martes 05 de febrero de 2019 - 10:18 AM

“Estoy gorda, me visto divino y no me voy a esconder”

Adriana Convers no solo es la mujer detrás de Fat Pandora, el blog de moda que nació hace casi 7 años con el fin de mostrar que las mujeres de talla grande también pueden hablar sobre tendencias y consumirlas, sino una santandereana de pura cepa, de carácter fuerte, cuya resistencia es vestirse bien y confrontar a una industria donde las flacas han sido protagonistas.

Desde que sentada en el piso, entre hilos, figurines y telas, observaba a su mamá hacerle sus vestidos de niña y se deleitaba viendo como su papá, de ascendencia francesa, combinaba rayas con cuadros, cuidada cada detalle de su vestuario y lucía impecable de pies a cabeza, Adriana Convers supo que su vida y la moda irían de la mano.

Luego, desafiando todas las reglas y estereotipos sobre el cuerpo femenino que imponen la sociedad y la industria de la moda, decidió que por nada del mundo su destino iba a ser vestirse siempre de negro por tener unos kilos de más y no solo demostró que las mujeres de tallas grandes pueden seguir tendencias y usar colores y estampados, sino que entró a la industria como una de las mejores blogueras de moda.

A sus 30 años, esta mercadóloga y publicista bumanguesa, especializada en Comunicación de la Moda, se ha convertido en una guía de moda para todas las mujeres a través de su blog Fat Pandora y de redes sociales como Instagram, donde tiene más de 54 mil seguidores.

Hasta finales del año pasado fue la editora de moda de la revista Caras, fue también editora web de Infashion y escribió sobre moda para las revistas Esquire y Tú. Ha sido protagonista de varias campañas publicitarias para marcas como Fallabella, Dove y Netflix y a partir del 25 de abril estará disponible en el mercado editorial su libro sobre empoderamiento y lucha femenina, un sueño en el que ha puesto todo su corazón.

¿Cómo Adriana Convers se convierte en Fat Pandora?

La idea comenzó como un trabajo de universidad. Nos pidieron abrir un blog para subir trabajos, pero el cuento me quedó gustando. Yo estaba pasando por un momento de frustraciones con mi cuerpo y me sentía invisible para el mercado de la moda en Colombia. Había aprendido sobre el tema y había resuelto mi problema comprando por internet y fuera del país, pero no todas podían hacer lo mismo, así que me pareció chévere poder convertirme en una voz líder que les dijera a los fabricantes del país que hay mujeres jóvenes, de talla grande, ávidas de tendencias y de seguir la moda; y a las mujeres, que todas esa reglas que nos han enseñado se pueden romper y que la vida es muy corta para usar solo negro.

Hoy no solo es referencia para mujeres plus size, sino para muchas mujeres del país...

Sí, es increíble. Yo quería probarle a la gente que las gordas también consumimos moda. Con el tiempo me empezaron a escribir mujeres de todas las tallas y me di cuenta que todas tenemos muchos problemas para encontrar ropa, no solo las gordas, y eso se debe a la mezcla genética tan especial y maravillosa que tenemos. Aquí llega mucho tallaje europeo, y entonces las mujeres se acomplejan, se frustran y se vuelve una pesadilla comprar ropa. Juntas hemos aprendido que si no hay espacio para nosotras, nos lo inventamos.

“Estoy gorda, me visto divino y no me voy a esconder”

¿Por qué Fat Pandora?

Yo quería que el blog tuviera la palabra gorda por algún lado, porque primero quería que la gente supiera que yo ya sabía que era gorda y que no necesitaba que me lo estuvieran diciendo porque ya estaba enterada del tema. Que no le tenía miedo, ni me avergonzaba, que esa palabra me describía pero no me definía. Por otro lado, siempre me ha gustado la mitología griega y el mito de la caja de Pandora. Cuando abrí el blog estaba frustrada, me negaba a aceptar que mi destino era vestirme de negro toda la vida y quería revelarme y no obedecer a las supuestas reglas de la moda. Eso hizo Pandora, desobedeció.

¿Por qué tanto miedo a la palabra gorda y cómo perderlo?

Desde chiquitas se nos ha enseñado que ser gordo está mal, que es un pecado, crecimos escuchando frases tan violentas como “ella me cae gorda”, “tiene cara linda, pero lástima lo gordita” y muchas más. Tuve que pasar por muchas cosas personales para darme cuenta que tenía que desarmar la palabra. Si yo le quitaba todo lo negativo a la palabra, la gente ya no podía ofenderme.

¿A qué se enfrentan las mujeres de talla grande en el país?

Al odio y a la crítica constante. A no encontrar ropa linda en los almacenes, a los comentarios como “aquí no hay ropa para ti”. No puedo decir que la moda para mujeres plus size hoy en día es la misma que hace 8 años porque no es así; sin embargo, hay resistencia por parte de muchas marcas colombianas de incluir tallas grandes por miedo a que la ropa se les quede o porque sencillamente no están interesados en hacerlo.

¿Cómo cambiar ese chip?

Primero, haciendo parte de la resistencia, no querer ser invisibles, no querer siempre estar de negro. Yo soy gorda y me pongo rayas, flores, estampados y si no te gusta no me mires. No nos podemos esconder porque no respondemos a los estándares de la sociedad. Es importante cambiar ciertas maneras de pensar que están haciendo mucho daño a la sociedad.

¿Cómo cuáles?

El tema es que ser gordo en la sociedad es sinónimo de ser perezoso, dejado, descuidado y nos crían para rechazar eso. Los delgados, inconscientemente, transmiten sacrificio y trabajo duro. En cambio, odiar al gordo esta bien porque así se va a cansar y se va a esforzar por adelgazar y lo va a lograr y ya todo va a estar bien y todos van a aplaudirlo. También hay gente a la que le duele que uno sea gordo y no se esté dando palo o victimizándose y por eso atacan. Eso tiene que cambiar.

¿Cómo logró ascender en el mundo de la moda, quizás uno de los espacios más estereotipados?

Primero, gracias a la Academia. Yo sabía que tenía que prepararme, no era hablar por hablar, se trataba de entender por qué la moda es importante y por qué permea tantos sectores como el cultural, económico y político del mundo. Eso me dio credibilidad. Y el blog, que me permitió darme a conocer en el medio. Eso me abrió puertas y me permitió demostrar que no solo las flacas pueden hablar sobre moda y tendencias.

“Estoy gorda, me visto divino y no me voy a esconder”

¿Cómo maneja los comentarios sobre la apología a la gordura?

Yo siempre digo que yo no hago apología a la gordura, porque es una mentira decir que es lo máximo ser gordo y que qué boleta ser flaco. Cada persona es dueña de su cuerpo y tiene el derecho de gobernar sobre él como quiera. Yo soy una persona saludable, con problemas con la tiroides por culpa de todos los procesos y dietas que uno hace por querer cumplir estándares, pero sana y tratando de serlo más.

Ahora, uno no se preocupa por la salud de una persona extraña. Uno se preocupa por la salud de los papás, hijos, familia. Hay que dejar de creer que ser delgado es sinónimo de salud y ser gordo de enfermedad.

¿Qué tan feminista es Adriana?

Yo soy muy feminista desde niña y se lo debo a mi papá, quien en vez de muñecas me daba libros, rompecabezas y me ponía a estudiar. No me gusta hablar de feminismo todo el tiempo porque la gente no entiende bien la palabra, pero sí siento que es un deber de todas serlo, porque tenemos una deuda moral con todas esas mujeres del pasado que lucharon, murieron y la dieron toda para que nosotras hoy en día gocemos de privilegios que a veces damos por sentado. Mi manera de resistir y de no callarme es la moda.

LA REGLA DE LOS TRES MINUTOS

Hay una regla que yo aplico y que todos deberíamos aplicar y se llama la regla de los tres minutos. Si te encuentras en la calle a una persona y le quieres hacer un comentario sobre su apariencia física piensa si esa persona puede cambiar o arreglar lo que tu le dices en tres minutos. Por ejemplo, si me encuentro en la calle con una conocida o amiga y tiene labial en los dientes, ¿ella podría arreglarlo en 3 minutos? Sí, entonces díselo. Si te encuentras a alguien y ha bajado o subido mucho de peso, ¿puede cambiarlo en 3 minutos? No, entonces quédate callado. Hay que aprender a filtrar lo que decimos porque no todas mis opiniones tienen que ser escuchadas por los demás. Tenemos el poder, con nuestras palabras, de dañar el día de alguien o de hacérselo divino.

Hay una regla que yo aplico y que todos deberíamos aplicar y se llama la regla de los tres minutos. Si te encuentras en la calle a una persona y le quieres hacer un comentario sobre su apariencia física piensa si esa persona puede cambiar o arreglar lo que tú le dices en tres minutos. Por ejemplo, si me encuentro en la calle con una conocida o amiga y tiene labial en los dientes, ¿ella podría arreglarlo en 3 minutos? Sí, entonces díselo. Si te encuentras a alguien y ha bajado o subido mucho de peso, ¿puede cambiarlo en 3 minutos? No, entonces quédate callado. Hay que aprender a filtrar lo que decimos porque no todas mis opiniones tienen que ser escuchadas por los demás. Tenemos el poder, con nuestras palabras, de dañar el día de alguien o de hacérselo divino.

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