domingo 14 de diciembre de 2008 - 10:00 AM

El hombre que sobrevivió a un ‘falso positivo’

En el cielorraso de una finca de Rinconhondo quedaron abandonados el uniforme y las botas pantaneras que vestía Enrique* el día que lo iban a matar y que por misericordia de Dios, según dice, logró sobrevivir para atestiguar sobre un delito de lesa humanidad que agrega un ingrediente nuevo a las denuncias que hasta ahora se tienen sobre los ‘falsos positivos’.

Con el miedo tan presente como el que afirma haber sentido la noche en que se jugó la vida y pudo salvarla, y ansioso de poder, al fin, dormir sin que en la penumbra reaparezcan las escenas escabrosas de 1998, permanece hoy, esperando que la justicia colombiana y también la Divina, lo liberen de la sensación de peligro que lo persigue hace más de tres mil días.
    
La pesadilla empezó cerca al restaurante Loma de Calenturas en Bosconia, cuando Enrique había terminado su jornada minera y le salió al paso un carro al que entró de cabeza impulsado por la fuerza arbitraria de cinco ocupantes armados.

Desde ese momento su destino fue incierto. El carro salió del pueblo y llegó a La Aurora, un corregimiento de Chiriguaná. 'Me dijeron: ‘no vayas a gritar, ni digas nada’. Entonces uno de los que iba en la parte de atrás del carro señaló a un muchacho y afirmó: 'aquel que está allá'. Tenía un uniforme de fútbol y estaba cargando una niñita de meses; se la quitaron, la tiraron al suelo y lo metieron de cabeza al carro', afirma la víctima.

Ya eran dos los desconcertados y asustados que vieron seguir el vehículo hacia Chiriguaná.
Por el camino, Enrique vaticinaba su muerte pero los hombres trataban de tranquilizarlo: 'nosotros no cargamos gente, si te fuéramos a matar, lo hubiéramos hecho allá mismo'.

Al pasar por una finca vieron a un labriego que entró a acompañarlos en el sombrío viaje que para él no tuvo regreso y finalmente hicieron un ‘pare’ en la finca El Silencio, que la población llamaba ‘base’ porque allí el Ejército permanecía por largas temporadas.

'Se pusieron a hablar con el Ejército y a fumar cigarrillos'. Enrique afirma que quienes lo raptaron eran paramilitares.
Dentro del carro, los tres corazones se vistieron de negro al presagiar el final obligado que alguien había marcado para ellos.
'Luego de hablar con el Ejército un camión se llenó de ellos y nos tiraron para los cerros'.

Media hora después llegaron a su último destino. Los bajaron del carro y vistieron con uniformes de un color verde liso y botas pantaneras.
'Ya cuando nos habían uniformado, nos agacharon y dijeron: no se paren de ahí. Yo me impulsé, le ‘metí la mano’ (golpeé) a uno y salí corriendo. Me hicieron tiros en cantidad, yo sentía que me caían en la cabeza y me pasaba la mano y la olía para ver si olía a sangre.

'Rafagadas de tiros me hizo el Ejército (sic). Yo agarré el cerro y ahí metieron el carro alumbrando, pero me tiré en una cuneta. Me les escapé de milagro', explica.
Instantes después, desde la cima de una montaña, 'sentí cuando estaban matando a los muchachos'.

Escondido

Enrique afirma que de camino por la escabrosa y desconocida selva, se subió a la copa de un árbol, desde donde divisó un pueblo y se encaminó hacia esa dirección; en eso lo agarró la madrugada.

Escuchó el canto de los gallos y pudo ver a los campesinos en las labores de ordeño. Sintió alivio y miedo. No sabía de quién desconfiar pero se arriesgó a contar su tragedia; 'los de la finca dijeron que esos eran los paramilitares y que habían oído las descargas como si fuera un combate'.

Esa madrugada, mientras un viejo ‘radio rural’ dejaba escuchar los avances noticiosos que daban cuenta de fuertes combates del Ejército con la guerrilla en la ‘base’ de El Silencio, Enrique sintió helicópteros sobrevolando y otra vez el pánico le destrozó los nervios.

'Le pedí al muchacho que me auxilió y que me había dado ropa, que me mostrara la subida al cielorraso y ahí me escondí'.
Al medio día bajó y un trabajador de la finca lo transportó en un pequeño Renault hasta un cruce cercano a Chiriguaná, de donde se fue ‘a dedo’ a la finca de su suegra.

Llegó maltratado por la larga caminata, con los pies hinchados, buscando una cama no para acostarse sino para meterse debajo, lejos de sus victimarios.
A su suegra le dijo que se había caído de la moto y le pidió que no le contara a nadie de su presencia.

Desde su escondite escuchó llegar a su cuñado llorando con una noticia que lo desestabilizó aún más: 'mamá, a Enrique lo mataron... sí, lo mataron pero no consiguen el cuerpo. A él se lo llevaron ayer a las seis de la tarde con otros dos que ya aparecieron muertos'.

Un muerto más

Lo que sigue en este relato es un fragmento que diez años después le sigue arrancando lágrimas a Enrique. No se puede contener al recordar el vía crucis que vivió su familia creyéndolo muerto, tampoco cuando narra que en su travesía se encontró a un hombre que le contó sobre cinco ‘tipos’ que se llevaron a tres hombres que habían matado por guerrilleros y, mucho menos, cuando insistían en que uno de los cuerpos no aparecía.

Se entristece al recordar que cuando llegó a la sede del CTI en Chiriguaná no le creyeron que fuera él, Enrique, el muerto. Dice que fue necesario entregar detalles de lo sucedido.

Cuatro días después de haberse salvado de la muerte, esta víctima de un ‘falso positivo’ denunció el caso en Chiriguaná, de donde, vestido como agente del CTI, dice que lo trasladaron a Valledupar.

Sin embargo, ahí no acabó su tortura porque en este trayecto alguien lo vio y les llevó la noticia a su padre y hermanas, quienes de luto viajaron a buscarlo a la Fiscalía en Valledupar.

'Nos echamos a llorar. Mi papá me dijo: usted tiene que irse conmigo, no siga este proceso porque lo matan'. Y pudo más el sentimiento que le produjo el duelo de su familia.

Así fue que el ‘muerto’ apareció en sus ‘nueve noches’.
'Ahí sí me presenté. Todos mis hermanos daban gritos, me abrazaron y yo me apresuré a quitar el Santo y las sábanas. El velorio se volvió un parrandón', dice.

Esa fue la primera vez que Enrique se mostró abiertamente desde su ‘muerte’, pero no estaba tranquilo. Tenía una corazonada y por eso salió hacia Barranquilla huyendo de un fantasma que se materializó a las seis de la mañana, cuando hombres armados llegaron en tres motos buscándolo en la casa del ‘parrandón’.

Insistieron

Tras varios meses en Barranquilla, Enrique se atrevió a regresar al Cesar y llegó a Chimila, corregimiento de El Copey.

'Yo andaba arisco. Estaba en un restaurante y una de las meseras me dijo: 'ahí está un carro preguntando por el de la moto'. Cuando  iba a ver quién era me dijo otro muchacho: 'esos son los paramilitares'; entonces corrí y me volé por atrás; cogí monte y pasé por varias fincas hasta llegar a Bosconia', dice.

Enrique no tuvo más remedio que poner tierra de por medio. Tomó un bus rumbo a Medellín, donde vivió por varios años incomunicado de su familia para protegerla.

Hace poco Enrique regresó al Cesar. Ya se puso en contacto con la dirección de Fiscalías y también le entregó retratos hablados de los hombres que se lo llevaron a una fiscal de Barranquilla, donde afirma haber denunciado su caso, mientras huía de sus verdugos.  


*Nombre cambiando para proteger a la fuente.
Registros enla Fiscalía

Pese a que Enrique asegura que su caso fue denunciado ante la Fiscalía en Valledupar y Barranquilla, los registros no se han encontrado. Según Franklin Martínez, director de Fiscalías en el Cesar, esto no significa que no se haya hecho la denuncia, pues la tarea de encontrar dicho registro no ha sido posible, tal vez, a que en 1998 la información se manejaba en forma manual, por lo que encontrar un registro constituye una labor larga y dispendiosa. 

Publicado por
Lea también
Publicidad
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad