jueves 20 de diciembre de 2018 - 3:23 PM

Conozca uno de los pesebres más bonitos de Bucaramanga

Emely Jaimes, ha dedicado ya 17 años de su vida a amar un pesebre gigantesco con movimiento y estaciones de lluvia y nieve que comparte no solo con su familia, también con personajes como gobernadores y gerentes de grandes empresas de la ciudad.

Pensando que era su última Navidad, Giovanni di Pietro, que más tarde fue conocido como San Francisco de Asis, decidió en 1223 que haría algo diferente para estar con los suyos y dar un regalo a sus vecinos de Greccio, un pueblo de Italia.

San Francisco encontró una gruta que le pareció muy similar a la que debió existir en Belén: el lugar donde María dio a luz a Jesús de Nazareth. El lugar pertenecía a un amigo de San Francisco, Juan Velita y entre los dos prepararon todo para hacer un pesebre viviente que todos pudieran observar.

Entre la gente del pueblo escogieron a quienes representaran a María, a José, y a los pastores... ¡e incluso encontraron a un bebé que interpretaría a Jesús! Eso sí, con la condición de que guardaran el secreto.

La noche de Navidad, cuando todas las familias estaban reunidas en sus casas, las campanas de la Iglesia empezaron a tocar: los habitantes de Greccio quisieron saber qué estaba sucediendo… San Francisco los estaba llamando.

Alumbrándose con antorchas, al llegar al lugar quedaron maravillados: María tenía a Jesús en sus brazos, José conversaba con pastores y pastoras que admiraban al niño.

Luego, el sacerdote de la región ofició una misa para celebrar el nacimiento de Jesús.

Afortunadamente, no fue la última Navidad de San Francisco, pero la tradición sí quedó inmersa en cada uno de los pobladores y, con el tiempo, se fue haciendo tan popular en el mundo, que aún permanece para muchos.

Emely Jaimes, por ejemplo, ha dedicado ya 17 años de su vida a amar un pesebre gigantesco con movimiento y estaciones de lluvia y nieve que comparte no solo con su familia, también con personajes como gobernadores y gerentes de grandes empresas de la ciudad y ubicado en Lagos del Cacique. Le toma quince días durante trece horas diarias hacer el pesebre con la ayuda de su esposo José, a quien llaman José El Carpintero.

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