lunes 23 de noviembre de 2020 - 12:00 AM

Alimentación: cómo influye en el comportamiento y desarrollo de los niños

Con algunos niños nos pasa con frecuencia, nos preguntamos: ¿qué le pasa? ¿Por qué cambia tanto de comportamiento? Y aunque somos conscientes de que pueden existir muchos factores para que esto pase, poco nos preguntamos si tiene que ver con la alimentación. Expertos le cuentan.
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Los estudios sobre el efecto de los alimentos en la alteración del estado de ánimo y el comportamiento de los niños han tenido resultados mixtos.

Sin embargo, la posibilidad de que una dieta sana y equilibrada pueda marcar una diferencia notable incluso para algunos niños con problemas de comportamiento hace que valga la pena intentarlo.

El primer aspecto en el que centrarse es el contenido nutricional basado en los principios de una dieta equilibrada: garantizar pequeñas comidas frecuentes y saludables, mucha agua, frutas y verduras frescas y una alta ingesta de ácidos grasos esenciales.

También es una buena idea eliminar los alimentos no tan buenos: demasiados procesados, refinados y con alto contenido de azúcar y aditivos.

Expertos le explican qué alimentos marcan la diferencia.

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Foto: Freepik/VANGUARDIA

Así influye la comida

La nutricionista Romina Sánchez, autora del libro Nutrición con sentido, explica cómo afecta el tipo de alimentación que ofrecemos a los niños en su comportamiento:

Irritabilidad y mal humor: el descenso de los niveles de glucosa en la sangre, así como las fluctuaciones bruscas suelen producir ansiedad y cambios súbitos de humor. Entonces, cuando vea a su hijo de mal humor o irritable, antes de preguntarle qué le pasa, pregúntele si tiene hambre. Si nota a su hijo con dificultades para concentrarse o que no recuerda hechos concretos o recientes, pregúntele si comió algún dulce.

Cansancio, dolor, miedo: puede deberse al incremento del ácido láctico. Este es un producto que aparece en el organismo luego de haber hecho una intensa actividad física, el hígado comienza a procesar carbohidratos, la sacarosa y la fructosa, transformándolos en glucosa, también en ácido pirúvico y éste energía. Cuando hay deficiencia de vitamina B, el ácido pirúvico en vez de ser energía para hacer las cosas, se vuelca al torrente sanguíneo como a ácido láctico, produciendo fatiga, cansancio, dolor, miedo irritabilidad y temblores. Para que no suceda esto, debemos proveer a los niños de un aporte de vitamina B suficiente: carnes magras, salvado de avena, pistachos, habichuelas, frijoles, avellanas, sardinas, salmón, nueces, lentejas, garbanzos y germen de trigo.

Frustración y angustia: ya que el hígado es un filtro de desperdicios tóxicos permite la correcta filtración de nutrientes. Cuando éste se ve alterado por niveles de estrés, consumo de alcohol, drogas y medicamentos, los niveles de lactosa se mantienen en el torrente sanguíneo provocando frustración, angustia, irritabilidad y mal humor. Para mejorar esto hay que reducir el consumo de carnes grasas, embutidos, frituras, mantequilla, azúcar, café e incorporar alcachofas, alimentos ricos en vitamina C, cítricos, fresas, kiwi, verduras de hoja verde y también alimentos altos en B12 como carne magra de pollo, levadura de cerveza, algas marinas, cereales enriquecidos, brócoli, coles de Bruselas, coliflor, lentejas, garbanzos, berros y espinacas.

Cambios de humor negativos: el cuerpo indefenso frente a enfermedades genera cambios de humor negativos. Para prevenir esto sería bueno reforzar con probióticos y con lácteos fermentados como yogurt y kéfir y con alimentos ricos en vitamina C, E, A, abundantes en complejo B y en zinc.

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