domingo 11 de octubre de 2009 - 10:00 AM

El cementerio está lleno de guapos

No puedo entender por qué algunas personas se la tiran de ‘guapos’ o machos y terminan buscando peleas donde nadie puede imaginar. Jóvenes muertos en riñas callejeras, pasionales, por defender a un amigo, por meterse a intermediar en una discusión.

¿Qué podemos hacer los padres y maestros para inculcar en los muchachos una conciencia clara sobre el valor de la vida? ¿Nos estaremos volviendo indiferentes ante la cultura de la muerte que ha cobrado muchas víctimas?

Soy maestro y estoy aterrado al ver cómo en el cementerio reposan muchos ‘guapos’ que por tirárselas de machos y valientes terminaron con una vida colmada de múltiples oportunidades. Los padres nos debemos preparar para conocer y guiar sabiamente a nuestros hijos no dejándolos caer en el dolor y la violencia.

RESPUESTA

Estimado maestro: duele pensar cómo tantos jóvenes y adultos han terminado su vida de manera trágica luego de formar parte de riñas callejeras que pudieron ser controladas o evitadas.

Muchos de ellos se dejaron influenciar por la mala fe de otros, quienes estimulan este tipo de situaciones, sin que nadie ponga de su parte para frenar esa carrera hacia la muerte.

Comenzaremos una campaña contra la violencia, facilitando la recuperación de valores humanos y sobrenaturales al interior de la familia. Trabajemos como un equipo interdisciplinario con las instituciones educativas donde se forman nuestros hijos. Digamos: ¡Sí a la vida! rechazando la violencia en todas sus manifestaciones.

REFLEXIÓN

Equívoco resulta considerar cobarde a quien por su cordura no agrede. Quien evita la violencia enseña, quien la estimula, destruye, porque carece de conciencia sobre las consecuencias que se derivan por su irracional proceder.

Siendo espectadores de una problemática irrefrenable de violencia intrafamiliar debemos tomar cartas en el asunto, creando las condiciones para estimular la vivencia de principios, valores y virtudes al interior del hogar.

Somos espejo en el cual los hijos se reflejan. Aprendamos a dialogar. Sigamos al pie de la letra el protocolo. Primero: saber escuchar, con atención y sin interrupción. Segundo: comprender, es decir, tener un concepto claro de lo que dice. Tercero: Aceptar o valorar la posición del otro (aunque no estemos de acuerdo). Cuarto: Demostrar respeto como resultado de tal ejercicio y finalmente, opinar o hablar. Así debe ser.

Unamos fuerzas con las instituciones educativas y luchemos sin desfallecer siendo abanderados de tolerancia, prudencia, respeto, paz y amor a nuestro alrededor.

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