Martes 04 de Diciembre de 2018 - 12:01 AM

¿Qué es creer en Dios?

Cada quien tendrá sus razones para creer o no en Dios. Sin embargo, la fe en Él no puede ser una moda o un simple trato de conveniencia. La clave es comprender la realidad que nos rodea y tener la certeza de que se puede ser feliz.

Un lector, quien me aclara que es ateo, me plantea esta pregunta: ¿Qué es creer en Dios y qué efecto real tiene tal fe en la vida cotidiana?

Déjeme primero agradecerle por tan excelente cuestionamiento. Me encanta cuando se ponen en la mesa temas como estos, para reflexionar y debatir.

Los cuestionamientos religiosos han sido un dolor de cabeza de miles de años para filósofos, teólogos, sociólogos y antropólogos, entre muchos otros estudiosos, quienes han trabajado por generaciones para entender por qué la figura de Dios existe en la raza humana.

Si bien hemos nacido y crecido en un contexto católico, por nuestro legado cultural e histórico, esta realidad se podría aplicar a cualquier religión establecida en el mundo; ya sea en Medio Oriente, Asia o África donde se adoran otros dioses. La pregunta más allá de cuestionar si Dios existe o no, es cuál es la necesidad que tenemos de creer en Él y qué significa eso para nosotros.

En mi caso particular tengo que decir que creo en Dios porque he sido testigo de cantidades de milagros, más que porque me hayan inculcado la creencia desde niño. Estas experiencias hicieron que me fuera imposible no creer en los poderes de la oración y de la sanación, pero tengo claro que una cosa es la idea de Dios, otra mi vida religiosa y otra completamente diferente mi vida espiritual, ya que cada concepto es distinto.

La idea de un Dios está encaminada a creer en una figura superior que mantiene el orden de todo, que puede verse presentada en cualquier divinidad conocida en el mundo.

La idea de religión es la adopción de ideas, estilos y hábitos de vida que respondan a una doctrina en específico; y la idea de espiritualidad, que es mi favorita, es la de saber mantener un equilibrio entre pensamientos, emociones y acciones.

¿Por qué es mi favorita? Porque ésta no necesita obligatoriamente la creencia en un Dios, o ser seguidor de una religión, para funcionar a la perfección y dar bienestar a la vida de cualquier persona. Somos espirituales por naturaleza, por el simple hecho de tener la capacidad de sentir emociones y que ellas establezcan cómo nos percibimos a nosotros mismos y a los demás.

Hay personas muy religiosas que tienen graves problemas emocionales y sus vidas son un caos, así como sus relaciones interpersonales. Como también hay personas no creyentes que tienen una buena dimensión espiritual, donde establecen emociones positivas y tienen una relación sana con los demás.

Con lo anterior nos damos cuenta de que el problema no está en saber si Dios existe o no, sino en entender qué tanto aporta a nuestra vida esa creencia y si nos hará más felices de lo que debemos ser. Desde esa reflexión es que sabremos escoger en qué creer y en qué no, y cómo aplicar esas ideas en pro de mejorar nuestra vida y las de los demás.

Lo que no está bien es ser un hombre infeliz o dejarse dominar por emociones negativas que afecten el rumbo de su vida.

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