Muchas personas terminan dándole el valor o la relevancia a las cosas que tienen, a las oportunidades o a las personas que están a su lado, justo cuando ya no están, cuando se perdieron, cuando se fueron o peor aún, cuando fallecieron. Aproveche lo que tiene al máximo.

Publicado por: PAOLA BERNAL LEÓN
No hay nada más triste que darse cuenta de lo importante que era la figura de su mamá, del apoyo incondicional que tenía con ella, justo cuando ella partió de este mundo.
Ese puede ser uno de los dolores más fuertes, pues dejó pasar la gran oportunidad de abrazarla, de compartir con ella sus tristezas, sus alegrías.
También se convierte en un dolor inmenso en el alma el saber que esa persona que fue su pareja durante tanto tiempo daba todo por usted, pero nunca la valoró, nunca le dio el lugar que se merecía y justo cuando esa persona reaccionó, se cansó del maltrato, se aburrió de ser un cero a la izquierda, usted reconoció lo valioso que era para usted.
Muchas personas incluso viven renegando todo el tiempo de su trabajo, y en el momento en que lo pierden se dan cuenta de la gran oportunidad que tuvieron para amar lo que hacían, pero dejaron que el pesimismo o el inconformismo los cegara.
De eso se trata, de quitarnos esa cinta negra de nuestros ojos y empezar a darle el verdadero valor a las cosas, personas y oportunidades que tenemos en este presente.
De no hacerlo así, cuando ya sea demasiado tarde sólo quedarán pesares y usted ya no podrá devolver el tiempo.
preguntas y respuestas
Ana Juliana Becerra
Psicóloga
¿Qué nos puede estar cegando y llevando a no darle importancia a lo que tenemos en el hoy, en el ahora?
Cuando se nos han dado ciertas comodidades, cuando hemos tenido una vida homogénea, eso nos lleva muchas veces a mirar todo bajo una supuesta "normalidad". Creemos que lo que tenemos es básico y como seres humanos tendemos a querer más.
Incluso muchas veces nos quedamos viendo más lo negativo de las situaciones que lo positivo del ahora, hasta terminar en la insatisfacción respecto a nuestro estilo de vida.
¿Qué invitación hace como profesional para que las personas no esperen hasta el final para darse cuenta de lo que tenían y perdieron?
Lastimosamente los seres humanos necesitan a veces tener esas pérdidas para valorar eso qué tenían. La invitación es a mirar otras experiencias de vida y preguntarnos por un momento qué sería si no tuviéramos a esa persona, si no tuviéramos esa oportunidad.
Debemos empezar a valorar las cosas y empezar a darles el peso a los detalles más pequeños. Por ejemplo, el buenos días, el beso en la mañana, el poder compartir la cena con nuestra familia, disfrutar a la persona que amamos y nos ama. Eso es bienestar.
Es tan sencillo como cuando nos cortamos un dedo y en ese momento nos damos cuenta lo importante que es para nuestro cuerpo. Eso nos pasa a veces con el plano afectivo. Lo más importante es que seamos más concientes de esas cosas buenas que tenemos.
¿Qué actitud tomar cuando las cosas ya se perdieron, cuando ya es demasiado tarde?
Después de haber tenido una pérdida debemos hacer de esa situación algo enriquecedor para nuestras próximas relaciones y para las actuales.
Si en el pasado no fuimos capaces de ofrecer perdón, si dejamos una conversación pendiente, podemos trasladar esas situaciones a nuestras relaciones actuales y valorar esos momentos, perdonar lo que tenemos que perdonar y disfrutar el hoy y el ahora.
preguntas y respuestas
América Villabona
Maestra en Reiki
¿Por qué a veces no nos damos cuenta de lo que tenemos y seguimos buscando o asumiendo una actitud inconforme? Nuestra cultura nos educa desde niños a mirar siempre hacia fuera, a mirar el exterior, a ver de alguna manera que el pasto del vecino es más verde que el mío.
El afuera es un patrón de seguimiento, al irnos educando hacia afuera perdemos esa sensibilización con nuestro verdadero interior, con nuestro entorno, con nuestra familia.
En el momento en que estás enfocada hacia el afuera, empiezas a mirar tu vida con lo que está afuera, con esa conducta de estar comparando, midiéndote con lo que hay afuera y siempre encontrarás algo más grande y más pequeño, pero casi siempre miramos lo más grande, debido a ese espíritu competitivo que viene desde la cuna.
Sólo basta mirar que nos educaron nuestros padres diciéndonos que debemos ser alguien mejor que ellos y por eso debemos estudiar, cuando eso nos dice que lo que hicieron por nosotros no es suficiente. Nos dicen "si no estudias no eres nada" y en el momento de tener un fracaso y retomar un arte o un oficio, sentimos que estamos sumergidos en una época de fracaso.
¿Por qué algunas personas esperan hasta haber perdido a su pareja, a su mamá, a sus hijos, a su propio trabajo, para darse cuenta de lo valioso que eran? Porque todo parte de ese vicio de comparación que tiene occidente. Esa misma competitividad es la que nos lleva casi siempre a perdernos de lo mejor que es mirar hacia adentro. Nos quedamos mirando afuera y disfrutando lo material, lo que nuestros sentidos ven a simple vista, cuando podemos disfrutar unos minutos con mamá, conversar con ella de las arepas que hizo, de la pastilla que se está tomando. De alguna manera hacemos más énfasis en lo que hay que mostrar y cuando nos damos cuenta ya no está esa persona y es cuando recapacitamos que ese ser, que esa pareja, que ese trabajo, me estaba dejando una experiencia de vida y un aprendizaje. Es ahí cuando la mente empieza a sentir esa falencia y culpabilidad.
¿Qué invitación hace usted para que las personas aprendan a valorar lo que tienen? ¿Cómo podemos empezar a realizar ese análisis con el fin de darnos cuenta de lo valioso que tenemos en el ahora? Cualquier suceso que llegue a nuestra vida y sea un proceso de arrepentimiento y de pérdida o culpabilidad por no haber aprovechado algo en el momento, lo único que deja es el aprendizaje y es "no repitas ese mismo comportamiento", "no repitas esa misma acción con lo que tienes en este momento", "aprende a valorar lo que la vida te va presentando día a día", pues eso no se repite. Es tener claro que lo que estoy haciendo ahora puede convertirse en un aprendizaje que necesitaré más adelante.
Cuando el ser humano entiende eso no se queda en la pérdida, en el luto, aprende a disfrutar a las personas en vida, se da cuenta que si tuvo un fracaso matrimonial mejorará sus comportamientos, reevaluará lo sucedido para que en esa segunda oportunidad o segunda relación no caiga de nuevo en esos vicios.
A los seres humanos nos cuesta trabajo confrontar la responsabilidad, pero es esa responsabilidad la que tenemos con nosotros mismos. Por eso la invitación es a reconocer en qué fallé para enfrentar el presente, para darme cuenta que mi vida no ha acabado ahí y que esa pérdida o fracaso debe convertirse en una fuerza que me estimule, en esa energía para no quedarme en el victimismo, en la tristeza o en el vacío.















