canadá) y en Cartagena, se ha puesto nostálgico. Dice que la ansiedad de retornar a su mundo no lo dejó conciliar el sueño la noche anterior, en Cali.

Ahora, por fin, está en el muelle de Buenaventura esperando la lancha que lo llevará hasta Juanchaco y Ladrilleros. Allí, sólo lo separa una hora de caminata hasta La Barra, pero el camino a casa se prevé demorado, y no por la lluvia que ha desdibujado la embarrada trocha. ‘Cerebro’ se detiene una y otra vez para estrechar manos. 'Qué primo, ¿y cómo me le fue?', le preguntan los conocidos que va encontrando. 'Mirá, el de la película', lo señalan quienes comienzan a reconocerlo.

Con gafas oscuras y una gorra negra con la imagen de la India Catalina delineada en blanco, no deja de hablar de la pesada fama que, como él, cargan los actores del séptimo arte. Han sido meses de fotos, entrevistas, firma de autógrafos y eso que, advierte, él siempre ha sido famoso: 'Me dicen que ahora soy una estrella y, probablemente para el mundo sí, pero la verdad es que aquí siempre he sido famoso, la gente ya sabía mi nombre, sólo que ahora sale mi imagen en otras partes'.

Es verdad. Quienes han ido a La Barra saben que él es un contacto para el turismo en esta zona. De hecho, fue en uno de estos viajes como el director caleño Óscar Ruiz Navia se inspiró para capturar en formato cinematográfico la cotidianidad de La Barra, claro, con él como protagonista.

También es verdad, no se puede desconocer que fue gracias a esta fama añadida que por primera vez en 68 años de vida, ‘Cerebro’ desprendió los pies de su tierra para conocer otras aguas que no fueran las del Pacífico. Por primera vez voló en un avión y conoció el miedo en las alturas.

Sin entregar mayores detalles, dice que conocer Toronto 'estuvo bien, que las Cataratas del Niágara son chéveres' y que está pensando en comprar un librito porque quiere 'aprender el inglés'. Ahora, cuando se le pregunta qué extrañó en el viaje, el negro vuelve a su hablado acelerado y se queja de la comida canadiense: congelada, precocida. 'Es que acá a uno no le falta su pe’cado sudado al desayuno, al almuerzo y a la comida. Y cuando no hay pe’cado sudado, entonces le hacen su pe’cado frito', dice entre risas.

Las fronteras de ‘Cerebro’ hasta ahora estaban delimitadas por Buenaventura y Cali, donde vivió un año sin echar raíces, porque sin el sonido del mar se sintió ahogado. Tenía 18 años, el pelo largo, aretes, collares y las muñecas sin espacio para más pulseras.

Antes y después del ‘Cangrejo’

En el 2008, con la llegada del equipo de producción de la película ‘El Vuelco del Cangrejo’ la historia de La Barra se dividió en dos. Ni la llegada de la energía, hace tan sólo cinco años, deslumbró tanto a los nativos como las luces de las cámaras. Fueron seis semanas de rodaje, tres actores profesionales y el resto naturales, por eso las calles lodosas del caserío parecen un paseo de la fama donde en cada rancho bien puede vivir una estrella.

Es la 1:00 p.m.. Agustín, un negro de canas blancas en el pecho y unos tragos de más en la cabeza, suspende una conversación sobre si Uribe debería quedar de nuevo como presidente:

-¿Usted qué hace, por qué pregunta tanto?, me dice.
- Soy periodista, quiero conocer el pueblo.
- ¿Va a hacer otra película?
-No.
- Haga una película, yo le actúo. Usted vio la última escena donde se derriba el muro... ese negro feo que ve ahí, ese soy yo. Eso sí, ahora cobro por escena, por día... ¡Haga una película!

Unos ranchos atrás del bar de madera donde está Agustín, se encuentra Plácido sentado, dejando pasar el tiempo. Cuenta que tiene 80 años y la única película que ha visto en su vida se llama ‘El Vuelco del Cangrejo’, donde él, repite, sale abriendo y cerrando la puerta de su casa.

Y unos pasos más allá, no muy largos, vive Yisela, la ‘Luiza’ creada por Óscar Navia para acompañar al extranjero ‘Daniel’ (Rodrigo Vélez) mientras se encuentra extraviado en La Barra. En las paredes de madera de su cuarto, el cual comparte con sus tres hermanas, la pequeña cuelga su más grande sueño hecho realidad: varias fotos tomadas durante el rodaje.

Yisela dice que quiere 'actuar por todo lo alto' y, tal vez porque sus referentes no van más allá de los tres canales mal sintonizados que entran en su televisor, asegura que quiere hacerlo como la ex reina Tatiana Vargas.

La pequeña tiene 13 años y ya comienza a tener cuerpo de mujer. Posa con naturalidad ante la cámara fotográfica y sólo se distrae al paso de una carreta donde llevan cargada una anciana. 'Ella es la abuela de mi abuela, tiene 108 años', señala. En efecto, la cándida Jovita, cómoda y sonriente desde la carreta, es trasladada semana tras semana a una casa diferente para ser cuidada por sus hijas Evelia, Filomena o Eudosia. Y aunque se le pasó la vida dando a luz, realmente tiene pocos de los achaques propios de su edad. Tuvo 12 mujeres y tres hombres, heredando en ellas, así parece, la misma vitalidad, pues su esposo y dos de sus hijos murieron. Ahora sólo queda Plácido.

Un hombre llamado ‘Cerebro’

El ranchito de ‘Cerebro’ es el segundo entre dos hileras de unas 20 casas frente a la playa y, como el resto, está construido en madera por respeto al mar. 'Es que la tierra por acá camina, necesita moverse y el cemento es muy pesado. Por eso no perdona e intenta tragarse las casas que lo usan'. Esta es la razón de la lucha que, como en la película, sostiene contra quienes intentan atraer el turismo con cómodas edificaciones de concreto.

Distanciada, como si estuviera disgustada con el resto del caserío, se encuentra la casa gris de una mujer que dice tener terrenos para la venta. La morena explica que el lote del frente, donde se están comenzando a parar paredes de cemento, fue vendido por su marido a un extranjero en nueve millones de pesos. Además, señala, acá o allá, 'donde quiera, hay más por si le interesa'.

Es que en La Barra no existen las escrituras, las viviendas sólo se legalizan ante Dios. Aquí, el protagonista de ‘El Vuelco del Cangrejo’, quiere vivir para siempre, aquí se enamoró de su esposa, se casó, tuvo a sus tres hijos. Aquí lo bautizaron ‘Cerebro’ desde que, no sabe por qué, decidió ponerse una cinta en la cabeza con esa leyenda. Aquí ha vivido desde los 12 años cuando no tenía otro nombre que el de su cédula: Arnobio Salazar Rivas.

LA PELÍCULA

La película es dirigida por el caleño Óscar Ruiz Navia. Es el primer filme de la productora caleña Contravía Films.

Su elenco está conformado por Rodrigo Vélez, Karent Hinestroza, Jaime Castaño y los naturales Arnobio Salazar (‘Cerebro’) y Yisela Álvarez.

La película recibió el premio de la crítica en el Festival de Cine de Berlín, en la sección Forum, que proyecta a nuevos realizadores de cine independiente.
También estuvo en los festivales de cine de Toronto (Canadá) y Miami (EE.UU.).

Además, recibió mención especial en la trigésima primera edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, de La Habana, Cuba.

Recién finalizado el proyecto, obtuvo la beca de The Global Film Iniciative, en Estados Unidos; la selección oficial en el Buenos Aires LAB, y fue escogida en el Open Doors del de Locarno, Suiza, en 2008.

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