domingo 10 de mayo de 2009 - 10:00 AM

El ‘peso’ de los maestros

La muerte de la profesora Sonia López* en abril de 2008, en circunstancias que aún no están muy claras, fue un duro golpe para Luisa*, una de sus compañeras de trabajo en un colegio de la Mesa de Los Santos.

Ambas enseñaban inglés, pero también compartían una situación que no era alentadora. Cuando Sonia despareció, las dos permanecían incapacitadas porque habían desarrollado patologías que afectaban su salud mental.

Luisa llegó trasladada de Málaga a la Mesa de Los Santos, donde Sonia trabajaba desde hace 15 años y afirma que a las continuas discusiones con las directivas por la excesiva carga académica y porque manejaban grupos de hasta 45 niños, se sumó la gran frustración de ver que no prosperaba un proyecto para montar el laboratorio de idiomas.

Al principio, Sonia pensó en pedir un traslado, pero comenzó a enfermarse. Luisa ya lo estaba. El diagnóstico para las dos fue Trastorno Afectivo Bipolar, TAB. Las internaron en tiempos diferentes en una clínica de salud mental y fueron medicadas.

Luisa dice que nunca había tenido un tratamiento psiquiátrico, hasta que ingresó al concurso de meritocracia.

Les producía ansiedad desde saber que no tenían un salón o que permanecían encharcados, hasta pensar que podían perder el trabajo, -'que si sobraba un profesor o no…'- lo que desató una verdadera guerra entre unos y otros.

Luisa fue la primera en ser recluida, pero como Sonia tuvo que hacerse cargo de la totalidad del colegio, no tardó en caer en un estado depresino. Estuvo interna en dos ocasiones.

Lo último que Luisa supo de su compañera fue que asistió al colegio, se despidió y luego desapareció. Su cuerpo fue encontrado tres días después en una cascada que ella conocía muy bien porque era Caminante, vía a Zapatoca y aún se desconoce si se trató de un suicidio.

Luisa no regresó al colegio pero continuó su labor docente en otro, ubicado en Piedecuesta. Sin embargo, hace tan sólo unas semanas, fue nuevamente incapacitada por ser blanco de amenazas con panfletos firmados por las Auc.

Mauricio Martínez, docente que lleva 18 años de ejercicio, afirma que lo que prendió las alarmas en la región, fue la muerte de la maestra de la Mesa de Los Santos. 'Conocíamos casos pero ninguno había traspasado el umbral de la vida y la muerte', dice.

Por eso, al interior del Magisterio se empezó a hablar de crear un observatorio de salud ocupacional con énfasis en salud mental de carácter regional, que luego de un año de trabajo se ha consolidado con el apoyo de una pedagoga, un psicólogo comunitario, un abogado y un trabajador social.

Los abusos

Cristina Obregón es pedagoga y su trabajo se centra en el tema de los derechos humanos y las condiciones laborales. Ella hace parte del Observatorio y afirma que el acoso laboral, el estrés y los problemas de salud mental, son producto del abuso de la productividad humana.

'Eso sucede en todo el mundo, pero en países como el nuestro, donde las políticas se aplican bajo el sentido obligante, generan mucho más conflicto, y en el tema de la educación, los maestros asumen una cantidad de responsabilidades que socialmente estaban distribuidas de otra manera', explica la pedagoga.

La lista es larga. Los estudiantes no están siendo acompañados en su familia, los recursos para el sector de la educación disminuyen, los maestros no tienen ayudas didácticas eficientes y hay hacinamiento (hasta 42 niños en un solo salón). A esto se suma el conflicto social que se respira alrededor de la escuela.

¿Quién tiene que resolverlo? El maestro. ¿Por qué? La pedagoga afirma que hace 20 años todavía se hablaba de familias. Hoy, esto es muy difícil. Tampoco se puede hablar de comunidades. 'Los niños no tienen referentes. Van a la escuela con toda su frustración a chocar con otras 40 incertidumbres y frustraciones'.

El  maestro, quiéralo o no, recoge toda esa situación.
A esto se suman un sinnúmero de frustraciones. 'Lo primero que siente un maestro cuando llega a un salón y sólo tiene un tablero y una tiza, es frustración. Los niños asisten a la escuela con hambre y no tienen ni para comprar una cartilla, eso también frustra', añade.

Por su parte, Edgar Rubio, especialista en psicología social comunitaria, afirma que históricamente el Magisterio ha sido un gremio numeroso y por eso mismo, poderoso. Pero eso ha ido cambiando con las actuales normas.

Así que al problema de la aceptación de las nuevas políticas educativas se unen los ataques de los estudiantes y padres de familia.

'El maestro gozaba de un prestigio que hoy en día está menoscabado. Eso también lleva a la frustración', dice.

En un estudio que realizó la Universidad de los Andes en 2005, con un grupo de 562 docentes del sector público de Bogotá, se encontró que el 67.9% coincidieron en que las difíciles condiciones de la población estudiantil y la puesta en marcha del Decreto 230 de 2003 (promoción automática de los alumnos, entre otras), 'no favorecen su bienestar psicosocial'.

Otro estudio hecho en Medellín también con docentes oficiales, halló que el 67% de los docentes presenta agotamiento emocional alto, medio alto y medio bajo.
Pero esta problemática no es exclusiva de Colombia, donde el tema hasta ahora empieza a considerarse.

Estudios realizados en países europeos durante los últimos diez años, establecieron que, por ejemplo en Austria, las depresiones, los trastornos nerviosos y de concentración, representan los problemas cotidianos que sufren la mayor parte de los maestros.

En Francia, los estudios arrojaron como resultado que un 60% de los educadores que solicitaban cambiarse de puesto de trabajo presentaban síntomas psíquicos, y en Inglaterra se encontró que existe gran relación entre el estrés que presentan los profesores y el abandono de la carrera docente.

Más realidades

Consuelo* lleva 36 años siendo docente, básicamente en las áreas de español y literatura. En los últimos años ha sido víctima de dos situaciones al interior de planteles educativos que han terminado por mandarla a una clínica de salud mental.

Ella trabajaba en un colegio popular que se había creado para reunir a estudiantes de un sector de Floridablanca con problemas de disciplina, con comportamientos de hurto, de uso de psicoactivos, de pobreza, etc.

Estaba feliz. Era tal su entusiasmo con el proyecto, que ganó un concurso  en el Convenio Andrés Bello, gracias a una investigación de grupos juveniles en Bucaramanga.

Sin embargo, al colegio llegó una directora que a su parecer no tenía mayores conocimientos de pedagogía y ahí empezaron las presiones.
'Yo opté por desconocerla. Planteé un proyecto de aula con apoyo de otros profesores y padres de familia', cuenta.

Vinieron los memorandos y aunque Consuelo consideraba que su labor la estaba cumpliendo a  carta cabal, el acoso no tardó en afectarla.
La situación estalló cuando la rectora no dejó que un grupo de estudiantes saliera del colegio para asistir a una charla con un escritor en el marco de la Semana de las Letras en la UIS.

Ese día Consuelo estalló en un llanto incontrolable, al punto que tuvo que ser llevada a una clínica donde la inyectaron para poder calmarla.
Como sucedió con Lucía, esta docente tampoco regresó al colegio, pero logró que la trasladaran a otro donde se encontró con que a la mayoría de compañeros no les interesaban los proyectos pedagógicos.

Fue sometida en un mismo año a cambio de funciones, de salones, a rotar. Dice que sus compañeros faltaban continuamente al trabajo y hasta tuvo que soportar que las mismas directivas intentaran indisponerla con los padres de familia. Se resistió, pero al final fue internada nuevamente.

'Uno sabe que está trabajando en una sociedad donde la ética se ha roto, que se enfrenta al uso de medios de comunicación sin control, de falsos valores, pero cuando se le añaden situaciones perversas, en contravía de lo que uno quiere hacer, eso desemboca en incapacidades', dice .
 
En general, explica la pedagoga Cristina Obregón, muchas de los trabajadores que ven debilitada su salud mental, son personas con elevada capacidad creadora, productivas, con un conjunto de valores firmes y radicales en su moralidad, frente a su responsabilidad social.

'Se resisten a la mediocridad, a la competencia desleal, al maltrato, a aceptar cambios hostigantes, no son indiferentes a que los trasteen de un lado a otro y por eso sufren', añade.

* Nombres cambiados.

Las amenazas

Son otro tipo de poder que están utilizando los estudiantes para que el profesor no les exija en su rendimiento académico. O por lo menos eso es lo que presume las directivas educativas.

Este año, en un colegio de Piedecuesta amenazaron inicialmente a una profesora del área de sociales, pero finalmente la situación no trascendió.
Luego vino una arremetida en Piedecuesta de panfletos que coincidió con una llamada telefónica a la misma institución, donde desconocidos le pidieron a la secretaria que les dictara el nombre de cinco docentes.

Posteriormente hubo una amenaza escrita en una entrega de boletines. El panfleto fue colocado en toda la entrada del colegio.

SOLUCIONES DE FONDO

'El Ministerio de Educación reconoce el problema de la salud mental en los maestros, pero no lo ha tomado en serio', afirma la pedagoga Cristina Obregón.
A nivel local, la Secretaría de Educación invierte dinero para formación a través de talleres, por ejemplo, en la aceptación de duelo. 'Nos están diciendo que es posible que perdamos el empleo', afirma.

Para la pedagoga, las soluciones que se están dando no apuntan a la raíz del problema y el futuro será entonces más maestros enfermos, más incapacidades, y en el mejor de los casos, maestros dopados. 'No necesitamos gente controlada mentalmente, dormida, sino maestros creativos, despiertos', afirma.

Los integrantes del Observatorio del Magisterio coinciden en afirmar que la solución por medio de terapias para la aceptación del despido laboral y superación de los duelos, no apunta a la raíz. 'El Gobierno debe pensar en la salud mental del maestro como un problema latente y no como si se tratara de situaciones episódicas', dice Mauricio Martínez, directiva del sindicato de trabajadores del sector educativo de Santander.

Gustavo Rodríguez, Secretario(e) de Educación de Santander afirmó que no sólo los docentes están sufriendo trastornos en la salud mental y que esta es una situación a todo nivel, que siempre se ha dado. 'Lo que la Secretaría busca es que la entidad prestadora de salud les garantice buenos servicios médicos y de tratamiento, y de acuerdo a sus competencias y posibilidades orienta a los rectores de las instituciones educativas'.

Luis Alfredo Núñez, Coordinador Médico de Avanzar, entidad prestadora del servicio de la salud a cerca del 80 por ciento de los maestros en Santander, dice que no se puede concluir que el gremio de los maestros es el más afectado por trastornos en su salud mental, 'habría que hacer un estudio, pero sí ha aumentado en índices generales la patología mental'. 

 

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