domingo 02 de noviembre de 2008 - 10:00 AM

En las entrañas de un niño 'villano'

Marina se enteró de la muerte de su hijo menor, Óscar*, mientras estaba en la cárcel.

Durante cinco años permaneció en el Centro de Resocialización de Mujeres de Chimitá, condenada por el delito de concierto para delinquir.

Ya había firmado su orden de libertad y sólo esperaba que se hiciera efectiva para que estuviera de nuevo en su casa.
Le urgía volver.

Su hijo Óscar recién salía de Hogares Claret, donde estuvo detenido por asalto a mano armada y participación en un tiroteo contra la Policía, en el norte de la ciudad.

En este suceso falleció una niña de 8 años. La culpa recayó sobre Óscar.
Su hijo, su 'bebé' como ella lo llama aún, era apodado 'el terror del norte'.
Y ella quería salvarlo de la mala suerte que parecía perseguir a la familia.

Dos años antes, Marina perdió a sus dos hijos mayores, también en forma violenta.
Una de sus hijas, abandonó su casa para huir de la violencia que azotaba a la familia.
Había sufrido en el 2006 un atentado contra su vida. Era una de las testigos de la muerte de otro de sus hermanos.
A su esposo lo asesinaron también, por motivos desconocidos.

'Usualmente, los jóvenes que degeneran en una espiral de violencia, son hijos de esta misma, porque han sido testigos de muertes o delitos dentro de su propia familia', señala Augusto Sánchez Lizarazu, sociólogo especialista en investigación social de la Universidad Nacional.    
Óscar, después de salir de la correccional, le prometió a su mamá que se alejaría de la delincuencia.
Para empezar una nueva vida, convivía con su hermana.

Marina lo instó a tomar esta decisión: 'Si usted va a seguir en esos pasos, yo me hago trasladar, bebé'.
Sin embargo, una habitante del barrio Esperanza I tiene otra versión.
'Él  se fue porque aquí lo estaban buscando; había matado a otro tipo cuando salió de la correccional y se la tenían sentenciada'.
La mujer prefirió mantener oculta su identidad.

Antes de salvarse de la suerte que corrieron sus hermanos, o de intentarlo, al menos, fue asesinado.
A Óscar le dispararon el 28 de junio de este año por dos sujetos que le dispararon desde una moto.
Murió en el acto.

Después de la cárcel

Cuando Marina recibió la noticia en la cárcel, no lo podía creer: perdía ya a su tercer hijo.

'El muchacho que me mató a Raúl* me visitó un día en la cárcel y me pidió que lo perdonara, que no me quería matar a mi hijo, que a él le habían dado un revólver, una muda de ropa y quinientos mil pesos para que lo matara, pero nunca me quiso decir por qué', asegura Marina.

Hace 20 días ella salió de la cárcel. Es una mujer delgada y menuda.

Durante algunos meses después de la muerte de su hijo menor, no paraba de llorar de manera histérica.  

Ya en su casa, recrea lo sucedido una y otra vez. No se niega a su responsabilidad. 'Desde que yo cometí mi error, desde que yo caí en la cárcel, la vida de mis hijos se destruyó', dice.

Pasa los días con sus nietos y una de sus hijas y asiste a un curso de Fome.
'Lo único que yo quiero saber es por qué me mataron a mis hijos, por qué me los acabaron a todos'.
    
El comienzo

Con Marina en la cárcel, Raúl se convirtió en el 'hombre' de la casa.
'Él se ganó un respeto muy grande con todos en la casa, hasta con los compañeros de mis hijas', cuenta.

Era un joven serio, de pocas palabras. Su hermana dice que no consumía drogas, que no bebía ni cometía delitos.  
Incluso antes de morir, se comprometió con su mamá para pintar su casa. 'Me la iba a pintar bien poporra'.

Una mujer que les vendió ropa escogida por catálogo durante una década, asegura que era muy buen cliente y que si se atrasaba con sus cuotas, daba la cara.
'Él me decía ‘Mita, yo le pago la otra semana’ y trabajaba duro en zapatería para tener sus cositas'.
Los tres hermanos trabajaron en una zapatería del ex compañero de Marina.

'Sólo Óscar tuvo un problema una vez. Me contó que el jefe no le pagaba la quincena y que se iba a ir a pelear con él. Le dije que no lo hiciera, que yo hablaba con él'.

Ella asegura que Óscar no tenía un temperamento violento.
Su afición, desde niño, fueron las aves. Aunque refunfuñaba, obedecía a su hermano mayor.

'Él a veces me decía ‘mamá, yo le pegué a Óscar porque él se va por ahí a pajarear y llega tarde’. Entonces yo llamaba ‘qué pasa mano’'.
Cuando el trabajo como zapatero escaseaba, Raúl cargaba canastos en la plaza o se ocupaba como ayudante de construcción. Los fines de semana Edgar acudía a las minitecas que se organizaban en un local de San Andresito La Rosita. Le fascinaba la música.

Aunque estos eventos fueron conocidos por la violencia de los participantes, la hermana asegura que  nunca tuvo problemas en la miniteca.
A los tres hermanos les gustaba el fútbol y a pesar de las dificultades económicas, les gustaba  vestirse según la moda: cadenas de fantasía, anillos, gorra y usaban la ropa una talla más grande.

La mujer que le vendía ropa asegura que 'en estos barrios vestirse bien, usar zapatos bonitos, ponerse cadena, genera la envidia de los demás'.  
Según la mujer, esa podría ser la razón del asesinato. Ella también sufrió la muerte de su hijo por celos de sus amigos.

'Estaba parado en la cancha, estaba hablando conmigo por teléfono. Tan pronto colgamos lo mataron. Le estaba comprando un pantalón a una muchacha. Estaba volteadito de espalda, sin camisa, en una bermuda, cuando el tipo le disparó en la cabeza'.
La mujer presenció el asesinato de su hermano mayor e identificó al asesino.

'Ella siguió a ‘Luisao’ –el asesino-  hasta más arriba de la cancha, por eso fue que unos días después, él la buscó y le hizo dos tiros que le pasaron rozando la cabeza'.

Pero se salvó y huyó del barrio. Óscar se quedó.
Jesús Rodríguez, ‘Luisao’, fue capturado después acusado de otro delito y asesinado una vez estuvo libre.
Raúl murió a los 18 años. Óscar tenía 16.

Después su muerte, Agustín, el mayor delos tres, manifestó su depresión, mientras que Óscar se sentía perdido, obsesionado con la muerte de su hermano.
'Pero ellos nunca hablaron de tomar venganza, nunca', asegura Marina.

Tim


La primera muerte sucedió el 18 de diciembre de 2005. Menos de un año después fue asesinado Agustín: el 30 de octubre de 2006.

Agustín, según el relato de su hermana, de la mujer que le vendía ropa y de Luz Marina, tenía un temperamento tranquilo.

Agustín había tenido un amor, pero en el momento de su muerte estaba solo. Su situación económica era complicada. En general, la de toda la familia lo era.
'Óscar me decía ‘mamá, pobres nacimos y pobres vamos a morir’. Cuando mataron a su hermano, él le perdió el interés a seguir estudiando, le perdió interés a todo, cuenta Marina.

'A Agustín dicen que me lo mataron Las Águilas Negras ahí en la plaza. Se estaba tomando un salpicón y unos buñuelos'.

Nadie en la familia instauró una demanda. Tampoco las autoridades iniciaron una investigación.

Según la oficina de prensa de la Fiscalía General de la Nación, los casos de estos jóvenes no aparecen en los sistemas de información del organismo judicial.
Los asesinatos sucedieron a pleno día en lugares públicos.

La otra cara

Una versión extraoficial de un agente de policía que patrulla la zona norte de la ciudad, asegura que antes de su muerte, Óscar 'ya se había cargado a dos'.
El prontuario era extenso y complicado.

En febrero de 2007 fue acusado de disparar contra una niña de ocho años en medio de un intercambio de balas. Pero su familia asegura que no tenía armas.
En marzo 6 de ese mismo año, Óscar fue capturado mientras atracaba a un taxista.

'El arma era de juguete. Él y un amigo se subieron y amenazaron al taxista, pero éste llamó a la Policía', señala la hermana del joven.
Óscar fue internado en Hogares Claret. Tenía 16 años. El 30 de agosto se fugó.

'Mi hija me llamó y me dijo ‘mamá, imagínese que Óscar está aquí en la casa’. Él me decía que estaba aburrido porque no lo dejaban venir a visitarme con frecuencia. Yo lo regañé y le pedí que por favor no me decepcionara'.

Once días después fue recapturado. Purgó su condena en Hogares Claret y el 1 de junio firmó un pacto con las autoridades en el cual se comprometió a dejar de delinquir.

Un mes después, lo mataron. Tampoco se supo quién fue.

'¿Por qué va a quedar impune la muerte de mis hijos?'.
Ella fue padre y madre para sus hijos. A los siete meses del nacimiento del primero de sus hijos, José la abandonó y el padre de Óscar estaba en la cárcel en el momento en que nació.

Con el tiempo volvería a verlo. Sostuvo una buena relación con él.

Ninguno tenía novia. A ninguno lo habían amenazado jamás, según su familia.

Marina espera alguna pista que le indique por qué sus errores se convirtieron en una marca fatal para su familia.
Lo único que le queda son las fotos de sus tres hijos, que tiene colgadas por toda la casa.     

*Nombres cambiados.

Publicado por
Lea también
Publicidad
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad