viernes 03 de abril de 2009 - 10:00 AM

Estás que te vas y te vas…

Muchas personas se despiden, dicen que se irán de la casa, que no vuelven así les rueguen, pero nada, siguen en el mismo lugar sin que se les mueva un pelo, con un discurso que su pareja o sus papás ya saben de memoria y que ha perdido toda la credibilidad posible.

Este es el caso de las personas que amenazan constantemente con dejar la casa, con decir que se perderán del mapa, que se irán en el momento menos esperado y que ya no habrá vuelta atrás.

Pero lo cierto es que eso tan sólo se queda en una frase incrédula, porque más de una vez la han visto hacer la maleta y deshacerla.

¿Qué pasa cuando este comportamiento ya se convierte en un hábito o en una mala costumbre para enfrentar los problemas?
Los expertos le dicen cuándo la persona está armando realmente la maleta, cuándo tiene la disposición y habla en serio de no soportar más la situación o cuándo todo es un juego para llenar de temor a los demás.

¡Me voy, terminamos!

Este es otro caso frecuente. Las parejas que constantemente amenazan a sus novios con la particular frase 'terminamos, me voy'. Esta situación constante genera un  vacío, sobre todo cuando la amenaza llega en situaciones no tan graves.

Si la pareja atraviesa sólo un trance, es aún más delicado. Los expertos explicaron que esto genera dolor, intranquilidad, un nivel de autoestima bajo y culpa.

Me voy para donde mis papás

En ocasiones muchas amenazas se ejecutan y los hijos o las hijas vuelven a su hogar paterno después de haber consolidado una relación.
La psicóloga Zulma Castañeda explicó que el papel de los padres es el de no aceptar ese ingreso, no intervenir en las relaciones de los hijos y ser prudente ante la situación.

'No se debe estar a favor o en contra del uno y del otro, no deben alimentar este tipo de situaciones porque sólo frenan el ajuste matrimonial. Lo mejor es conversar con el hijo o la hija y no extender la crisis', explicó la profesional.

preguntas y respuestas
Paola Rodríguez / Psicóloga Profamilia Neiva


¿Qué pasa cuando las personas amenazan con irse pero no lo hacen hasta el punto de convertirlo en una frase de cajón?
Hay dos cosas. El primero es un temor impresionante a estar en su vida sin esas personas. Y la otra tiene que ver con la dependencia de carácter afectivo que muchas veces está relacionada con la dependencia económica. Cuando afectivamente la persona está sana, es decir, no tiene heridas abiertas, pueden tomar esas decisiones sin dudarlo tanto y lo hacen. Son las personas que lo dicen y lo hacen, pero cuando una persona necesita de su pareja, de sus hijos, para tomar decisiones, les cuesta trabajo irse y alejarse.

¿Detrás de esa amenaza qué esperan? Está el deseo pero no tienen la capacidad de hacerlo. Por otro lado quieren medir o saber hasta qué punto les hará falta o las otras personas las necesitarán. Tratan de poder medir si dicen me voy y la otra persona las retiene, le piden que se quede con ella o con él. Esto definitivamente se convierte en un chantaje emocional, porque quien manifiesta esta situación quiere saber hasta dónde va con él o con ella, que le rueguen o que le digan si se va a ir pues váyase.

¿Qué hacer con esas personas, cómo abordarlas? Lo primero es identificar su historia, saber qué fue lo que ocurrió y le ha generado un dolor. Muchas veces la situación viene desde la niñez. Se necesita asumir ese dolor para que no sigan apareciendo ese tipo de necesidades afectivas, ya sea a partir de un terapeuta o de una guía espiritual. Al hacer esto la persona se siente restaurada, tiene la capacidad de sentirse consigo misma, de estar con una persona sin sentir dependencia y sin estar amenazando con irse.

Zulma Castañeda / Psicóloga

¿Qué se esconde detrás de la amenaza ‘me voy de la casa’? Entre ellas una dependencia afectiva y una falsa creencia de ser amado y aceptado, deseado, imprescindible para el otro. La persona tiene la idea falsa de que el otro o la otra lo necesitan tanto  como él a ella, o ella a él.

La dependencia, esa necesidad de permanecer ahí, se esconde en esa amenaza conciente de que no lo  va a hacer. La otra razón es el autoengaño. Se piensa que el otro va a tomar medidas para retener a la persona, que está tan enamorado y si juega con eso va a lograr una aceptación.
¿Qué camino se debe seguir como pareja? ¿Confrontar la situación, quedarse callado, usar la indiferencia? Es importante dejar el precedente que no sólo el que amenaza con irse es el problema sino ambos. Algo está fallando.

Incluso la frase ‘me voy de la casa’ ya es un indicio de esa crisis de la pareja. Que eso ocurra en los primeros doce meses de matrimonio es normal, pero que se lleven dos años, cinco años queriéndose ir de la casa y manifestándole a la pareja, es señal de que no se ha madurado la relación. Más que la pareja, cada uno debe empezar a mirar con qué frecuencia se está diciendo lo mismo, con que asiduidad se están  presentando los conflictos en la pareja, qué estoy y qué no estoy aportando.  La cantidad de conflictos semanales, la motivación ante la vida, el trato con la pareja, inclusive el mismo gusto con la vida, es de cuestionarse.

Errores que están dentro de esa maleta lista


Dentro de esa maleta que arma y desarma cada rato, hay mucho más que objetos personales y deseo de irse. En ese acto queda el dolor en los otros integrantes de la familia, la angustia, la culpa en los hijos.

Los expertos explicaron que en el caso de los hijos se crea un desequilibrio, aparece la incertidumbre y viven pensando cuándo llegará el día en que su padre o su madre se vayan. La psicóloga Paola Rodríguez explicó que 'los hijos siempre sentirán que están perdiendo algo importante, les generará llanto, rabia, rebeldía, depresiones y hasta pensamientos suicidas. Muchas veces se da el maltrato psicológico y los hijos llevan también esos problemas al colegio, no rinden académicamente, se les dificulta relacionarse con otras personas'.

La psicóloga Zulma Castañeda explicó que la mejor recomendación para los hijos es no intervenir en los asuntos de los padres. 'Ellos tienen roles de hijos, pero no de esposos o papás. No pueden terminar diciéndole al papá que se vaya porque maltrata a la mamá o decirle a la mamá lo mismo', agregó.  Más que recomendación para los hijos, el llamado fue hacia los padres, para que cumplan su rol de proteger como adultos a los chicos y no exponerlos a este tipo de situaciones. 

 

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