lunes 12 de septiembre de 2016 - 10:31 AM

El regreso de las parteras

La partería nunca ha desaparecido, pero un movimiento que propende por el derecho de las mujeres a escoger con quién dar a luz y al parto humanizado la trajo de vuelta a la luz pública.

Albi Nelly tuvo su primera hija a los 14 años. La gente le decía que el parto era muy peligroso, que tenía que ir a la clínica.

Albi fue, pero la experiencia la dejó sin ganas de volver: cuenta que a la bebé le pusieron una especie de “chupas” para extraerla. Corría 1975 y es muy posible que lo que los médicos usaran en su momento fueran unos elementos llamados ventosas obstétricas: unas copas plásticas suaves que se acoplan a la cabeza del bebé y un mango para succionarlo hasta sacarlo del vientre. Albi Nelly no iba a volver a ninguna clínica.

A sus otras tres hijas las recibieron dos parteras del barrio Álvarez, en Bucaramanga, donde vivió gran parte de su vida. Esta redacción buscó a las dos parteras que la atendieron, pero lastimosamente ambas ya fallecieron. Doña Leo, con la que mejor le fue, murió hace dos años. Con la otra tuvo una experiencia más complicada.

Para 1976, Albi Nelly estaba a punto de dar a luz a su segunda hija. No alcanzó a llegar a la clínica, ni a casa de doña Leo, a quien le habían recomendado. Encontraron, entonces, a una partera que la atendió con afecto, pero un error al cerrar el cordón umbilical de la bebé le produjo a la pequeña una hemorragia. Solucionado el problema a tiempo, Albi Nelly acudió en 1979 a casa de doña Leo para dar a luz a su tercera hija. Y en 1983 a la cuarta.

Doña Leo era una enfermera obstetra quien, a sus 50 años, había recibido ya incontables bebés. Las hijas menores de Albi hoy son mujeres sanas. No era extraño que en aquella época las enfermeras obstetras realizaran también labor de partería.

Liliana Castro Morato, sicóloga, educadora y promotora de salud mental infantil y parentalidad Consciente, “doula”  y acompañante perinatal, afirma: “muchos años después del nacimiento de mi primer hijo reconocí y di nombre a la violencia obstétrica de la que fui víctima”.

Explica que, además, encontró que su historia familiar estaba íntimamente relacionada con la partería. Estas revelaciones la impulsaron a trabajar por la promoción de un parto más humanizado y por la regulación de este oficio tradicional en Colombia, un tema que, entretejido con otros artes y disciplinas, ha traído de vuelta a la luz pública a las parteras en el mundo: no solo a las tradicionales, sino a las mujeres profesionales que quieren prepararse para apoyar a otras mujeres a dar a luz. La artista santandereana Adriana Ordoñez es una de estas.

Profesión: partera

Adriana es hoy doula, guardiana del nacimiento y aprendiz de partera, educadora somática y acompañante de crianza. Narró qué la motivó a promover el parto natural.

“Mi primera hija nació por cesárea innecesaria, con mucha violencia y protocolos obsoletos. Mi segunda hija nació en un parto natural, vaginal, respetado, en agua, sin anestesia. Parir es la experiencia más transformadora, enriquecedora de mi vida y que repetiría totalmente, y advierto, mi umbral del dolor es muy bajo, pero el parto es mucho más”, señala Adriana y explica que en Colombia existen dos tipos de partería: las parteras tradicionales y las actuales. Las primeras son indígenas, afrocolombianas o parteras rurales que han trasmitido de forma oral el conocimiento en la partería tradicional como parte de un bien inmaterial de la nación. Liceth Quiñones Sánchez, directora de la Asociación de Parteras Unidas del Pácífico, e hija de Rosinda Quiñones, partera líder del movimiento, adelanta hoy una lucha para que la partería sea reconocida. Este mes se presentarán ante el Consejo Nacional de Patrimonio.

“Si lo logramos, la partería en Colombia sería patrimonio cultural e inmaterial y nos daría la oportunidad de legitimar las acciones de partería como sistemas de salud propios”. Las parteras reconocen los riesgos, pero estas mujeres ya han recibido capacitación de la OMS para fomentar las buenas prácticas.

Entre las parteras actuales se cuentan las mujeres que no pertenecen a estas culturas, pero que aprenden herramientas de partería tradicional y, por supuesto, también existe la partería profesional, que son personas que han estudiado en centros de formación en países como Estados Unidos, Brasil, Ecuador, Puerto Rico y Holanda.

“Las parteras profesionales en Colombia usualmente estudian fuera del país y regresan al país a trabajar”, explica Adriana Ordoñez, quien también incluye entre las parteras profesionales a las enfermeras obstétricas, “que han dirigido su trabajo hacia un modelo de atención actualizado con la evidencia científica y que han integrado conocimientos de atención desde la partería”.

Por casualidad, la hermana de Liliana es también una enfermera que trabaja en obstetricia. Liliana se decidió por la Sicología, pero fue luego de empezar a estudiar sobre el parto humanizado y la partería que descubrió la relación que existía en su familia con esta opción para dar a luz: su abuela había sido partera.

“Llegué a este camino como una mujer muy domesticada por la educación, pero la maternidad me enfrenta a unos nuevos retos, en mi caso, un niño que a los 6 años ya estaba ‘siquiatrizado’ por un supuesto Trastorno de Déficit de Atención por Hiperactividad... Empecé a cuestionarme y a revisar por qué. La gestación no fue deseada, hubo mucha violencia en el embarazo, en el momento del parto y el nacimiento de mi hijo. Durante la terapia con unos profesionales de España, en 2006, reconozco la violencia obstétrica en mi primera experiencia maternal y las heridas o huellas primales que había dejado en mí como mujer, en la salud mental propia y en la calidad del vínculo entre mi bebé y yo”.

Liliana empezó a formarse como doula de embarazo y parto y como consejera en lactancia materna. “En ese encuentro me voy convirtiendo en activista, porque me doy cuenta de que una cosa es atender a la persona y empoderarla, pero el sistema en sí mismo no permite ejercer ese empoderamiento”, dice Lilliana.
Los opositores

Una de las oposiciones más fuertes a esta corriente de partos en casa ha venido de los médicos. La Federación Colombiana de Ginecobstetricia, por ejemplo, muestra sus reservas sobre el tema.

Jimmy Castañeda, médico cirujano y especialista en Ginecología y Obstetricia e integrante de la federación explica: “actualmente hay una corriente que está promoviendo manejar el parto en casa en ciudades como Bogotá y con personas que no hacen parte de etnias ni de comunidades. Nosotros consideramos que eso es inseguro. Primero, porque quienes hacen el procedimiento no son personas profesionales, no han ido a la universidad a estudiar esto. Son personas que tienen otro tipo de profesión”.

Sin embargo, no demeritan el parto en casa “cuando se maneja de forma adecuada. Por ejemplo, en Francia, Reino Unido y en España el parto en casa es una opción de las pacientes de bajo riesgo, las que son de alto riesgo seguramente no, pero la estructura del sistema de salud lo tiene previsto, las personas que hacen parte son trabajadoras del sistema de salud, hay protocolos y un acceso cercano a una institución en caso de complicaciones”, indica Castañeda. La posición de la federación, señala el médico, es que el parto humanizado es una obligación del sistema, pero bien entendido.

Según la OMS, el parto humanizado significa que las mujeres tienen el derecho a tener una vivencia del parto, una experiencia de vida que sea significativa y recordada con agrado.

Liliana Castro está de acuerdo en que es importante tener en cuenta las responsabilidades legales y civiles del tema del parto en casa y humanizado. “Si una mujer quiere tener a su hijo en su casa lo puede tener, no hay nada en contra, pero si pasa una muerte materno perinatal hay responsabilidades civiles y penales, entonces la pregunta es quién las asume. ¿La madre?, ¿la partera?.. Desde mi posición, como representante de la fundación y personal, lo importante es que las mujeres estén bien informadas. Y que las personas que las rodeen, los que ofrezcan los servicios de parto humanizado garanticen la vida de la madre y de su hijo”.

Desde la organización que integra, Camino Claro, Liliana busca que el parto en casa y la partería encuentren una legitimidad dentro del sistema. “Nuestro abordaje como fundación y también en mi campo profesional está en humanizar el hacer institucional. Las parteras se están haciendo nuevamente visibles y se propende por un regreso de la partería ya profesional. La idea es que las mujeres se sientan protagonistas de su propio cuerpo ”.

Ese derecho fue el que ejercició Susana Jaramillo al tener a sus dos hijos. “Teníamos unos amigos que estaban preparándose para tener su bebé en la casa. Por ellos nos enteramos y empezamos a hacer todo el proceso de preparación: clases de yoga prenatal, curso sicoprofiláctico, todos los ejercicios”, señala Susana. A su primer hijo lo tuvo en Bogotá, en un lugar donde ofrecían atender el parto en casa y en agua.

“Estaba muy bien montado, con parteras y una muy buena preparación. Así nació mi primer hijo. No alcanzó a nacer en piscina porque fue muy rápido”, explica Susana. Para su segundo hijo, Susana sintió la presión de tenerlo en una clínica, pero como todo iba bien, buscó a un médico y a la partera que la atendió en el primer embarazo y decidió que tendría a su nuevo bebé en casa. “No quería llegar a la clínica y que los médicos tomaran decisiones por mí”.
Las parteras no se han ido nunca. Hicieron su labor en silencio, hasta que el empoderamiento las trajo de vuelta.

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