lunes 24 de junio de 2019 - 7:32 AM

Castigo físico para los niños: definitivamente no

El castigo físico no es la respuesta: la clave es que usted desarrolle su inteligencia emocional y enseñe lo mismo a su hijo e hija. Una encuesta a los niños, niñas y adolescentes demostró que a ellos tampoco les gusta que les peguen y que prefieren el diálogo.

Supongamos que usted hace algo que le desagrada a su jefe, ya sea porque no está bien hecho o porque no cumple con las expectativas.

Su jefe, entonces, le da una palmada para enseñarle que así no deben ser las cosas.

¿Le parece correcto?

A muy pocas personas, seguramente ninguna de ellas con un sentido de la dignidad, les parecería justificable que un jefe golpeara a su empleado.

Así mismo, los niños tampoco quieren ser golpeados. Y puede que usted piense, como padre o madre, que a veces es necesario, pero en realidad no es así e incluso una persona con apenas siete años lo sabe.

Así lo demostró también un estudio realizado por el Departamento de Psicología de la Universidad de La Sabana y la Alianza por la niñez colombiana que consultó a 928 niños entre seis y 17 años en diferentes regiones del país.

En esta ocasión, por primera vez, se les preguntó a los niños, niñas y adolescentes qué pensaban del castigo físico para corregir sus errores.

Para ellos, el castigo físico no es necesario: se sorprendería al saber que prefieren que usted se siente con ellos y les quite algo que les gusta como una buena estrategia para explicarles en qué consiste su error y qué se espera de ellos.

Este ejemplo del jefe y el empleado fue dado por Gloria Carvalho, secretaria ejecutiva de Alianza por la Niñez, una red integrada por 21 organizaciones nacionales e internacionales comprometidas por los derechos de niñas, niños y adolescentes.

Entre los resultados de la encuesta se encontró que a la pregunta de si se les debería castigar físicamente, el 79% de los niños dijo que no, pero, tristemente, aún el 52% de ellos recibe este tipo de reprimenda por “portarse mal”, algo que Calvalho considera muy subjetivo.

“No sabemos realmente qué implica este concepto para los padres. Probablemente, se trata de que los niños, niñas y adolescentes no responden a sus expectativas”, explica.

“No hacer caso” también es otro de los factores que los niños identifican como las razones que sus padres les da para golpearlos.

Tristeza, rabia, culpa

Sin embargo, lo más impactante que descubre la encuesta son los sentimientos que experimentan los más pequeños tras ser maltratados: tristeza, en el 71% de los casos; seguido de la rabia, la culpa y el odio, un sentimiento que se va haciendo más fuerte a medida que el niño o niña va creciendo.

“Por rangos de edad, el odio que experimentan los niños más pequeñitos es un porcentaje más pequeño, pero si pasamos al grupo de nueve a 11 años encontramos que el 16% de ellos lo experimenta. Y si pasamos al de 12 a 14 años, encontramos que se sube a un 44%”, indica la representante de Alianza por la Niñez,

Y no es odio lo que unos padres que aman a sus hijos quieren despertar en ellos.

¿Cómo educarlos si es no es golpeando, como a muchos padres y madres, en su infancia, aprendieron a hacer?

Los mismos niños y niñas ofrecen sus alternativas: 543 de ellos sugirieron el diálogo, asegurando que con violencia no se solucionan las cosas. Lo siguiente fue quitarles algo y decirles las cosas con cariño.

A veces, cuando los hijos e hijas hacen pataleta en el centro comercial parece imposible no darles una palmada para evitar que lo vuelvan a hacer.

Pero antes de hacerlo, pregúntese cómo fue que llegó a este punto y quizá encuentre que no necesita pegarle, sino establecer límites.

Mitos sobre el castigo físico
Gloria Carvalho, secretaria ejecutiva de Alianza por la Niñez, explica cuáles son los mitos del castigo físico para educar a los niños y niñas y qué sucede en realidad con estas creencias:
1.
“Una palmada los “arregla” a tiempo”: Si en su oficina usted comete un error o hace algo que no está en las expectativas de tus jefes y éste le da una palmada, ¿la cosa funciona?, ¿Se justifica eso? Un niño es una persona que está en un proceso de formación e incorporando toda una serie de aprendizajes en su entorno. Está construyendo valores a partir de lo que ve y de lo que recibe en la interacción con los adultos. Cuando a un niño se le golpea, le estamos dando una experiencia dolorosa y violenta y le estamos diciendo que las cosas se solucionan de esa manera. Ahora, cuando nosotros pensamos cuál es el objetivo que buscamos en los procesos del desarrollo del niño, en su crecimiento como tal, nos respondemos que el objetivo es que los niños tengan control interno de sus emociones, pero eso no se logra con las palmadas ni con los golpes.
Eso se logra con procesos de reflexión para que el niño aprenda no solamente el por qué se está comportando de esa manera, así como también de qué forma está afectando eso a otras personas y cuáles son las alternativas. Apunta también a cuáles son las consecuencias y eso realmente le ayuda a interiorizar los valores de su entorno.
2.
“Mientras no le pegue, todo está bien”: El trato humillante o hacer sentir al niño que no vale, insultarlo o gritarle, genera un efecto muy negativo en la imagen que los niños y las niñas se están construyendo de sí mismos, en la valoración que tienen de sí mismos, va a afectar todo su desarrollo, sus expectativas de vida.
3.
“Un ‘chancletazo’, el mejor psicólogo”:
Las investigaciones que se han realizado, tanto en el campo de la psicología como en otras áreas, han mostrado claramente que el castigo físico, con la palmada siquiera, realmente no produce repercusiones positivas sino que simplemente limita momentáneamente el comportamiento que usted como padre quiere controlar, pero realmente no está educando al niño. Cuando usamos el castigo físico estamos recurriendo a controles externos y ahí estamos fallando porque el niño tiene que aprender a controlar internamente su comportamiento.
4.
“Una palmada no traumatiza a nadie”: Los niños y niñas que han estado sometidos a prácticas de castigo generan un estrés emocional que afecta también el desarrollo de estructuras cerebrales como la cognición, así como su desarrollo moral.
Generacionalmente también se transmite toda una práctica que hace que se naturalicen las violencias y que se diversifiquen con el tiempo.
5.
“A mí me pegaron y no me pasó nada”: Tendríamos que mirar los casos individuales, pero podemos enfocarnos en la sociedad en la que vivimos. Somos una sociedad violenta, hemos naturalizado la violencia. Por otro lado, podemos ver que es posible que una persona no sea tan consciente de los efectos que le pudo generar el castigo físico en su infancia y también que entre las personas existen diferencias que dependen su propia emocionalidad y la relación con los padres.
6.
“Ahora no es les puede educar”: Hay una serie de programas que han realizado distintas organizaciones que trabajan con familias y que ofrecen alternativas y prácticas muy concretas de cómo enfrentar cada situación. Lo que prima es poder acercarse al niño, generar confianza ante cualquier situación y saber por qué muchas veces vemos a un niño lanzar las cosas, saber por qué está reaccionando así realmente.
Lo otro es que con el castigo físico solo se consigue que el niño aprenda a evitar que lo sorprendan o descubran en su error y no a reconocer por qué está mal lo que hace.
estrategias para educar a los niños en inteligencia emocional
La reconocida psicóloga Valeria Sabater ofrece cinco herramientas para educar a los niños y niñas sin maltratarlos:
Inteligencia emocional para controlar su ira: hasta los 18 meses los niños necesitan básicamente el afecto y el cuidado de sus padres, todo ello les aporta la seguridad suficiente para adaptarse en su medio, para explorar y dominar sus miedos. Pero hemos de tener en cuenta que a partir de los 6 meses van a empezar a desarrollar la rabia, de ahí la importancia de saber canalizar sus reacciones y corregir cualquier mala acción.
Enseñar a reconocer las emociones básicas: a partir de los dos años es recomendable iniciar a los niños en el campo del reconocimiento de las emociones, ya que es cuando ellos empiezan a interactuar con los adultos y otros niños de modo más abierto. Podemos realizar varios ejercicios con ellos, como introducirlos en el conocimiento de las emociones básicas: alegría, tristeza, miedo y rabia.
¿Cómo hacerlo? Mediante fotografías de rostros, dibujos, preguntándoles qué les pasa, si están tristes o por qué creen ellos que el otro lo está... Este es un modo perfecto para que aprendan a reconocer sus emociones poco a poco y también las de los demás, y sobre todo, comenzar a desarrollar la habilidad de la empatía.
Nombrar las emociones: a partir de los 5 años sería perfecto que los niños supieran ya dar nombre a las emociones de modo habitual: “estoy enfadado porque no me has llevado al parque”, “estoy contento porque mañana nos vamos de excursión”, “tengo miedo de que cierres la luz porque me dejas solo.”
Enseñar a afrontar las emociones con ejemplos: es habitual que los niños en ocasiones se vean superados por las emociones, como las rabietas que les hacen gritar o golpear cosas. Es necesario que nosotros no reforcemos esas situaciones, una vez haya terminado la rabieta podemos enseñarles, por ejemplo, que antes de gritar o pegar es mejor expresar en voz alta qué les molesta. Que aprendan a expresar sus sentimientos desde bien pequeños.
Desarrollar su empatía: niña abrazando a su madre mostrando inteligencia emocional
Para desarrollar una dimensión tan importante como esta es necesario razonar con ellos continuamente mediante diferentes preguntas: ¿Cómo crees que se siente el abuelo tras lo que le has dicho? ¿Por qué crees que está llorando tu hermana? ¿Crees que papá está hoy contento?
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