martes 01 de septiembre de 2009 - 2:29 AM

Así era Bucaramanga cuando nació Vanguardia Liberal

Una es la Bucaramanga de hoy y otra muy diferente la de ese lejano primero de septiembre de 1919, cuando Alejandro Galvis Galvis, un joven doctor en Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Republicana, nacido en Curití, con sólo 28 años, se embarcó en la quijotesca tarea de editar un diario liberal, en una época en que se vivía la hegemonía conservadora que había comenzado en 1886 y se extendió hasta 1930.

El casco urbano de Bucaramanga crecía sin planificación, las casas eran de bahareque, palos y paja, algunas viviendas de tapias y mediaguas, y muy pocas estaban construidas con materiales.

El censo de 1918 mostró que en el casco urbano habitaban 24.919 almas, que bien acomodadas podrían llenar hoy el estadio Alfonso López.

El acueducto de las tres B, burro, barril y bobo, todavía se usaba y los chorros de agua y los baños públicos eran puntos de reunión y encuentro de los bumangueses.

Los únicos barrios reconocidos como tales eran el García Rovira, Mejoras Públicas, San Miguel, Gaitán, Girardot y Chorreras de don Juan, donde estaban ubicadas las chorreras más concurridas.

Los barrios Granada y La Concordia se crearían en 1920, el mismo año en que se dio al servicio el acueducto construido en el Llano de Don Andrés, ubicado precisamente donde quedan hoy en día sus oficinas.

En 1919, apenas 15 días después de que saliera el primer número de Vanguardia Liberal, se establecía en la ciudad el Banco López con la gerencia de Pedro Ogliastri. Ya funcionaban el Banco Dugand y el Banco de La Mutualidad que gerenciaba Víctor Ogliastri. Hoy en día ya no queda ninguno de esos establecimientos, sólo subsiste como recuerdo el barrio Mutualidad, construido por iniciativa del banco del mismo nombre.

Circulaba en la ciudad el Diario de Santander, que era uno más de los que salían a la calle y desaparecían casi sin dejar historia.

Por eso fue que Bartolomé Rugeles, un reconocido comerciante liberal de la época, escribió lo siguiente en su diario personal, en el que con riguroso detalle consignó los hechos más importantes de Bucaramanga entre 1899 y 1938 y que publicaron la Unab, la Academia de Historia de Santander y la Cámara de Comercio de Bucaramanga en 2005, gracias a una recopilación hecha por Aída Martínez Carreño:

Septiembre 1919
Martes 2. La Vanguardia Liberal, Diario y Lecturas Variadas. Salió el primer número el 1º de este mes. Trae un formato grande, por la censura telegráfica que está vigente, no trae información de Bogotá y del resto del país como se promete. ¿Triunfará este segundo Diario como el primer Diario de Santander? Yo creo que el éxito no será el mismo, mientras no desparezca el terror de muchos y muchas católicas que no la leen por miedo a los confesores espirituales'.

Y tenía razón el comerciante en dudar de la subsistencia del naciente diario, pues por cuenta de la hegemonía conservadora, se daban casos como el del 29 de mayo de 1923, cuando la curia de Pamplona les prohibió a los católicos de toda la Diócesis la lectura de los periódicos liberales El Tiempo y el Espectador de Bogotá y Vanguardia Liberal de Bucaramanga.

La historia hoy muestra que Vanguardia Liberal sí triunfó y se convirtió en el primer Diario de Santander, pese a que el terror de los católicos no desapareció en los primeros años, a que el periódico sufrió oscuros tiempos de censura y prohibición y fue objetivo de dos ataques terroristas.


Un sueño que ya tiene 90 años   

Vanguardia Liberal nació de la fusión de dos semanarios, uno de propiedad de Alejandro Galvis Galvis y el otro de Rodolfo Azuero, quienes con el sueño de empezar a circular diariamente, lanzaron el primer número hoy hace 90 años.

Fueron 100 ejemplares de cuatro páginas cada uno, con un precio de 3 centavos. Al final del día, la venta de toda la edición les reportó un ingreso de tres pesos.

La ciudad empezaba una transformación gradual y Vanguardia Liberal crecía con ella. De esa Bucaramanga de la segunda década del siglo pasado queda muy poco.

Muchos no saben que la Plaza Belén es ahora el Parque Santander, que la Plaza Waterloo se convirtió en el Parque Antonia Santos y, mucho menos, que los primeros automóviles empezaron a reemplazar a los tradicionales coches de caballos de la estación de la carrera 15 entre calle 33 y 34, que pastaban en el Puente de la Cochera, dándole paso al transporte público con la estación del Parque Santander, que era conocida como la 2-5-0, su número telefónico.

De esos tiempos las únicas empresas familiares que aún quedan son Vanguardia Liberal, Penagos y Gavassa. Las demás sucumbieron al paso del tiempo y de la modernidad.

Si Bartolomé Rugeles viviera, sabría que este diario sí triunfó como el primer Diario de Santander y hoy, 90 años después, sigue mirando el futuro con el mismo optimismo con que lo hiciera Alejandro Galvis Galvis en 1919.

 

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