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Domingo 23 de septiembre de 2012 - 12:00 AM

Convivencia prematrimonial: ¿Qué tanto funciona?

Para muchos es una simple experiencia, para otros es jugar a los casados sin estarlo, para algunos es una buena opción para ponerse a prueba en materia de tolerancia, y para otros es miedo real al compromiso.

Convivencia prematrimonial: ¿Qué tanto funciona?
Convivencia prematrimonial: ¿Qué tanto funciona?

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Publicado por: PAOLA BERNAL LEÓN

¿Convivencia prematrimonial? Jamás. Décadas atrás era impensable este tipo de alternativas en la mente de las mujeres. Por supuesto, hacerlo resultaría parte de todo un señalamiento cargado de moralismo. Así lo explica Ketty, una mujer que cumple ya 48 años de su vida junto al hombre que eligió para dar ese “sí” para toda la vida.
“Las que convivían con hombres eran las amantes. Ellas quedaban marcadas, no podían usar vestido blanco. Me inculcaron que debía llegar virgen al matrimonio, era un regalo que se le hacía al hombre y era para toda la vida ese compromiso. Si no eras virgen, te devolvían, así de sencillo (risas)”, afirma.
Pero Ketty es consciente de que las nuevas generaciones tienen como posibilidad la convivencia prematrimonial. “Más allá de que elijan casarse o convivir, lo que importa es el compromiso serio que adquieran. No es decir “vamos a ver cómo nos va y miramos a ver” sino “queremos estar juntos porque nos amamos”.
En el tema de convivencia Ketty es clara: “No todo es color de rosa y eso debe estar claro en la mente de todos. Hay días en los que te levantas y no quieres saber nada de nadie, pero luego te calmas. También es poner de tu parte, saber en qué puedes ceder, pues no te cuesta nada. El hombre encontraba en mi época a una mujer que lo atendiera, y uno era feliz llevándole el jugo que más le gustaba cuando llegaba del trabajo, eso era hacerlo feliz y uno era feliz con ese rol”.  
Así que para ella lo importante, más allá de irse o no irse a convivir antes del matrimonio, es la seriedad con que se asuma ese paso. No como un juego.
“Debes tomar cualquier decisión con la seriedad que lo amerita. Así como cuando pides plata prestada, debes pagarla, si no quedas muy mal. Todo debe partir del compromiso, porque es claro que el que quiera acabarlo va a hacer sufrir al otro, y más si quedan hijos de esa experiencia que no puede tomarse como un simple juego, como un simple ensayo error”, afirmó.
Por eso ella puede decir desde su experiencia, que un matrimonio de 48 años le ha dejado un gran amor por sus hijos, un cariño especial por su esposo, y una gran lección de tolerancia. Sobre todo por las convicciones religiosas que la acompañan.

Jóvenes viviendo una experiencia
David hoy tiene 29 años. Vive solo. Pero dos años atrás se animó a convivir con su novia, la cual tenía un año menos que él y era oriunda de otra ciudad. Esto les permitía compartir el mismo espacio y gastos.
Como todos los planes de una pareja joven, disfrutaban de fiestas, actividades sociales, discutían como todos, pero al final lo solucionaban con un beso.
Sin embargo, una fuerte discusión acabó con la relación, ella tomó sus maletas y se fue para su ciudad de origen. Él nunca la buscó.
A pesar de haber convivido durante un año con ella y de haber terminado cada uno por su lado, David dice que volvería a elegir la convivencia prematrimonial como opción, antes de casarse.
“Pienso que la convivencia debe ser el primer paso. Yo no le tengo miedo a la convivencia, le tengo miedo al compromiso”.
David afirma que para él la convivencia no fue nada difícil, que incluso no hubo problemas por dinero, y que en realidad lo que no se ajustó a la relación fue el carácter y orgullo tan fuertes que tenían los dos. Algo así como diferencias irreconciliables.

Preguntas y respuestas

Ana Juliana Becerra
Psicóloga
¿Qué decir de la convivencia prematrimonial como opción?
Los muchachos empiezan desde la convivencia cuando cambian de ciudad, y tienen que vivir solos. El vivir con otros, ya sea con amigos, los lleva a percibir la independencia, pero también a adaptarse a otras personas. Esto ya marca una diferencia a la hora de acoplarse a una pareja.
En el tema de la convivencia prematrimonial, muchos lo asumen como “ensayemos, pero sin compromisos”. Eso hace que los lazos sean más flexibles, los sentimientos menos fuertes, vivir en el ahora y no a futuro. Eso hace que el compromiso sea menor porque no te esfuerzas, es vamos a ensayar y miramos si esto va para rato, hay menos tolerancia frente a los espacios.
¿Actualmente qué lleva a algunas personas a tomar esta decisión? ¿Es miedo al compromiso real? ¿Es miedo a separarse pronto porque no pudieron con la convivencia? ¿Es simplemente una forma de pasarla bien en pareja, sin casarse o incluso de salir de casa y compartir gastos?
Depende de la actitud con la que se tome la convivencia. Si sabe que es algo temporal, o que no es la relación en la que se quiere estar pero por circunstancias sigue ahí, se adquiere un menor compromiso, se da menos, se exige menos. Pero cuando se está hablando de otro tipo de compromiso, cuando media el afecto, el amor por el otro, entramos en condiciones diferentes, hay más tolerancia, hay más negociaciones, menos roces, los dos terminan aportando a esa convivencia y no al contrario, caer en un juego de quién domina a quién.
Por eso hay personas que pueden decir que van a ensayar tres meses y ya con ese límite de tiempo saben qué quieren. Hay otros que pueden durar siete años conviviendo y decidir casarse, lo hacen y se separan a los pocos meses porque evidencian que el miedo es al compromiso.
Influye también lo que están buscando los dos. Por ejemplo, si esa persona es foránea, si aún está buscando cosas, mirando qué hacer con su vida, si se queda o se va, no tiene un nivel de compromiso igual.
Otra posibilidad puede ser el miedo a que no funcione, quizá porque crecieron en hogares de padres separados y el hecho de irse a convivir los deja en un efecto espejo. Ellos pueden vivir con el temor de que “no funcione”, “qué tal que todo vaya mal”.

Mis padres se oponen
Si sus padres son conservadores, muy tradicionales y religiosos, lo más probable es que pongan el grito en el cielo. Se opondrán y saldrán con frases como “hija, si te vas a vivir con él, seguro no se casa”. Otros morirían de la vergüenza, por el qué dirán de sus amistades.
En ese tipo de casos, explica la psicóloga Ana Juliana Becerra, es necesario que la pareja muestre un verdadero grado de madurez para que a pesar del enojo de los padres, pueda evaluar un  resultado favorable tras la decisión de los hijos.
“Hay papás que son relajados y que incluso le dicen a sus hijos que es mejor que prueben la convivencia y después sí se casen, así como hay otros que son dogmáticos y que se dejan influenciar demasiado por la religión o la parte social. Pero más allá de la postura de ellos, lo importante es que la pareja mire su entorno familiar, y si ha demostrado madurez, ha ganado un espacio respetable en la toma de decisiones, seguro los padres se relajarán así no estén de acuerdo”, expuso Ana Juliana Becerra.

¿Qué debe tenerse en cuenta para una sana convivencia?
Estas son algunas indicaciones para que una convivencia prematrimonial o tras el matrimonio, se logre de manera asertiva:
1. Negociación de espacios, tiempos, costumbres, maneras de hacer las cosas y maneras de ser.
2. Recuerde que cuando usted convive con alguien, no puede darse el lujo de irse y no verlo más.
Tendrá que levantarse y ver a esa persona, así no esté de buen humor. Aprenda a manejar esos cambios.
3. Las rutinas. Pueden terminar siendo incómodas. Recuerde que hay personas muy divertidas por un rato, pero no todos los días.
Hablen sobre esos espacios de soledad, o de compañía. Se deben negociar.

No haga de la convivencia un gran monstruo
Esto es lo que usted no debe olvidar a la hora de convivir con alguien:
1Todo lo bueno y lo malo que usted tenga, se va a notar en la convivencia. Recuerde que el otro será un espejo que le mostrará esas cualidades y defectos todo el tiempo.
2No hay personas iguales, con gustos iguales. Vienen de culturas diferentes, modelos educativos, padres diferentes. Se requiere un proceso de acople, que puede durar alrededor de un año.
3La convivencia tiene que ver con la negociación, con ceder, con tener una actitud en donde se medie tanto para hacer las cosas, cuándo se van a hacer y de qué manera.
4Las parejas que inician una convivencia no deben dar las cosas por supuestas. No suponga qué le gusta al otro y qué no le gusta. Háblelo.

Tenga en cuenta…
1Cada experiencia es personal. No a todos les favorece ni a todos les perjudica la convivencia prematrimonial.
2Si usted le tiene miedo al compromiso, podría irse a vivir con alguien, casarse y a los pocos meses separarse. No será cuestión de convivencia sino de miedo al matrimonio.
3El éxito de una convivencia prematrimonial depende de la condición de cada una de las partes, de saber qué tan en serio están asumiendo el compromiso y cómo se lo transmiten como pareja.
4Si no hay compromiso, todo terminará mal, sin importar cuál sea el rito que elijan o la metodología de convivencia.

Es bueno saberlo…
Sepa que las cosas no funcionarán perfectas. Existirán los momentos alegres y las discusiones.
Recuerde que no hay personas perfectas. Si está conviviendo con todas para saber si esa no tiene defectos, está desfasándose de la realidad.
No puede esperar a que todo esté bien para decir “ahora sí nos comprometeremos”. Ni las finanzas, ni su profesión en el momento cumbre, ni la alineación de planetas, ni cero problemas, deben ser sus indicaciones para la toma de decisiones.
Acabe con esos miedos de: “y qué tal que no me aguanten” o “yo no resista”. Esto de entrada lo predispone.
Recuerde que las dos partes deben trabajar en pro de una convivencia sana, agradable. Los roces permanentes acaban con una relación. Así que no busque ser quien domina.

Publicado por: PAOLA BERNAL LEÓN

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