miércoles 13 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

“Dios nos preparó para este renacer”: La historia de Julio y Vicky

Julio Salcedo y Vicky Hinestroza son una pareja de esposos a los cuales la vida les dio una segunda oportunidad. A Julio, dos infartos cerebrales y una pérdida laboral lo llevaron a descubrir un talento inimaginado: la pintura. Y a Vicky, la vida la llevó de ama de casa a emprendedora. La historia de Vicky y Julio es una historia de talentos descubiertos en medio de la dificultad. Y es, también, una de las más grandes historias de amor.
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Vicky dejó que la lluvia la mojara aquella madrugada. Eran los primeros días de noviembre de 2012.

Estaba sentada en la acera frente a la Clínica Carlos Ardila Lulle, sola.

Dentro, en una intensa lucha contra la muerte, estaba Julio, el amor de su vida.

Treinta y cuatro años de casados, tres hijos y ni un solo aniversario sin flores. Ni una sola noche de acostarse enojados.

Julio acababa de sufrir un segundo infarto cerebral en veinticuatro horas.

En medio de la lluvia, Vicky notó cómo su vida había dado un giro inesperado. Y oró.

A las seis de la mañana se enfrentó a una de las decisiones más cruciales de su vida: autorizar la operación de Julio para salvarle la vida. Tenía el cerebro inflamado, estaba en coma. Vicky confió en Dios. Y firmó.

Antes de dejarlo y aunque le señalaron que no la oía, ella le dijo: “Julio, lo estamos esperando. Usted sabe que ha sido el amor de mi vida. Y lo va a ser siempre. No se olvide de que lo estamos esperando”.

El pronóstico era, cuando menos, reservado. Pero Vicky creyó en Dios, en Julio, en sí misma. En que la vida les tenía reservada una oportunidad más, un segundo acto, un renacer a pesar de que los médicos no estaban del todo convencidos de que fuera posible.

Pero lo fue.

Un cambio de vida

Julio sufrió su primer infarto cerebral el 7 de noviembre de 2012.

¿Las causas? Los azares de la vida combinados con las injusticias sociales.

Administrador de empresas, despedido de su trabajo a los 45 años tras haber ocupado un alto cargo ejecutivo, Julio se vio abocado a recibir siempre la misma respuesta tras llevar su hoja de vida: “está sobrecalificado para el trabajo”.

Había conocido a Vicky cuando ambos estaban estudiando: un flechazo instantáneo, un amor resistente al paso del tiempo y a las dificultades económicas que ahora se les vinieron encima.

Vicky cree que el estrés de perder su trabajo y no encontrar otra cosa en qué ocuparse para devengar dinero, llevó al cerebro de Julio al colapso.

Los expertos de Mayo Clinic explican que el infarto cerebral es causado por un proceso de isquemia, durante el cual muere parte de la masa encefálica debido a una carencia duradera en la irrigación sanguínea.

Vicky siempre se dedicó a su casa. Unos cuantos cursos para pasar el tiempo y cuidar de sus hijos y de su esposo ocuparon todo su tiempo durante esta primera parte de su vida.

Poco se imaginaba que esos pasatiempos se convertirían, años después, en la base de su sustento.

Vicky salió esa tarde del 7 de noviembre a la iglesia cristiana a la que ha asistido siempre.

La última conversación que cruzó con Julio fue: “gorda, tranquila, que esto se compone. Dios no desampara a nadie”.

Al regresar, nada parecía fuera de lo común en su esposo. Sus hijos llegaron a casa, charlaron con ellos en la cama y, a pesar de que Julio estaba muy callado, nada les hizo creer que las cosas iban mal.

Más tarde en la noche y pensando que Julio le hacía una de sus acostumbradas bromas, Vicky advirtió que no hubo risas, ni ninguna otra respuesta.

Al intentar levantarse, Julio se desgonzó a un lado de la cama.

Inmediatamente lo llevaron a la clínica y a partir de allí la angustia fue una de las compañeras permanentes de la familia. La otra compañía fue su fe.

La pintura y el amor

Julio sobrevivió a su segundo infarto cerebral. Las oraciones de Vicky, bajo la lluvia, fueron escuchadas.

Tras quince días en la clínica, su esposo estaba de vuelta en casa.

No podía hablar y apenas podía mover su brazo izquierdo. No podía caminar, no podía sentarse. Era, de nuevo, un bebé.

Vicky aprendió, entonces, tanto de derecho como le fue necesario: aprendió a hacer tutelas y así fue así como logró que le asignaran una enfermera.

Estuvo dos días esperando hablar con el rector de la Universidad donde estudiaba su hijo menor, para pedir una oportunidad para continuar con su estudio. Lo logró.

Peleó por la pensión de su esposo mientras Julio aprendía de nuevo a valerse por sí mismo.

El pronóstico había sido que para él no habría más vida que la de un “vegetal”, pero ella estaba empeñada en mostrarles a los médicos que la fe y la voluntad son más fuertes.

Y Julio fue juicioso. Hacía las terapias motivado por sus hijos. Y tras tres años y medio de lucha, la vida les depararía a los dos una nueva sorpresa.

Al país había llegado el pintor mexicano Jorge García. El artista vino a Colombia a dictar unas clases de arte en la Universidad Pontificia Bolivariana. Jorge empezó a ir al grupo bíblico que organiza Vicky. Allí conoció a Julio. Le preguntó si le gustaría aprender a dibujar. ¡Y qué sorpresa! Las habilidades de Julio eran mucho más que eso: se trataba de un verdadero talento.

Julio empezó haciendo líneas y figuras geométricas, como lo haría un niño o niña. Y luego, tan pronto soltó su mano izquierda, lo que vio en el papel fue un dibujo casi perfecto. Algo que cualquier persona no podría hacer, ni siquiera si usara su mano dominante.

Alentado por los buenos comentarios, Julio persistió. Cuando Jorge viajó de regreso al país manito, la maestra Magdalena Díaz asumió la preparación de Julio y este año hizo su primera exposición en la Alianza Francesa, “Trazos Reveladores e Incluyentes”, en compañía de otros artistas del colectivo Crearte.

Un nombre muy apropiado para la historia de vida e inspiración de Julio y Vicky: descubrir un nuevo talento cuando parecía que la vida había llegado casi al final.

Vicky también vivió su propio renacer. De ama de casa pasó a ser una exitosa organizadora de eventos. Todos aquellos cursos de juventud son hoy la base del sustento de su familia.

Ambos apoyados por sus hijos, Néstor Armando, César y Sebastián, y sus nietos Santiago y Emiliano.

El nieto mayor, Santiago, de hecho, es el que más motiva a Julio a alcanzar aquello que aún le hace falta: recuperar el habla. El pequeño le pide que repita las vocales. Julio trata, pero al no poder hacerlo, Santiago lo corrige.

Vicky sonríe. Sí, reconoce, Dios los preparó para el gran renacer de su vida. Y su amor indiscutible sostiene su maravillosa historia.

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